Bishop volvió con sus clásicas baladas

Mauro Apicella
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29 de agosto de 2001  

Presentación del cantante, compositor y guitarrista Stephen Bishop. Unica presentación en Buenos Aires. El sábado, en el salón San Telmo del hotel Sheraton.

Nuestra opinión: regular.

La situación se puede dar en un pub que los fines de semana presenta un show un vivo. Ese tipo de lugares donde después de la medianoche no es raro que suba al escenario un cantante con su guitarra, dispuesto a revivir baladas clásicas de las décadas del setenta y del ochenta junto a un público integrado por parejas y grupos de amigos con edad suficiente para disparar los mecanismos de la nostalgia.

El repertorio podría contener temas como "On and on", "It might be you", la canción de la película "Tootsie" y, como cierre, "Little Italy", para que la audiencia siga con palmas y coros.

La situación podría ser ésta, pero no lo es. Porque quien sube al escenario no es un cantante desconocido, sino el experimentado Stephen Bishop, autor de todos esos clásicos.

La comparación de una escena de pub (también podría ser de café concert) con este recital surge sólo porque Bishop toma el papel de un músico que apela a los temas que el público quiere escuchar; y porque, como esos cantantes que suben cada fin de semana al mismo lugar, este norteamericano nacido en San Diego llegó por cuarta vez a la Argentina (y la tercera en los últimos tres años y medio) casi con la misma propuesta. Sin mayores novedades que tres o cuatro temas nuevos que integrarán su próximo álbum.

Entre los estrenos hay canciones lentas que mantienen el estilo que lo hizo famoso y "Un baile del corazón" (la que da título a su nueva placa), con ciertos toques latinos.

Buen humor y recuerdos

El resto del show vuelve sobre lo que ya se escuchó y se vio de Bishop por estas pampas en los últimos años. El extraño aparatito Q-cord que utiliza para "Hello", esas canciones ideales para una reunión de amigos cuando pinta la nostalgia y su magnífico buen humor, que puede terminar en certeros remates o en intentos de parodias a algunos célebres colegas. No se priva de bromear con la manera de cantar de los Bee Gees, Neil Young, Supertrump, Julio Iglesias o Bob Dylan, entre otras figuras.

Bishop elige actuar solo, con su guitarra y una voz que no ha perdido claridad y nitidez después de tantos años de carrera. Con eso le alcanza. Además, sabe que el público responderá a sus temas más difundidos (aunque en este show lo haga con bastante timidez). Por eso regala hitos como "On and on" o "Separate lives", con arreglos vocales muy similares a los de la versión que popularizó Phil Collins, y un par de piezas que se apoyan en pistas grabadas y restan calidez y calidad artística a su propuesta.

Los mejores momentos llegan cuando Bishop sobrepasa los límites de la evocación, cuando aporta los mejores matices que puede darle a su garganta. Así aparecen joyas como "Walking on air" y "Parked cars", medio escondidas entre aquellas que el público espera escuchar.

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