
Buenas canciones para la inmensa minoría
La banda catalana Love of Lesbian compartió con el público porteño los temas de su disco El poeta Halley
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Hablar de rock indie cuando en la transacción participa una compañía discográfica multinacional de las más importantes del mundo es un insulto a la inteligencia de cualquier lector. Hablar de rock indie para definir una estética tan amplia como variopinta es algo demasiado difuso. A fin de cuentas, el oído no pregunta si es independiente o dependiente. Gusta o no gusta. Durante la última década hay una parte del rock y el pop (más allá de si es o no indie) que llega desde la península ibérica. Gusta en esta pampas. Y mucho. No pinta para públicos masivos, pero sí fieles.
Algunos casos sirven de muestra. Nacho Vegas se ha convertido en un músico casi de culto, para un público selecto. Vetusta Morla quizás aspiraba a escenarios más grandes de los que ha conseguido en todas sus visitas, pero lo que no pueden negar sus músicos es la pasión de las audiencias que los recibieron en cada una de sus visitas a La Trastienda. Anoche fue el turno de Love of Lesbian, banda que el año próximo cumplirá dos décadas y que se renueva tanto en sus discos como en sus públicos.
La próxima semana llegará a Buenos Aires León Benavente, grupo en ascenso que alista a varios músicos que pasaron por el proyecto de Vegas (aunque esto es sólo una referencia, no un mérito especial). El martes el cuarteto estará sobre el escenario de Niceto, ese mismo que anoche conquistó, en muy buena ley, Love of Lesbian.
"Vosotros estáis locos", decía el cantante Santi Balmes luego de casi dos horas y media de un concierto impecable, a todos esos fans que conocían sus temas de principio a fin. Y el guitarrista Julián Saldarriaga no salía del asombro al comprobar que en el pogo frente al escenario participaban tanto hombres como mujeres.
Será porque la sonoridad de la banda hace que el oído memore un poco el pop-rock de los ochenta; será porque suenan tan españoles (en lo amplio del gentilicio) siendo músicos específicamente catalanes; o será porque, simplemente, tienen canciones bellas. Alguno de esos motivos o la mezcla de los tres despertó esas pasiones del público que llegó al pogo. Que disfrutó cada tema como si fuera el último y que no quiso que la banda dejara el escenario aunque hubieran pasado dos horas y media de concierto y tuvieran que dejar la sala porque en pocos minutos comenzaría otro espectáculo.
De ese saldo positivo queda un concierto que pasó por distintos momentos. Fue de la apertura con canciones del último disco El poeta Halley ("Cuando no me ves", "Bajo el volcán") al homenaje de "Los seres únicos" (para Leonard Cohen, Prince y David Bowie). De la intimidad de temas propios como "1999" (ese que le dio título al álbum que la banda publicó en 2009) a una joya muy bien elegida de la cantera de Antonio Vega, "Lucha de gigantes". De la euforia de "Incendios de nieve y calor" al toque bolichero que adquiere "Belice". De una deseada pero sorpresiva (al mismo tiempo) interacción entre una veintena de buenas canciones con esa "inmensa minoría" (esa era la descripción de Santi Balmes) que fue a escucharlos por primera vez, pero parecía conocerlos de toda la vida.
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