
Caetano Veloso, siempre igual, siempre distinto
"Noites do Norte", espectáculo musical a cargo de Caetano Veloso (voz, guitarra), acompañado por Jaques Morelenbaum (cello, bajo y dirección musical), Davi Moraes (guitarra y bandolim), Pedro Sa (bajo y guitarra), Cesinha (batería), Marcio Vitor, Josino Eduardo, Eduardo Josino y André Junior (percusión). Escenario: Helio Eichbauer. Luces: Maneco Quinderé. Espectáculo presentado por Alfiz Producciones. Dirección general: Caetano Veloso. Teatro Gran Rex.
Nuestra opinión: muy bueno.
La estruendosa ovación que saluda la salida de Caetano Veloso al escenario del Gran Rex es como la certificación del respeto, la admiración y el cariño que el bahiano se ha ganado en buena ley a lo largo de más de treinta años de brillante trayectoria y que se mantiene inalterable tanto aquí como ante públicos de muy diversa condición. Pero no se trata del aplauso anticipado al artista que ha de complacernos otra vez con las canciones suyas que guardamos en el corazón, sino de una especie de voto de confianza, de carta blanca para que su talento poético y musical elija el modo de expresarse.
Podría decirse que, a diferencia de tantos otros ídolos de la música popular, de Caetano se espera la sorpresa, la renovación, el cambio de rumbo, incluso la vía experimental. No es de los que se estacionan en lugar seguro: prefiere el cambio, aun el riesgo.
Por eso, después de una etapa en que jugó con la mezcla de los tambores callejeros de Bahía y el espíritu del cool jazz ("Livro") y habiéndose entregado largamente -y con qué éxito- al puro placer de cantar en "Fina estampa", ahora lanza otra apuesta, de la que dio algunos indicios su último CD, "Noites do Norte".
Pero aunque el show lleve ese mismo título está lejos de ser la clásica presentación en vivo calculada para apoyar el lanzamiento comercial. Baste con decir que el programa sólo incluye cinco de los temas de ese álbum y casi ninguno de ellos reproduce fielmente la versión grabada.
No obstante, el tema de la esclavitud -o mejor: la cultura negra en general- impone al show uno de sus rasgos distintivos, y tiene su soporte más potente en la determinante contribución del grupo de percusionistas.
El otro rasgo, igualmente decisivo, está en la voluntad experimental, evidenciada en el trabajo de las guitarras eléctricas, en las tensiones que se establecen entre los distintos sectores de la formación instrumental, en la alteración o la superposición de los ritmos, en el acoplamiento entre voces e instrumentos, en las armonías vocales, algunas de ellas tan brillantes como las que se oyen en "Zera a Reza", el afro-reggae que es uno de los momentos más brillantes del CD y, en su versión renovada, también del show.
Animo experimental
Seguramente, Caetano -con la ayuda decisiva de su director musical, Jaques Morelenbaum, claro- ha buscado una nueva sonoridad, más eléctrica, aunque sin descuidar el énfasis percusivo.
El camino es quizá menos innovador que el que lo había llevado a combinar parches bahianos y cool jazz, pero abre perspectivas interesantes, sobre todo cuando desemboca en temas -recientes o antiguos, propios o ajenos- que por sus características se ajustan a ese tratamiento.
Sucede con "Sou mulato, "Noites do Norte" y "13 de maio", que abren el show e inician el sector dedicado a la esclavitud; con dos viejos hits remozados, "Gente" y "Tigresa"; con la bellísima "Cajuina", que incluye un solo memorable de Morelenbaum.
También, obviamente, con los temas de estirpe rockera: los raps "Haití" y "Lingua", la pujante "Rock´n´Raul", dedicada a Raul Seixas y concebida en una clave que parece cruza de homenaje y parodia, o la recuperada "Tropicalia", aquel collage de símbolos e imágenes con los que hace muchos años Caetano trazó una síntesis crítica de la realidad brasileña y terminó por dar nombre al movimiento que él encabezaba con Gilberto Gil y Tom Zé.
En algunos casos, el ímpetu rítmico parece ir contra el espíritu de la canción, como en el viejo "Samba de verão", de los hermanos Valle, o en "Caminhos cruzados", de Jobim y Newton Mendonça; en otros, como "Menino de Rio", obtiene en cambio interesantes climas al combinarse con la voz y la guitarra de Caetano. Y si bien en muchos momentos la potencia sonora ofusca el brillo de la voz del bahiano e impide descifrar las letras (en más de un caso, valor sustancial de la canción), él se encarga de imponer una pausa de vez en cuando para exponer su delicadeza expresiva, su fluidez y su musicalidad en los infaltables momentos intimistas de voz y guitarra.
No sería un show de Caetano si no los hubiera, y la gente los festeja con encendido entusiasmo: en ellos caben "Araçá azul", "Leãozinho", el ahora muy significativo "Manhatã" y, en especial, "Angelitos negros", con la que vuelve a producirse en la sala ese silencio milagroso y perfecto que logra con la sola magia de un hilo de voz.
En lo visual, el espectáculo es de un refinamiento y un rigor ejemplares, no por la abundancia de efectos sino por la inteligencia con que el manejo de la luz acierta con el clima que mejor conviene a cada momento del show. Lo demás lo pone Caetano, con su presencia ligera y juvenil, y el admirable grupo de percusionistas cuya simpática exaltación es casi un espectáculo aparte.
¿Cuándo cobrará?
- Veloso tendría que esperar para cobrar los cinco espectáculos que hará en Buenos Aires, por las nuevas medidas económicas. El productor de los espectáculos, Martín Alfiz, dijo que como todavía no están hechas las normas para casos como éstos, el cachet quedará por ahora en el país, depositado en un banco.
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