
Dan Auerbach produjo a la banda en su cuarto disco y la ayudó a reencontrarse con su sonido aventurero
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Brad Shultz, el guitarrista de Cage the Elephant, todavía parece avergonzado de la noche en la que le pidió a Dan Auerbach que trabajara con su banda, que teloneó a Black Keys el año pasado. "Yo estaba onda: ‘¡Dejame que te muestre unos temas! ¡Tenemos que hacer unos temas juntos!’", dice Shultz. "Lo típico: estaba borrachísimo."
Cage the Elephant atravesó un período traumático en la época de la nominación para los Grammy de 2013 por Melophobia, con peleas duras. Ni Shultz ni nadie en la banda esperaba que Melophobia, un disco que conjugaba sonidos de garage-rock de los 60, punk-rock de los 70 y alt-rock de los 80, con nuevas y extrañas formas, pudiera ser el último trabajo de Cage the Elephant y el que los enemistara definitivamente. Pero eso fue casi lo que terminó ocurriendo y los conflictos del grupo provocaron la salida del guitarrista Lincoln Parish. "El último disco fue un infierno", dice ahora Shultz. "Estábamos atravesando mucha agitación."
Dan Auerbach aceptó producir en Nashville el cuarto álbum de Cage the Elephant, Tell Me I’m Pretty (sale el 18 de este mes), y le aportó a la banda un nuevo comienzo y un nuevo sonido. En el estudio, muchas veces Auerbach les pasaba a los integrantes de Cage the Elephant discos de afrobeat o de garage-rock. "Era para sacarnos de lo cómodo", dice el cantante, Matthew Shultz. Auerbach, que participó él mismo en el disco tocando guitarras y teclados, también puso el acento en las voces de las primeras tomas. "Yo decía: ‘¡Pero esperá! ¡Creo que esa nota está mal!’", recuerda Shultz. "Pero finalmente quedaba."
Reflejando ese abordaje –al igual que el paseo de Brad por las bandas de los 60, como Zombies y Tommy James–, Tell Me I’m Pretty recuerda a todo, desde el bubblegum pop psicodélico hasta, no casualmente, los Black Keys. Más allá de todas las dificultades del grupo, Brad siente que Cage the Elephant emergió sana y unificada luego de terminar el disco en apenas tres semanas y media.
"A veces necesitás pasar por una inmensa cantidad de estrés para llevar a cabo las cosas", dice Shultz. "Este disco nos hizo ser de nuevo esos chicos de Bowling Green, nuestro pueblo natal."
Por David Browne
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