
Canciones a prueba de lluvia
Recital de La Renga , integrada por Chizzo, en guitarra y voz; Tete, en bajo; Tanque, enbatería; Chiflo y Manu, en vientos y armónica. El sábado, en el estadio de River Plate.
Nuestra opinión: muy bueno
No son las cincuenta mil personas que convocaron en el estadio de River el sábado lo que marca el lugar que ocupa La Renga dentro del rock argentino. Son sus canciones, su apuesta, el camino (ese al costado del mundo) que han elegido transitar.
Si algo sorprendió en este show, entonces, fue la lista de temas. Y, otra vez, no por la cantidad. En una entrevista, Chizzo, un tanto bromeando, había dicho que en la búsqueda de rescatar temas iba a terminar siendo un "recital de lados B". No fue así. La Renga tiene canciones a prueba del tiempo. Muchas. Y así quedó demostrado en las más de treinta composiciones que presentaron durante más de tres horas. Una lista que logró la emoción de sus seguidores al reconocer viejos y nuevos temas y que no permitió que el show decayera en ningún momento -a pesar de la lluvia-, apoyado en la implacable precisión de los golpes de batería de Tanque, la guitarra y la voz de Chizzo, y Tete yendo y viniendo, incansable, de una punta a la otra del escenario, o siendo elevado en una plataforma, sin dejar de marcar con su bajo, la justa puntuación de los temas.
Apertura con estreno
Fue con un estreno con el que eligieron comenzar. Tras las imágenes en pantalla de una suerte de golem que pugna por nacer, la música arrancó con "Detonador de sueños", uno de los tres temas nuevos contenidos en el simple "Documento único". Al encenderse el escenario se pudo ver la escenografía, que nuevamente estuvo a la altura de la ocasión -y de la intro-. Esta vez, es una cara que pugna por salir, desde el fondo, mientras las manos se adelantan desde los costados del escenario. A diferencia del show de Huracán, donde todo caía, aquí parece tratarse de lo que vendrá.
Con ese marco de promesa, de allí en más, La Renga no paró. La banda demostró que su manera de hacer, esa máquina de rock en la que se han convertido, no apela a las innovaciones, pero sí a volverse cada vez más contundentes, más ajustados. Las horas de ensayo se aprecian y hacen que los temas, sin ser radicalmente alterados, encuentren nuevos aires que las vuelven actuales.
Así, "Moscas verdes para el charlatán", de su primer disco, vino precedida de una larga introducción, mientras que el ya clásico "La balada del diablo y la muerte", con miles de encendedores iluminando la noche y desafiando la lluvia, incluyó una zapada con aire setentista, de aquellas que hacen que el tiempo se suspenda, viajando las mentes en los sonidos que se proponen. La letra que es conjuro, según Chizzo, de "Hielasangre", el otro tema nuevo, contó con la participación de Lihuén, el pequeñito hijo de Tete; Sokol fue el otro invitado, para cantar "El final es en donde partí".
Muñecos y proyecciones
No faltaron los grandes muñecos, esta vez paseándose por el campo y entre la gente, ni las imágenes en las pantallas, variadas pero con un vector común. Desde aquel Huracán hasta hoy muchas cosas han pasado aquí y en el mundo. Imágenes de políticos, las Torres Gemelas cayendo, secuencias de diciembre de 2001 y de otras movilizaciones.
Las imágenes se hicieron reales en el último tema de la lista, justo antes de los bises. Sonaba el otro estreno, "Dementes en el espacio", cuando desde ellas pudo verse claramente cómo Chizzo era sometido, por tres peluqueros-enfermeros, a un radical corte de pelo. Fue el gesto que redondeó el show de River, una apuesta que también fue un despojarse. El público miraba, sin terminar de dar crédito, congelado ante la evidencia de la no ficción, de la puesta en acto de esta suerte de sacrificio con aire a encuentro pagano.
Con el pelo ya muy corto volvió, para que La Renga rematara el show con una seguidilla infernal que finalizó con "Hablando de la libertad", aquella que habla de elegir los caminos que tengan corazón.




