
Canciones y tragamonedas
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La elegante señora que parece llevar con gracia sus más de 50 años no da crédito de lo que ven sus ojos: Jackpot, en letras brillantes y multicolores. La enésima moneda de 25 centavos que depositó en "las maquinitas del Casino" dio su fruto y ahora disfruta de la música celestial que producen las monedas cayendo como una catarata, golpeándose unas con otras. Muy cerca de allí, a dos pequeños pasos nomás, Moris canta "Mano a mano", "Pato trabaja en una carnicería", "A media luz", "Ayer nomás". "Ayer nomás en el colegio me enseñaron, que este país es grande y tiene libertad, hoy desperté y vi mi cama y vi mi cuarto, en este mes no tuve mucho que comer."
Moris, que también parece llevar con gracia sus más de 50 años, cantó el jueves pasado en el escenario del primer piso del casino de Tigre, entre bares, tragamonedas y un esplendoroso ámbito que incluye marquesinas voladoras y secuencias de luces sin interrupción.
Allí, aquello de "Escúchame entre el ruido" tuvo nuevos significados, bastante menos poéticos quizá.
Imagen distorsionada
Remera blanca, pantalón negro y zapatillas Nike. "Zapatos de gamuza azul, zapatos de gamuza azul" canta Moris acompañado de una guitarra eléctrica y ladeado por Hugo González Neira (el mismo que certifica los teclados del grupo Aquelarre en los años 70). En un año en el que los cuarenta años de rock argentino continúan siendo objeto de tributo, arriba de los escenarios y en los escritorios de las discográficas también, Moris, aquí, proyecta una imagen distorsionada.
Moris recita más de lo que canta, casi como un sello de agua de aquel estilo con el que cuatro décadas atrás irrumpió dejando marcas a su paso, y el efecto sigue teniendo la contundencia de un artista en su madurez. "Tiempos aquellos de rosedales, novias de Flores, primeros cigarrillos, nunca al colegio, siempre la vida". Moris canta todos esos himnos que ha escrito para una generación y que hoy vuelven a sonar, de alguna o de otra manera.
¿Existe en el país algo parecido a los crooners de casinos norteamericanos? A eso parece apuntar este ciclo de conciertos que lleva adelante el casino de Tigre. Y la puesta en escena de Moris también. Tan lejos como tan cerca, quizá. Las tragamonedas que suenan entre tema y tema de un show dentro de un show bastante más grande y Moris, que canta "El oso" y todos a cantar. Después, a solas, se hace cargo del teclado para "A media luz".
Algunas canciones logran el acompañamiento musical más cercano al karaoke y entonces Moris les habla a los de la primera fila y a la joven pareja del fondo también.
Audiencia espontánea
Entre el público, muchos que pasaban por ahí, algunos que se enteraron, en su mayoría parejas que mueven las cabezas pero que ni el propio Moris podrá hacer aplaudir; un jovencillo que se delata cantando "Zapatos de gamuza azul" recordando verso por verso la versión que suelen hacer Los Piojos en sus conciertos; miles de personas frente a tragamonedas escuchando por los parlantes más cercanos al escenario; una veintena de curiosos atentos, parados en los límites del "auditorio" abierto, pero disfrutando de presenciar el espectáculo, entre juego y juego.
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