Canta la bagualera Mariana Carrizo

Presentará su disco "Libre y dueña"
Gabriel Plaza
(0)
27 de abril de 2004  

"Me gusta el vino, la chicha y el aguardiente. Pero más sabrosos son, los mozitos de los veinte". Con sus coplas picantes como el ají y su reivindicación feminista, la bagualera Mariana Carrizo se transformó en una de las sorpresas de la temporada de festivales. "Soy hija del carnaval", dice esta coplera de 27 años, consagrada en la última edición de Cosquín, que tiene sobre el escenario el manejo de una artista de vodevil.

Carrizo es uno de esos tesoros ocultos de Salta, la ciudad donde vive, y es una celebridad. Conocida por su trabajo en el Tren de las Nubes, desafía a la aristocrática sociedad salteña con la postura antimachista de las bagualas y su decisión artística de diferenciarse de otras copleras. En la tapa de su nuevo disco "Libre y dueña", (el título es más que significativo y no es casualidad en su historia personal), que presentará mañana, a las 20.30, en el Teatro Presidente Alvear, aparece fotografiada desnuda y cubierta por la caja. "Espero que no se malinterprete. Es una decisión artística que tiene que ver con algo simbólico. La copla es así, desnuda. Por eso, también el título de «Libre y dueñaª, que tiene que ver con la fuerza interior del sentimiento purito de la gente", dice la intérprete con una personalidad avasallante, capaz de coplear en rondas de hombres y salir siempre triunfadora.

Pese a su juventud, la artista es dueña de un arte puro. Mariana absorbió el sentido profundo de la copla y de las sencillas costumbres vallistas cuando vivió con su abuela en un rancho rodeado de cerros y al filo del río en Angastaco. "Tuve la suerte de poder conocer a los viejitos. Ahí la gente venía de los cerros, donde el clima es más crudo, y bajaban a cambiar sus cueros para truequear con la gente del valle. Durante el viaje, que era largo, después de hacer dos días de camino lo único que acompaña esa soledad es la copla. Para ellos la copla es dejar salir de adentro lo que le está pasando. Sueltan las coplas al viento para desechar penas. Y yo conocí eso. Incluso nosotros teníamos una vecina que era bien gritona. Uno la podía escuchar cantando detrás de los cerros. De allí aprendí esa copla que me conmocionó y que para mí tiene la sabiduría de los antiguos, a pesar que uno puede esperar eso de un hombre culto. Hablaba de la soledad del hombre de campo y decía: "Qué solita soy en el mundo, solita como el cardón, de noche me da la luna, de día me pega el sol...."

-¿Cómo es que siendo tan joven te interesaste por la copla?

-Canto porque quiero protestar contra esta cultura predominante en la que la mujer debe hacer lo que el hombre dice. Eso me daba mucha bronca. Lo mío es como un desafío que me surgió de chica, porque me gustaba la música y mis padres no me entendían. Entonces lo que más cerca tenía eran las coplas que se cantan en el pueblo y era muy fuerte, algo pasional en mí. Pero mi papá, que era un hombre gaucho y cerrado, se oponía. No me llevaba a las marcadas y las fiestas, por ese machismo norteño que dice que la mujer tiene que quedarse en la casa. Así que yo me vengo de ellos cantándoles coplas.

-¿Así surgieron en tu repertorio esas coplas feministas?

-Es que el hombre es pura cascarita y cuando uno lo apura un poco enseguida se asusta. Desde que comencé quise cambiar ese rol sumiso de la mujer. Tenía un tío que me enseñó las diferentes formas de cantar que hay en los valles, y las coplas más picarescas, que me las aprendí a todas, a pesar de que me decían que eso era para los borrachos. Entonces yo iba y me plantaba con mis coplas en contra de los hombres. Aunque al principio muchas mujeres cuando me escuchaban no decían nada por miedo. Ahora todas gritan con sus maridos al lado y se genera una conexión con las mujeres. Así fui marcando un estilo dentro de la copla y me siento bien con eso. Aunque también hago cosas para halagar a los hombres. Una de cal y otra de arena ¿No?

-¿Cuáles son tus coplas preferidas?

-Me gustan todas. Tengo memorizadas unas y otras las improviso. Están las de penas y las que tienen una sabiduría grande, donde el golpe de la caja es como un latido, como el corazón de la tierra, porque no hay una estructura y compases. Golpeás la caja para liberar energía. En cambio, las coplas feministas son para provocar a los hombres. Me gusta jugar mucho con las de amor y cantarles a los hombres esa que dice: "Quisiera ser verdolaga, que en el campo verde nace, quisiera ser caramelo que en tu boca se deshace". Los hombres se desmayan cuando les digo esa. Después les doy con un caño: "Me gusta verle a los viejos cuando andan de pretendiente, abren la boca y se ríen, no se les ve ningún diente". Por ahí alguno se siente remal, pero son coplitas nomás.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.