
Carmen Flores, a todo pulmón
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"Desde mi corazón" , actuaciones de la cantante española Carmen Flores, en compañía del "Ballet Jaleo" dirigido por los coreógrafos y bailarines Alicia Fiuri y Néstor Spada, y del actor Miguel Jordán. Escenografía: Edgardo Benvenuto. Vestuario: Norma Fiuri y Laura Ramos. Diseño de luces: Ariel Greblo y Gustavo Ovejero. Sonido: Daniel Di Santo. Libro y dirección general: José Alberto Bolos. Coordinación general: Oscar Villa. Alberto Bolos Espectáculos. En el teatro Avenida.
Nuestra opinión: bueno.
Sin el aura hierática de su hermana Lola, sin su desparpajo escénico, sin ese desenfado de diva absoluta, Carmen Flores irrumpe otra vez, tras casi dos años de ausencia de los escenarios argentinos, donde siempre ha cosechado el aplauso inmediato de sus incondicionales admiradores.
Tan repentino como el que tributan algunos adictos con su ¡bravo! apenas se abre el telón y la compañía de danza, envuelta totalmente en humo, no ha comenzado aún sus plasmaciones coreográficas. Esto mismo permite suponer que ese signo de cholulismo está bien alimentado desde las tablas.
Un espectáculo de baile, actuación teatral y canto es la nueva propuesta de la veterana Carmen Flores. Una forma de que el peso del espectáculo no recaiga solamente en la canción.
Cuatro parejas con hombres de camisa y pantalón y mujeres de vestido largo son protagonistas de la apertura, sugestivamente titulada "Poeta en la mar". Alicia Fiuri y Néstor Spada son los responsables de los pasos del llamado "Ballet flamenco Jaleo".
Durante este introito -como luego, en "Mi Jerez" y sus variados ritmos andaluces y hacia el final, con "Fandango"-, los bailarines desplegarán pasos flamencos bailando al modo gitano, en tanto esto significa "llameante" o "encendido", como lo es el folklore del sur español para los de afuera. Es decir, brillante, fogoso.
Por cierto que esto es ballet y, como tal, un desprendimiento teatral de los auténticos pasos de los bailaores gitanos. Por consiguiente lleva, con estos payos, el acento for export. Ya se sabe que en el flamenco hay dos épocas bien definidas: la clásica -la Edad de Oro- y la teatral, la que avanzó un paso más hacia la conquista del gran público, cuando salió de la taberna para instalarse en el café cantante.
De todos modos Fiuri, Spada y su ballet flamenco Jaleo bailan en forma sincronizada y con total entrega en los giros, desplantes y garbo español para trazar coreografías vistosas y acercarse con respeto a las esencias. La diferencia está en que el auténtico bailaor mira hacia dentro, hacia su centro vital, contenido y a su vez desenfrenado, y en los espectáculos de ballet la mirada está puesta afuera, en el colorido y el despliegue.
Con bombos y platillos
Cuando llega la hora de Carmen, el actor Miguel Jordán la anuncia con bombos y platillos. Entonces ella irrumpe toda de blanco y con flores en el tocado, con paso triunfal.
Como en el baile, la grabación orquestal estalla e invade el teatro. Y la voz de Carmen también lo hará con "Cántame un pasodoble español". La tautología (¿hay música más española que el pasodoble?) no inquieta a nadie. Es que Carmen es dueña de una voz potentísima que, unida al talante ibérico, impresiona por su dominio escénico.
La Flores ofrecerá más adelante sendos tributos a Miguel de Molina y a su venerada hermana Lola, y entonará el clásico "La bien pagá", "María de la O", "La vida vale la pena", "Procuro olvidarte", "Miedo" y "Pena, penita, pena". Nada más. Lo hará con triunfal arrogancia canora, afinando de maravillas y haciendo valer su filosos vibrato, sin darse tregua alguna. Sus cuerdas vocales refulgen con todo el poderío canoro desalojando cualquier obstáculo, como podrían ser los matices, los colores, las minucias, la finura, los detalles. Estas gentilezas no espectaculares quedan fuera de la lista de prioridades artísticas.
Carmen apabulla y arrasa con todo. Y habrá que incluir, en esta conquista del oído más avezado, las delicias del típico canto español, con sus rutilantes adornos flamencos.
Su dominio escénico es inobjetable. Sabe desplazarse con absoluta seguridad y bastante gracia, incluso cuando porta, hacia el final, su descomunal bata de cola blanquinegra.
Como complemento del espectáculo, Carmen ha entregado con generosidad de diva un espacio para el actor Miguel Jordán, que también recibe los favores de sus fidelísimos admiradores. Su desempeño es correcto, incluyendo bromas gastadas para una platea infantil y otras obviedades. No obstante, Jordán sorprende con pinceladas de actualidad y algún pensamiento testimonial.
Carmen, que ha cambiado varias veces de vestuario español, les habló generosamente a sus fervientes seguidores, a su "querido público" argentino. Les dijo que los extrañó en estos dos años de ausencia y que salió de una depresión cuando supo que volvía. Y desgranó otros halagos por el estilo. Ella sabe muy bien que despierta fanatismos entre hombres y mujeres de estos lares, como quedó demostrado en las insistentes ovaciones de que fue objeto durante todo su espectáculo.
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