Ceremonia rockera y "paranoica"
Recital de los Ratones Paranoicos. Juanse (voz y guitarra), Sarcófago (primera guitarra), Roy (batería) y Fabián von Quintiero (bajo y teclados). Estadio Luna Park.
Nuestra opinión: Bueno
En 1988, con el hit "Carol" y otros 10 temas, los Ratones Paranoicos sentenciaron: "Los chicos quieren rock". Esa fue la frase que llevaron a las bateas de las disquerías con su segundo álbum. Trece años más tarde (a fines de 2001) salieron con "Los chicos quieren más..." Y según la convocatoria y el resultado de los shows que el grupo dio el último fin de semana en el Luna Park, los chicos quieren más rock, más Ratones Paranoicos.
Llegar a esta conclusión es como anunciar el descubrimiento de la fórmula de la pólvora a comienzos del siglo XXI. Es cierto. Pero vale pensar en la vigencia de este grupo de 16 años que nació, creció y maduró sobre una estética de un éxito probado, como es la de los Rolling Stones, aunque supo desarrollarse por fuera de los sonidos de moda (durante años de fama y otros de ostracismo) y tuvo la capacidad de alcanzar una verdadera fiesta en el Luna Park, sólo con algunos elementos indispensables de una ceremonia rockera. ¿Cuáles son esos elementos indispensables? Temas rockeros, obviamente, y de esto los Ratones tienen de sobra. Un líder de grupo que se comporte como una estrella -ése es Juanse, cómplice de su público pero distante, para no quedar a la misma altura-; un solo de batería (ésa fue la responsabilidad de Roy, antes de los bises), e invitados ilustres que oficien de concelebrantes.
Algunos en la función del viernes y otros en la del sábado: estuvieron Pappo, el Bahiano, Celeste Carballo, Gabriel Carámbula, Edda Bustamante (que no es exclusiva de Attaque 77), Fernando Ruiz Díaz, de Catupecu Machu, quien además de cantar se divirtió como un fan más de la banda, y Deborah Dixon, que más que una invitada fue un excelente aporte al sonido del combo y se lució en temas como "Rainbow".
Frente al escenario hacen falta banderas, bengalas, tufillo a ilegalidad y cantitos que alimenten inexistentes rivalidades entre astros vernáculos. Para cumplir con el protocolo la hinchada paranoica hizo de sus diferencias con los ricoteros un River-Boca y exaltó las cualidades de Juanse por sobre las del Indio Solari.
Anteanoche, las pruebas de fidelidad fueron la respuesta a un show que tuvo algunos temas del último disco, como "No responde" y "Los diablitos", un par de covers -"(I can´t Get No) Satisfaction" y "Ruta 66"- y una mayoría de hits que completaron la magnífica fiesta. Los primeros, como "Sucia estrella" y "Ya morí", a media máquina pero con la cadencia necesaria para destacar los riffs; el resto con un pulso que fue creciendo hasta lograr picos (arriba y abajo del escenario) que llegaron en los compases de "Cowboy", "Juana de arco", "Rock del gato", "Enlace" y "Para siempre", en la versión original y en la dedicada a Maradona, al principio y al final del show. Puro rock paranoico que sólo fue matizado por "La nave" y "Tomo y obligo", casi una balada para tomar un respiro.
Juanse, Roy, Sarcófago y el "Zorrito" (los Ratones Paranoicos) saben qué quieren los chicos. Es cierto que, visto desde afuera, cumplir con el ceremonial significa esa enumeración de lugares comunes mencionados en párrafos anteriores. Pero desde adentro es mucho más que eso. Quizá se pueda explicar al robarle a esta banda algunas de sus frases para ubicarlas, sólo por antojo, en este contexto: "El mundo no comprende / lo que hacemos aquí. /Pero cuando alguien viene/ difícil no seguir".






