Compay Segundo
Símbolo de su tierra, alegre, romántico, amante del ron, el tabaco y las mujeres, el autor de "Chan- Chan" falleció anteanoche, a los 95 años
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"Cuando cumpla 100 años voy a pedir prórroga para vivir 115 años, como mi abuelita", solía repetir con picardía el legendario trovador cubano Compay Segundo, con esa sonrisa eternizada en sus labios, sosteniendo su habano y vestido a la manera tradicional con traje y su clásico sombrero blanco. No pudo ser. Anteanoche, una insuficiencia renal que lo afectaba desde hace dos semanas y derivó en un cuadro severo terminó con la vida del autor de "Chan-Chan", a los 95 años, en su casa del barrio de Miramar, en La Habana, donde el músico se encontraba rodeado por sus cinco hijos.
La noticia puso de duelo a Cuba. Una guardia de honor formada por artistas y vecinos del músico acompañó el féretro de Compay, envuelto en una bandera cubana. Según el último deseo del músico, sus restos fueron trasladados a su ciudad natal, Santiago de Cuba, para ser enterrados en el cementerio de Santa Ifigenia, en la región oriental. Fidel Castro envió una corona y posiblemente esté presente durante la inhumación de los restos de Compay.
Hace dos semanas el compositor y cantante padecía una grave afección renal que lo obligó primero a cancelar una serie de conciertos que tenía previstos en Europa y luego a recluirse en su casa. Los integrantes de su grupo, donde participan sus hijos Basilio y Salvador (que anunciaron que seguirán adelante por deseos de su padre), le rindieron un homenaje en vida, el sábado último, en la sala del hotel Nacional de La Habana que lleva su nombre. "Cuando se lo comentamos, con su característico humor nos dijo: pero chico, si todavía no me he muerto", contó a la prensa su hijo Salvador.
En el último tiempo la actividad de Compay era intensa. Lo ocupaban distintos compromisos adquiridos, la grabación de discos y los viajes al exterior. Compay confesaba su felicidad por seguir cantando y tocando sus sones, guarachas, danzones y boleros, tanto en el Olympia de París como en el hotel Nacional de La Habana, a donde siempre quería volver "para llevar alegría a mi gente cubana".
Considerado en Cuba como el artista que devolvió el son a un lugar de privilegio en el mundo, el trovador nacido en 1907 en Siboney, la región oriental más caliente y musical de la isla, se transformó en el símbolo de la cubanía: alegre, sonero, romántico, aficionado a las mujeres, el ron y el tabaco. Inventor del armónico (instrumento surgido de una fusión entre la guitarra y el tradicional tres cubano), autor de unas cien composiciones como la célebre "Chan-chan" (popular como "Guantanamera"), fue revindicado en sus últimos años partir del boom internacional del disco y la película "Buena Vista Social Club", filmada en 1997 por Wim Wenders, donde Compay comparte protagonismo junto a otros grandes intérpretes olvidados de la música tradicional cubana. Desde ese momento, el músico cubano recibió la Orden Félix Varela, máxima distinción cultural en Cuba, actuó ante el papa Juan Pablo II, se presentó en Buenos Aires en dos oportunidades y grabó un disco por año. En su último material, "Duets", artistas internacionales y cubanos le rinden una especie de homenaje en vida. Así se lo escucha a un jovial Compay cantando temas tradicionales con Khaled, Silvio Rodríguez, Cesaria Evora y Charles Aznavour.
Trayectoria
El primer encuentro de Francisco Repilado -verdadero nombre de Compay- con el son montuno ocurrió cuando conoció de niño a Sindo Garay, máxima expresión de la trova tradicional, que visitaba habitualmente su casa. Compay sintió una fascinación especial. Se interesó por la música, estudió clarinete y logró ingresar en la banda municipal, donde se topó con Miguel Matamoros.
Compay trabajó como barbero, en una fábrica de habanos y por las noches ofrecía serenatas y tocaba en programas de radio con el grupo Cubanacán. En plena adolescencia se sumó a Ñico Saquito, con quien formó Cuban Stars y debutó en La Habana. De allí en más vivió por la música. Pasó por el Cuarteto Hatuey y por el grupo de Miguel Matamoros, y entabló amistad con Benny Moré. Luego llegó la década de oro, con el Dúo Los Compadres, junto a Leandro Hierrizuelo, cuando recibe el nombre de Compay Segundo porque hacía la segunda voz. A mediados de los 50 forma su grupo, con el que sigue dedicado a interpretar sones, boleros, guarachas, gemas del repertorio tradicional que vuelca a su primer disco solista, en 1957. Tras el triunfo de la revolución cubana, la desaparición de los cabarets trajo aparejada una merma en el trabajo, lo que obligó a Compay a volver a su antiguo puesto en una fábrica de habanos, donde se jubiló. En los 80 llegó a tocar en hoteles para turistas, hasta que comenzó a salir del país. En 1994 llegó a Sevilla, invitado a un encuentro entre el son y el flamenco, y desató una fiebre en Europa que se extendió a todo el mundo tras el éxito de "Buena Vista Social Club". La última presentación de Compay en vivo fue en febrero pasado, en el Auditorio Nacional de México. Entonces anunció, con la vitalidad de siempre, que quería hacer otro disco, tener un hijo más y que el secreto de su música y de su longevidad estaba en gozar de todos los placeres de la vida. "No estoy aburrido ni cansado de la vida. Es muy bonito pasar por el mundo y dejar huella -aconsejaba a los jóvenes-. No pierdan el tiempo, porque yo no lo he perdido, y ya ven..."
Palabras de despedida
- Omara Portuondo. "Compay significa para la música cubana lo mismo que significa para todos los cubanos nuestra bandera. Estoy muy abatida por la pérdida de un músico tan extraordinario, que aportó tanto a la música popular cubana. Por suerte para todos, se pudo saber en el mundo lo que significaba este hombre para la trova cubana, la cultura más auténtica de Cuba."
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- Martirio. "Cuando grabé con él "Es mejor vivir así", en su disco "Lo mejor de la vida", y luego, con Raimundo, "Juliancito", del tirón, primera toma, primera impresión, energía de cañón, jamás unos ojos me habían mirado desde tanta vida. Yo le canté como todas las mujeres y él, como todos los hombres a los que yo había amado y amaré. Compay Segundo dio lugar a la enseñanza y el disfrute de la verdadera música popular, al respeto y a la risa, a la seducción, la música y la magia, a la salud de la alegría. Bendito seas, tu obra siempre estará con nosotros recordándonos lo que es el ser humano verdaderamente civilizado y sensible."
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- Chucho Valdés. "Compay no sólo fue un gran trovador, sino que descolló como uno de los grandes músicos populares de todas las épocas. Su figura vivirá por siempre, por su música y su nobleza como ser humano."
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- Salvador Repilado. "Deja un vacío en la música tradicional cubana que será difícil de llenar, debido a su carisma y al amor que sentía por el pueblo cubano."



