Con el sello Inti Illimani intacto
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Actuación del conjunto chileno Inti Illimani Histórico, integrado por Horacio Salinas (composición, guitarra, canto y dirección musical), Horacio Durán (charango y canto), José Seves (guitarra, quena, cajón, canto), Jorge Ball (quena, cuatro, percusión, canto), Fernando Julio (contrabajo y canto), Danilo Donoso (batería, percusión y canto), y Camilo Salinas (piano, acordeón y canto). Presentación de temas de su último disco Esencial . Nueva Presentación: miércoles 18 de julio. Teatro ND/Ateneo. Paraguay 918.
Nuestra opinión: excelente
Regresa con gloria Inti Illimani. De la mano de su líder musical, Horacio Salinas, vuelven también tres de sus más conspicuos compañeros: Horacio Durán y su charango; José Seves, en su guitarra, quena y cajón, y Jorge Ball, con quena, cuatro, y más percusión, a los que se le unen esta vez, Fernando Julio, en contrabajo eléctrico; Danilo Donoso, en batería y percusión, y Camilo Salinas, en piano. Todos ellos dispuestos a compartir el canto, solos o en ensambles de dos, tres y cuatro voces.
El sello Inti Illimani, intacto. El mismo que vislumbró, esbozó, entretejió y plasmó Horacio Salinas, el auriga que, desde su guitarra, su inventiva de compositor y arreglador, se convirtió en su segura guía hace unos treinta y cinco largos años.
"El estilo es el hombre", había definido en el siglo XVIII el académico francés Bufon. Y quiso decir que en el estilo se descubren la formación y las aptitudes de los creadores.
De allí que podamos ratificar hoy aquellas impresiones que nos dejaron los Inti Illimani cuando nos visitaron por primera vez, en marzo de 1985, y aquellas valoraciones que desgranábamos al año siguiente en cuanto a las cumbres musicales por ellos alcanzadas. Las mismas que han podido constatar muchos de los fervorosos seguidores que formaron parte de la generación de los exilios. Si bien aquel conjetural nimbo que circundaba los destierros se haya -un tanto- desdibujado por el paso del tiempo.
Este "Inti Illimani histórico" nos visita esta vez, a tres años de un esporádico encuentro, como parte de su gira por nuestro país, para entregarnos las nuevas canciones que integran su última grabación Esencial junto a sus tres nuevos integrantes. Y será casi de rigor aclarar que lo de "histórico" alude al reciente cisma que dividió en dos al emblemático grupo chileno, en el que no sólo está en juego la paternidad y el uso del nombre, sino -sobre todo- los contenidos estéticos que lo alientan y singularizan.
De todos modos Inti Illimani, fundado en 1967 en Santiago de Chile, no sólo se encuentra celebrando sus cuarenta años de trayectoria, sino que este grupo histórico llega con la intención de ofrecer su homenaje a Violeta Parra, a cuyo impulso (como bien aclara Salinas durante esta enfervorizada reunión), nacieron y crecieron ellos y varias otras formaciones en su país.
El simple detalle de un ingreso en ropa de calle, con la cansina naturalidad de quien llega a su casa, ya está indicando que lo que más importa no son ni la indumentaria ni el gesto triunfal, sino el ir en busca de la autenticidad y la excelencia musical.
Todo el misterio y el jolgorio del altiplano habrán de ocupar la noche, ya desde ese pórtico que es "Tatati", resonando en dos guitarras, charango, flauta, teclado, contrabajo eléctrico y batería. Por cierto que enseguida se abrirá el espacio para el sortilegio, como un signo inequívoco del Inti Illimani de Salinas. "Palimpsesto" habrá de refulgir como en los mejores tiempos, al enhebrar notas de aliento hímnico, hechas poesía y testimonio.
Ahí mismo ya están instalados los exquisitos ensambles instrumentales que empiezan por definir, desde la eufonía tímbrica y los hallazgos sonoros pergeñados por Salinas, hasta la calidez de las voces en dúos, tríos o cuartetos, para crecer en emoción, como en ese otro sello, al que puso rúbrica la voz de Mercedes Sosa: "Un son para Portinari".
Un furtivo tramo dedicado a tres canciones de Violeta Parra dará paso a nuevos aciertos en la combinación instrumental y vocal. Es el momento en que irrumpen el gozo del ritmo, el énfasis en sus acentos, la policromía casi visible de los timbres junto con las introspecciones de los silencios ancestrales y siderales, y los júbilos crepitantes de las fiestas telúricas "Arroz con cocolón", en ritmo de festejo, y las "Danza verde" y "Danza mediterránea", a las que se suma el acordeón. Siempre la inasible conjunción, el secreto pacto en los intersticios de los tiempos del 3 x 4 entrelazados con los del 6 x 8.
Hay canciones sencillas, como "El lazo", de Víctor Jara, pero con tantas emotivas honduras como el "Canto de las estrellas" (que encierra idénticas cadencias que el clásico "Volver a los 17", de Violeta). Serán el oportuno paréntesis para la incursión por el endiablado ritmo venezolano de "Montilla", que sobreviene como un estallido del alborozo. Y en seguida "Cándidos", con sus tiempos entrecortados y sus poderosas esdrújulas, apoyados por flauta traversa, acordeón y cajón peruano; otra marca chilenísima de Inti Illimani en el orillo.
Por supuesto que no podía ausentarse sin aviso el celebérrimo y atrapante "Mercado de Testaccio", que marcó toda una época, con sus resonancias y sus perfumes a mares Tirreno y Adriático, juntos en la fulgurante percepción rítmica del Salinas exiliado.
Hasta curiosas sorpresas se permiten estos viejos y nuevos Inti Illimani, luego de compartir, hacia el final, el huayno "Tacacoma": un bolero ("Llanto de luna") y un vallenato que suena a explosiva, pero auténtica, cumbia ("La fiesta eres tú").
Una vez más Horacio Salinas, pese a presidir este encuentro colocado en el centro de la escena, se entrega y goza como uno más del grupo, sin ostentar el mínimo liderazgo. Las más ricas combinaciones instrumentales, la sabia alternancia de solos instrumentales y vocales, la riqueza de matices (no obstante la preponderancia de temas de pujante sonoridad, sostenidos por versos hoy más llanos), ratifican una prolífica inventiva y una esencial actitud ético-estética irrefutable e inconmovible.





