Con espíritu de integración
En San Martín de los Andes confluyen visitantes y lugareños
1 minuto de lectura'
SAN MARTIN DE LOS ANDES.- Una de las primeras consecuencias del I Festival de Música Argentina fue un saludable aumento de la actividad turística que, concretamente, adelantó su llegada que históricamente se produce en la víspera de la Navidad, pero quizás el dato más importante es que trajo una tregua en los sostenidos conflictos barriales que se producen en los alrededores de esta ciudad.
En efecto, la música y una inteligente programación de talleres que se realizarán en distintas zonas, que excluyen el centro de esta ciudad determinó que se sentaran a una mesa los grupos que dominan la periferia y decidiesen que durante los días de encuentros artísticos no hubiese robos ni peleas.
Este lugar de una belleza única con una naturaleza desbordante en colores tiene en los bolsones de desempleo juvenil un problema grave, al que se suma una tasa de suicidios en ese segmento social importante junto a bandas de jóvenes que se organizan en violentas pandillas que se enfrentan con penosos resultados.
Los líderes de El Arenal, primer barrio que creció en la periferia de la ciudad, de unos 4000 vecinos y, aparentemente, la zona más pesada, garantizaron el "libre tránsito" por su zona durante la realización de los talleres; es decir, no habrá asaltos ni grescas en estos días. Las luchas entre bandas, generalmente, integradas por jóvenes con problemas tanto de falta de empleo como de estabilidad emocional, se han ido agravando.
Por cierto, el acuerdo privado-público (Cie-R&P como la Secretaría de Turismo municipal que posibilitó el festival) contempló no sólo las actuaciones en el escenario, sino la realización de clínicas en busca de formar y motivar artistas o a los siempre inquietos estudiantes de música.
El arte es uno de los activos más importantes de San Martín, no sólo en cuanto a música, la llegada de actores y de artistas plásticos que buscan otro entorno le dieron a esta urbe una interesante vida cultural. Tiene espacio el arte aquí; un dato es que la escuela de música en San martín tiene 600 alumnos. No es poco.
Por ejemplo, en El Arenal, las iniciativas artísticas con los jóvenes desempleados son las que tienen mayor convocatoria. Para Diego Uribarri, que forma parte del equipo de producción privada, la idea es que San Martín se apropie del festival, por eso el fuerte hincapié en la programación integradora, tanto de actuaciones locales en el escenario como de talleres y clínicas que permiten una concreta participación.
El productor que participó del Festival de los Siete Lagos señaló que uno de los errores cometidos en aquel encuentro fue no generar mecanismos para que la ciudad sintiese el encuentro como propio, "si no se produce este fenómeno, el fracaso está firmado", opina.
Por la atmósfera que se respira en esta oportunidad (este cronista asistió a aquel encuentro que comenzó precisamente aquí y terminó en Bariloche) la ciudad lo ha hecho propio, al punto que hasta la comunidad mapuche tendrá en su zona un encuentro de acordeonistas del que participará el Chango Spasiuk. El off festival ya comenzó anteanoche en una bien tardía jam session en el Pub Down Town Matías donde abrió la noche el grupo vocal del guitarrista Abel Calzetta, un sexteto de jazz rock ajustado. Luis Salinas, Daniel Maza y el sexteto Escalandrum le pusieron un color distinto a la noche con su visita.




