
Con irreverencia juvenil
"Canciones en informalidad" , con Marikena Monti (voz) y Jorge Schussheim (piano y voz). Clásica y Moderna, Callao 892. Funciones: jueves de este mes, a las 22.
"Canciones en informalidad" fue un espectáculo que marcó un quiebre en la escena contracultural de los años sesenta. Marikena Monti, Jorge de la Vega y Jorge Schussheim formaban un trío irreverente y provocador que parodiaba la realidad y armaba un happening musical con letras inocentes, ácidas y al borde del absurdo que integraban lo mejor dentro del movimiento de la nueva canción de esa época de aires beatniks e incandescente despertar del Mayo Francés.
Treinta años después, Marikena Monti y Jorge Schussheim rescatan ese espectáculo y las canciones de Jorge De La Vega (fallecido a los 41 años), lúcido poeta y juglar, artista plástico integrante de la nueva figuración y uno de los espíritus más creativos, lúdicos e insobornables de su generación.
El escenario "informal" de Clásica y Moderna le permite a la cantante y al pianista recobrar ese mismo espíritu de rebeldía ideológica y cultural que transmiten desde un repertorio, donde aparecen himnos generacionales de Jorge De La Vega como "El gusanito", la original "Proximidad", compuesto a partir de la recolección de sinónimos en diversos diccionarios, o la surrealista "Diamantes en almíbar", incluidos en un histórico álbum grabado por el artista en 1968 por el sello Olympia.
Schussheim no se destaca tanto por su voz sino por lo que transmite. Tiene el tempo perfecto para el café concert -fue libretista de Tato Bores, entre otros oficios, como el de cocinero, chacarero, asesor político y publicista- y una obra interesantísima, patinada por su ironía y un humor testimonial a prueba de años. "Muchas de estas canciones fueron escritas hace mucho tiempo, pero lamentablemente mantienen su vigencia", acierta al decir antes de hacer una milonga para la Argentina. Pero a la vez puede romper con todo atisbo de seriedad cuando presenta una canción que habla de la violencia, la desilusión, la frustración y la amargura, pero no está dedicada a la situación social, sino a su idishe mame.
Por su parte, Marikena Monti es el instrumento perfecto para abordar el género burlón de la música de cabaret, la canción testimonial a la George Brassens, bellas baladas intimistas dedicadas a Marilyn Monroe o la vitalidad de un repertorio que evoca los sueños de una generación. Monti es dueña de una sutileza y una ductilidad interpretativa que le permiten jugar tanto el rol de diva de la canción o pasar al de una artista de vodeville del off teatral. Pero, sobre todo, sabe reírse de sí misma como cuando interpreta una autobiografía escrita por De La Vega, que la define en una frase: "No tengo complejo de Edipo, sino de Edith Piaf?.".
El espectáculo festeja la informalidad, el cambio de roles de los dos artistas y la improvisación para rescatar temas olvidados -casi sin ensayo de por medio- para que vuelvan a resonar entre la gente como "No nos importa", que habla de la apatía ante la tragedia del otro.
Dividido en dos partes, el protagonismo va variando, pero lo importante siguen siendo las canciones de De La Vega y Schussheim que transmiten esa efervescencia lúdica de los años sesenta y la mirada de una generación que soñaba con un mundo mejor y proclamaba: "La imaginación al poder". Para quienes fueron testigos de ese tiempo, el espectáculo les devolverá la intensidad de aquellos años. Para los que todavía no habían nacido, el espectáculo es una fresca estampa de una época de irreverencia juvenil, agite cultural, caldo de ideas y vanguardismo. Con un piano y una voz, ellos recobran parte de ese imaginario social, como testigos y hacedores de su tiempo, donde la creatividad era la única metáfora posible para vivir la vida.





