
Con la guitarra en el ropero
Zeta Bosio, Alfredo Toth, Pablo Guyot y Vaino Rigozzi cuentan cómo viven el haber dejado la actuación para dedicarse a otro tipo de actividades musicales
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Soda Stereo, GIT y Los Fabulosos Cadillacs son tres bandas claves del rock argentino de los años 80 que ya no existen como tales. El dato no es curioso si se tiene en cuenta que en el rock la disolución de los grupos es moneda corriente. Ahora bien, que varios de los músicos integrantes de aquellas bandas se hayan bajado de los escenarios para dedicarse a otra profesión y no hayan vuelto a grabar un disco luego de tanto éxito es, al menos, llamativo. ¿Ustedes creían que la vida del rock and roll era para siempre? Entonces, pasen, lean y entérense qué hacen los rockeros cuando cuelgan la guitarra en el ropero.
Caso uno: Guyot-Toth
Pablo Guyot y Alfredo Toth se han convertido en la dupla de productores más atareada del rock de acá. Desde que decidieron que GIT no iba más (la banda que completaba Willy Iturri se separó hace más de una década), produjeron discos para Los Piojos, Bersuit, Ratones Paranoicos, Intoxicados, Los Tipitos, La Mancha de Rolando, Turf, Los Enanitos Verdes y Karamelo Santo, entre otros. “Es una forma de estar haciendo discos todo el tiempo, pero sin tener una banda ni tener que hacer giras insoportables”, dice Guyot y continúa: “Las ganas de tocar no las perdés nunca, pero no queremos armar otra vez un grupo. Esa forma de hacer música ya fue para nosotros”.
La dupla de productores sueña con grabar en el futuro otro álbum con su firma, pero la idea de ensayar, salir de gira y volver al ruedo rápidamente los vuelve a la realidad: “La verdad es que estamos muy entusiasmados con lo que hacemos, disfrutamos de otro tipo de exigencia, de coordinar a cinco personas para que toquen bien y ayudarlos para que graben un buen disco. Somos conscientes de que todo eso ya lo hicimos como músicos y lo disfrutamos en su momento. Ahora estamos en otra cosa”.
–¿Qué es lo que buscan en una banda en el momento de producirlas?
Guyot: –Buscamos canciones que nos gusten, que por ahí no están terminadas o no tienen definido el estribillo, pero que tienen ya la esencia de la canción. Nosotros no inventamos nada, porque, si no, todos los discos sonarían parecidos. Si una banda no tiene las canciones, los productores no podemos hacer nada.
–¿Y cuál es la clave del productor?
Toth: –Comprometerse con la banda con la que trabaja. Hay gente que no se compromete con los discos y produce quince por día y gana más plata. Pero es una falta de respeto, para uno y para los músicos que te contratan. En eso somos muy obsesivos, como también lo fuimos cuando teníamos un grupo propio.
Caso dos: Zeta
El bajista de Soda Stereo es otro caso serio. El pico de popularidad en el que el grupo se despidió para siempre con aquel “gracias totales”, en 1997, puso la lupa sobre el futuro de los tres integrantes de la Gran Bestia Pop. Pero lo cierto es que en casi diez años, el único que continuó arriba de los escenarios fue Gustavo Cerati. Mientras Charly Alberti mantiene su bajo perfil, ahora Zeta Bosio divide sus actividades en tres: dirige artísticamente un sello discográfico, conduce un ciclo en la televisión por cable (“Rock Road”, por Much Music) y está al frente de un programa radial (“Abbey Road”, por FM X4).
“Siempre me gustó experimentar cosas nuevas y las ganas se mezclaron también con la necesidad”, dice desde las oficinas de Alerta!, el sello que timonea desde hace cuatro años. “Cuando se terminó Soda, empecé a buscar caminos que me ligaran con la música desde otro lugar y Alerta! me dio esa posibilidad.”
Zeta asegura que durante los primeros años del sello actuó como “un artista”, pero luego se dio cuenta de que ése ya no era su rol. “Tuve que cambiar mi cabeza y entender que mi trabajo era el de un empresario, no el de un músico. Aunque ahora, con más experiencia, puedo hacer un mix de las dos cosas, porque el romanticismo del artista está bien y eso termina por ganarle al negocio, pero a veces hay que tener la frialdad de un empresario.”
–¿Te costó el cambio?
–No mucho, porque en Soda, de cierta forma, éramos muy partícipes de todo, tomábamos decisiones empresariales todo el tiempo, interveníamos en las escenografías tanto como en la programación de las giras. En ese sentido, encontré en Alerta! mi lugar en el mundo: un espacio donde puedo abarcar todas las áreas.
–¿No vas a volver a grabar un disco?
–La verdad es que ahora estoy metido en esto y no lo quiero abandonar y si hago algo, quiero hacerlo dentro de este entorno. Existe un plan de armar algo para el segundo semestre de este año, pero no quiero meterme presión
–¿Qué es lo que más extrañás de la vida de rockero?
–La adrenalina que te invade cuando subís a un escenario. La otra vez toqué con Catupecu Machu y fue como hacer un deporte extremo, como tirarse de un paracaídas. Sentir esa cosa del público, la fuerza de la música, el volumen, el poder… cuando volvés a probar esas cosas, la nostalgia te pega.
Caso tres: el Vaino
Aníbal Rigozzi, el Vaino, fue guitarrista de Los Fabulosos Cadillacs hasta 1998, momento en el que guardó su guitarra en el estuche y se pasó del otro lado del mostrador rockero, convirtiéndose en manager de la banda. “En su momento lo sentí como un lindo desafío: armar todo de cero, mi propia oficina, crear un grupo de trabajo, juntarme con gente, hacer el management de otra forma, con la experiencia de conocer qué es lo que realmente quieren los músicos”, dice desde la oficina donde ahora controla los vaivenes de la carrera de su amigo Vicentico.
–¿Qué fue lo más difícil de dejar la música?
–Creo que fue estar y no estar al mismo tiempo, entender que seguís en el grupo, pero en otro rol. Siempre con los chicos lo comparábamos con el jugador que pasa a director técnico. Aunque en mi caso me parece que todo resultó más fácil, debido a la trayectoria que tuvieron los Cadillacs. Después de tocar quince años en la banda me di todos los gustos, hasta el de tocar como soporte de los Red Hot Chili Peppers en Suiza.
El hombre que logró el mejor contrato discográfico de un grupo de rock argentino (el que hizo que Los Fabulosos Cadillacs firmaran con BMG por una suma millonaria) sostiene que el rock no es lo único que abandonó, sino que al elegir la vida de manager también dejó de lado su otra profesión: la arquitectura. “Siempre me gustó la historia del manager; de hecho, antes de serlo oficialmente, yo era el vínculo entre la banda y los managers que pasaron.”
–¿Fantaseás con volver a tocar la guitarra en un grupo?
–Hace poco nos volvimos a juntar todos para grabar un tema para un disco homenaje a Andrés Calamaro y me agarró un poco de nostalgia, pero me costó mucho en su momento despegarme de la música y no quiero volver a confundirme. Lo que sí estuvo bueno es que, gracias a mi hijo, volví a amigarme con la guitarra y ahora armé de nuevo todo el set en mi casa. Además, no es que me haya desconectado por completo de la música, sino que sigo vinculado con todo ese mundo desde un lugar donde, incluso, me siento más productivo que cuando tocaba la guitarra.
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