
Creamfields, o bailando bajo la lluvia
Más de 50 mil personas disfrutaron de 15 horas de música en Costanera Sur
1 minuto de lectura'
Uno más y fue el más grande. Establecido con una sólida sede en Buenos Aires, Creamfields superó anteayer todos los parámetros que lo definían hasta ahora. Porque el festival de música electrónica de origen inglés (comenzó en Liverpool, en 1998) logró reunir en su cuarta edición porteña a 55 mil personas en un predio preparado para el disfrute de todos los placeres mundanos. Una ciudad en miniatura -y gigante, a la vez- que durante 15 horas mantuvo a sus habitantes en permanente tránsito danzante, con una sonrisa en la boca que ni siquiera la lluvia de la madrugada pudo borrar.
Desde las tres de la tarde, horario de apertura de las puertas, la nueva sede de Costanera Sur se reveló gratamente ante los ojos de los seguidores de la cultura dance, una tribu que este año creció con una suerte de puesta en moda del género. La ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors ofreció más de 13 hectáreas para un montaje estructural de ágil circulación y visualmente atractivo, que mantuvo latente su variedad de propuestas sónicas en diez espacios diferentes.
Si la programación artística del festival demoraba para después de la medianoche a una primera línea histórica de DJ internacionales -desde el famoso inglés Paul Oakenfold y el dúo Deep Dish hasta los indiscutidos Jeff Mills y Darren Emerson-, lo que sucedió antes en el escenario principal dio serias muestras de que el matrimonio entre el rock y la música electrónica vive una prolongada luna de miel.
La primera prueba de este feliz enlace musical quedó a la vista cuando, cerca de las 20.30, la Zuker XP subió al escenario principal frente a una audiencia exuberante. Con sombrero, camisa y moño, Zuker -DJ argentino y rocanrolero por excelencia- le puso proa a un show de 40 minutos que incluyó en sus originales reversiones a ACDC, Van Halen, Franz Ferdinand, Peaches y Beastie Boys, hasta generar en un mismo tema la convivencia entre los franceses Daft Punk y el dúo norteamericano Outkast, entre otros mestizajes.
Sin duda, la antesala fue inmejorable para el recital que devolvería al grupo Catupecu Machu a Creamfields -ya habían participado en la versión 2003- que, con un Fernando Ruiz Díaz verborrágico y arengador al frente de la formación, partió de "Eso vive" y llevó adelante un repaso discográfico que terminó con el enérgico "Dale".
Mientras las carpas de techno, house y sonidos alternativos hacían valer su declarado non stop, el arribo del plato fuerte de la noche empezaba a ejercer las propiedades de un imán humano.
Con media hora de demora -la máxima registrada, respetable para tamaño despliegue de artistas y espacios-, la presencia de Groove Armada llegó en simultáneo con el primer gran chaparrón de la jornada. Poco importaba el agua para los protagonistas de esta fiesta, que se trasladaban en un éxodo masivo hacia el outdoor stage: cualquiera que clavara su mirada en un punto no podía sino verse envuelto en un mar de cabezas saltarinas. Acudiendo a su versatilidad rítmica, la banda británica se movió del downtempo instrumental al funky disco o al hip-hop y sorprendió por la consistencia de una formación que transpiraba rock and roll.
El exitoso track "My Friend" puso a la morena Valerie M. en escena, dando la primera pauta de lo que en el transcurso del concierto sería una amable contienda de voces entre ella y MAD, el MC cuya voz es marca registrada de hits de la agrupación como "Superstylin", uno de los temas más festejados de los bises. "Easy", "Purple Haze" y "I See You Baby" fueron otros de los pasajes sobresalientes del repertorio de grandes éxitos preparado para el debut de la armada del groove en Buenos Aires, que se las ingenió para jugar con bases de jazz sin escatimar la cuota dance que la multitud estaba esperando.
Una vez terminado el show de Groove Armada (ver recuadro), la medianoche abrió el juego entre las carpas y fue a partir de entonces cuando el público optó por hacer uso de la diversidad de propuestas que caracteriza a Creamfields. Para empezar, unos tragos al ritmo del pope Rob Da Bank en el Metrodance Lounge, la carpa blanca de la radio que concentró, asimismo, a un grupo de famosos con rótulo de cool y al staff de la FM.
Luego, un paseo nocturno por los stands superdiseñados donde los sponsors hicieron su apuesta recreativa: desde encerrarse en una cápsula plástica con aire mentolado para promocionar chicles hasta presenciar cómo una artista realizaba una escultura en hielo en el lanzamiento informal al mercado de una nueva bebida gaseosa.
Por último, la hora de la decisión más difícil: dónde bailar. Los segmentos horarios de 3 a 5 y de 5 a 7 concentraron grandes figuras con variedad de estilos. Mientras los iraníes Deep Dish mantenían el liderazgo del escenario al aire libre, a Erick Morillo no le cabían los fans en la Arena 1, donde remató un set que se esperaba fuera de house con un remix de Nirvana. En la vereda de enfrente, el pequeño James Zabiela llevaba al éxtasis a las diez mil personas que superpoblaban la Cream Arena y Dub Pistols invitaba desde otra zona del predio a repasar la banda de sonido de la película "Trainspotting".
La confirmación
Protegidos con los rompevientos de colores que regalaba una conocida marca de audio, al reparo de sombrillas con logos de cervezas o, simplemente, acudiendo al calor del cuerpo para contrarrestar el frío inusual de esta noche de noviembre, la gente le dio nuevamente el sí al festival más importante en su género y permanenció en clima festivo hasta el tímido amanecer, que se ocultó en un cielo blanco y pleno.
La cita con Hernán Cattáneo, el DJ argentino que juega en la liga mundial, estaba pautada a las 5 y, entonces, nadie quiso perderse el emotivo reencuentro con el embajador. A la bienvenida no le faltaron cánticos ni estrellitas ni bengalas.
Su set fue el broche de oro de la edición más contundente de Creamfields en Buenos Aires. Por convocatoria, por artística, por montaje, por producción. Porque para un año donde el dance dio repetidas pautas de su avance en las preferencias de los jóvenes, ésta fue la mejor confirmación.
1
2Cómo vivió Mirtha Legrand las horas previas a su cumpleaños: un reencuentro, un detalle en la vajilla y un premio
- 3
Inés Estévez: su deseo de escapar del estereotipo y por qué siente que, aunque “no encaja” en este mundo, el trabajo la salva
4Robbie Williams regresa a la Argentina después de 20 años con un show en el Movistar Arena: cómo conseguir las entradas


