Cyndi Lauper, la cantante que quería bailar
La intérprete vendrá a Buenos Aires con su flamante Bring Ya To The Brink, un álbum dance con el que intenta tomar por asalto las discotecas
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La reacción más frecuente cuando uno menciona a Cyndi Lauper por estos días es una pregunta: "¿Qué es de la vida de Cyndi Lauper?". La propia Lauper se encarga de develar la incógnita desde el otro lado del teléfono desde Florida, con ese acento nasal del Queens neoyorquino tan característico como su sentido de la moda: "Me vas a odiar. Estoy tomando sol en la playa y el agua está tan caliente que no se puede nadar. Es el calentamiento global, ¿sabés?"
Es que Lauper, de 55 años, no sólo está vivita y coleando, y muriéndose de calor en Florida, sino que sigue trabajando furiosamente: hace poco se lanzó en nuestro país su álbum Bring Ya To The Brink , casi enteramente pensado para las discotecas y el primero con canciones nuevas en casi diez años (desde Sisters of Avalon, de 1997), que presentará el 21 de noviembre próximo en el Luna Park y el 23, en el Orfeo Superdomo de Córdoba.
Lauper no tiene problemas en reconocer que no es nada tímida en su ambición: volver a ser reconocida por su música y no por su colorida personalidad. "Me cansé de las cosas viejas, de las canciones viejas, quería nuevos tiempos y cosas nuevas. Energía". Algo que seguramente necesitará para lograr hacerse fuerte en el terreno de su otrora mayor rival, Madonna. Rival a quien alguna vez despachó con un sintético "¿Quién es esa Madonna?" y, en otras ocasiones, con un considerado "Nunca podría hacer lo que ella hace ni llevar su vida".
La vigencia de la Chica Material-y el renovado furor por sus próximos conciertos en nuestro país, sólo quince días después del de la Chica Inusual- pone de relieve las diferencias entre carreras que no solían ser muy distintas. Después de todo, Lauper vendió 16 millones de copias de She s So Unusual (1984) gracias a "Girls Just Want To Have Fun", "Money Changes Everything", "Time After Time" y "She Bop", canciones que aún hoy siguen siendo versionadas por todo tipo de artistas, con resultados ídem (la juvenil Miley Cyrus es la última en intentar el primer single de Lauper).
Los cortes modernos
En estos diez años sin nueva música -pero con dos discos, At Last , de estándares, y The Body Acoustic , con versiones minimalistas de sus éxitos, que le permitieron dar la vuelta al mundo varias veces-, mucho ha cambiado en el mundo y la industria discográfica. Por caso, Lauper, una de las musas de MTV en sus comienzos, cuando la música aún era el centro de su programación, se ha convertido en una fija de VH1, la señal para mayorcitos del conglomerado televisivo que le dio su inicio como directora de videos.
"Pero lo más importante que ha pasado en estos años es que las mejoras tecnológicas -enumera la intérprete, que no tiene problemas en confesar que quiso bajarse el último disco de Radiohead de Internet y no supo cómo- han permitido que ningún músico pueda decir, de aquí en adelante, que no puede hacer lo que quiere. Nadie se puede interponer entre nosotros los músicos y el sonido que queremos. Las discográficas ya no pueden decirte, como hacían en mi época: «Si decidís hacés esto, me voy a asegurar de que no vuelvas a grabar un disco en tu vida». Ahora existe ProTools e incluso una versión más barata de ProTools que hasta alguien como yo puede operar. Uno puede hacerlo todo." Y ella, sin dudas, parece querer intentarlo (ver recuadro).
Lauper tampoco es la misma a los cincuenta: su característica pirotecnia capilar ha sido reemplazada por un discreto platinado a pedido de su hijo Declyn, bautizado en honor a su amigo Elvis Costello ("yo sabía que era muy importante para él que mientras le buscara colegio no me apareciera con el pelo verde", explica) mientras que su imprevisible estilo, copiado por millones de impresionables jovencitas que terminaron cubiertas de tules y calzas de colores allá por mediados de los años 80, es ahora un parangón de sofisticación neoyorquina -o casi-, a tono con lo que considera un retorno a las fuentes con este nuevo álbum.
El disco, grabado mayormente en Europa, cuenta con colaboraciones de Lauper con Basement Jaxx (la muy interesante "Rocking Chair"), Digital Dog ("Give It Up"), Dragonette ("Grab a Hold", oportunidad para que Lauper despliegue su rango vocal en una balada más que elegante) y Kleerup ("Lay It Down"). Y las colaboraciones parecen seguir: luego de la salida del disco, Lauper grabó dos canciones para Here Lies Love, la ópera de David Byrne sobre Imelda Marcos, aquella primera dama filipina famosa por su obsesión por los zapatos (el ex Talking Heads comentaba sorprendido en su blog: "llegó una hora y media tarde, así que esperaba que me viniera con cosas de diva, pero no fue así. No sólo es una cantante maravillosa desde el punto de vista técnico, sino que además puede modular su performance para expresar los estados de ánimo de los personajes. Era exactamente lo que necesitaba para el proyecto").
Según pasan los años
Pero hay algunas cosas que no cambian con el tiempo y hablar con Cyndi Lauper por teléfono es una experiencia muy semejante e igual de divertida a la que retrataba el video de "Girls Just Wanna Have Fun", con todos esos teléfonos de colores de cable largo a través de los cuales la cantante se despachaba con larguísimos párrafos que culminaban con un guiño cómplice y un enrulado de mechón con el dedo.
Véase, si no, lo que tiene que decir la cantante sobre la génesis de su nuevo disco: "Me hice muy amiga de Alan Cumming cuando hicimos La ópera de tres centavos, de Brecht, en 2006. Cada noche, después de la función, nos íbamos a bailar por ahí y yo no paraba de pensar en que extrañaba bailar con todos y conmigo misma. Así que me puse a investigar los movimientos y los artistas que estaban dando vueltas por el mundo dance y también del pop. Sabía que la gente del dance es muy innovadora; suelen ser productores además de intérpretes, y por eso nos terminamos comunicando a la perfección, porque están completamente de remate. Es como trabajar con el Sombrerero Loco de Lewis Carroll. Y lo que aprendí con Bring Ya... es que hacer un disco es como un nuevo corte de pelo ¿Viste que cuando te cortás el pelo y salís de la peluquería y te mirás en las vidrieras y te parece que te equivocaste, pero al día siguiente mágicamente todo encuentra su lugar? Eso pasó con el disco: no enseguida, pero sí finalmente."
La grabación del disco incluyó una prolongada residencia europea en busca de un nuevo sonido que fuera clásico y pertinente, explica, y que corrió en paralelo con una obsesiva reescritura de las letras de sus canciones. Obsesión que Lauper sintetiza con un "me convertí en una máquina de escribir. Escribí y escribí. Y viví como vivía antes de hacerme conocida. De hecho, decidí vestirme de negro, pensando que así iba a pasar desapercibida, pero debo reconocer que me veía muy rara. Ahí descubrí que cuando uno es joven, ser excéntrico es adorable, pero cuando uno es mayor, lo que era adorable se torna medio terrorífico. Lo que no fue malo: como la gente me tenía miedo, pude vivir tranquila. Ahora quiero volver".




