
Daniel Rivera
El pianista rosarino estrenó el nuevo piano de gran cola de la Comunidad Amijai
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Intérprete: Daniel Rivera (piano) / Programa: dedicado completamente a obras de Franz Liszt, en el Bicentenario de su nacimiento / Sala: Templo de la Comunidad AMIJAI.
El recital del pianista rosarino Daniel Rivera –que se encuentra radicado en Italia desde 1973, cuando ganó un concurso organizado por el Mozarteum Argentino y el Fondo Nacional de las Artes– adquiría significación por algunos detalles ciertamente valiosos; uno de ellos, el de venir avalado por una carrera internacional que incluye una interesante participación en los Martha Argerich Presents Project, que respalda la distinguida pianista y pedagoga argentina.
Pero en esta corta visita, Rivera ofreció un recital que tuvo un valor agregado con el hecho de que, por fin, en Buenos Aires se ha adquirido un nuevo piano, el que sólo ha de ser usado –es de esperar que esta presunción sea confirmada con el tiempo– únicamente por pianistas conocedores de cómo conservar indemne por el mayor tiempo posible su maravilloso mecanismo.
Justamente uno de los mayores méritos del recital fue el de escuchar a un pianista poseedor de una escuela de primer orden que en ningún momento se extralimitó en la elección de los sonidos más voluminosos cercanos al golpe o la distorsión. Por el contrario, la dinámica elegida en el amplio rango de intensidades que permite el noble instrumento fue otro de los hallazgos en este encuentro musical.
Sin embargo, con la audición de un programa poco feliz en la elección de las obras –Liszt se vio perjudicado hasta el punto de crear, en especial durante la segunda parte, una sensación de tedio– a nuestro juicio proveniente del protagonismo de contenidos únicamente dedicados a la destreza y pirotecnia que el compositor austríaco seguramente provocaba en tren de hacer gracias ante sus amistades.
Inspiración
Por fortuna hubo dos momentos musicales en los que se alcanzó otra dimensión: con Nuages gris (Nubes negras), página significativa, poética e inspirada; que de algún modo prenuncia una inminente modificación de la estética musical romántica, y con "Funérailles", del ciclo Armonías poéticas y religiosas, acaso una cumbre de la música del más genuino romanticismo, pero que además implica una suma impresionante de todos los recursos que diez infatigables servidores –llamados dedos– pueden construir sobre una hermosa pista en blanco y negro.
Luego del largo momento de seis Etudes d’exécution transcendantes, en el que incluso "Fuex Fellets" resultó una limpia ejecución, pero sin mayores variables de matices, Daniel Rivera (a quien sin duda se le debe reconocer una memoria admirable y un recogimiento en la intimidad de su mente para relajar espalda, brazos, manos y dedos) sumó tan sólo un agregado, justamente el que agradó más a la mayoría de los asistentes por su sencillez e inspiración: el tercer nocturno Sueño de amor, que es una especie de bella canción para enamorados y con el que el excelente piano de Amijai quedó profundamente agradecido.
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