De Thelonious Monk y otras músicas
Se lanzan reediciones de discos recuperados de los archivos jazzísticos de los sellos RCA y Columbia
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Parece un pianista con una cabeza imaginada por Julio Cortázar y con manos que fueron delineadas por Salvador Dalí. Así de genial, imprevisible y, al mismo tiempo, irresistible resulta Thelonious Monk, considerado uno de los principales músicos de la historia no sólo por haber compuesto un puñado de inoxidables temas (como "Round Midnight", "Straight No Chaser", "Ruby My Dear", "Blue Monk"), sino, fundamentalmente, por haber llevado el jazz hasta el límite de sus posibilidades y, desde allí, tomarlo como punto de partida para una travesía libre, inquietante, reveladora.
Sorprende y divierte con sus irreverencias, con su manejo de los tiempos y de los silencios, lo que le valió haber podido escapar de los rótulos y haber sido muchísimo más que el padrino del bebop, como algunos críticos pretendieron encasillarlo.
El que lo escuche por primera vez descubrirá que es altamente adictivo: cuando su piano parece ir en una dirección, Monk da un viraje y rompe las reglas. No por nada, su técnica o su "antitécnica" han sido motivo de febriles debates entre teóricos del jazz. Y quien ya lo haya escuchado, habrá podido comprobar que en cada audición de sus discos se puede encontrar algo distinto, alguna arista oculta que misteriosamente aparece y que agiganta la leyenda del hechicero de barba mefistofélica, sombrero chico y talento gigante.
En estos días, Monk reaparece por partida doble en la Argentina: se acaban de editar el magistral Live At The It Club , grabado en vivo, y Carmen Sings Monk , el imprescindible tributo de la cantante Carmen McRae a su amigo Thelonious, de 1988.
En el primer caso se trata de un álbum doble que rescata material incandescente de sus conciertos del 31 de octubre y del 1º de noviembre de 1964 en el club It de Los Angeles, que fue editado originalmente en 1982, pero sólo en 1998 fue remasterizado y llega ahora con un sonido imponente. Aquí, Monk vuelve a asociarse a Charlie Rouse en saxo tenor y, junto a Larry Gales en contrabajo y Ben Riley en batería, sacuden las estructuras del club It y, sobre todo, las cabezas de los concurrentes y de los privilegiados que 43 años después puedan disfrutar de estos discos.
El álbum de McRae, que siempre quedó injustamente opacada por el brillo de Billie Holiday, Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan en el santuario del jazz vocal femenino, probablemente sea el mejor de su carrera. La misión parecía imposible, pero la cantante norteamericana se interna en las profundidades del complejo repertorio de Monk y recorre las huellas que había dejado el piano con una voz y con un sentimiento que logran darles nueva vida a sus composiciones más reconocidas.
El mismo Charlie Rouse (que estuvo once años al lado de Monk), el saxofonista Clifford Jordan, los pianistas Eric Gunnison y Larry Willis, el contrabajista George Mraz y el baterista Al Foster se suman a este álbum imperdible.
Pero Monk no está solo. Estas reediciones de Sony/BMG son apenas dos de un pelotón que incluye perlas diversas del catálogo de RCA y de Columbia: Live At Carnegie Hall , de 1978, del gran saxofonista Dexter Gordon; Expectations , de Keith Jarrett, recomendable disco doble del pianista, de 1971, con Dewey Redman, Charlie Haden, Paul Motian y Airto Moreira; The Bridge , álbum esencial del saxofonista Sonny Rollins, de 1962; Tijuana Moods , de 1957, inspirado fruto de un viaje a México del contrabajista Charlie Mingus, en una edición doble y llena de versiones alternativas; Far East Suite , una de las obras más famosas de Duke Ellington, de 1966, con Johnny Hodges, Paul Gonsalves, Cootie Williams y todo el elenco de estrellas del maestro y de su socio, Billy Strayhorn; A Night in Tunisia , un legendario disco de Art Blakey y sus Jazz Messengers, grabado en 1957, con Jackie McLean y Johnny Griffin derritiendo sus saxos entre los tambores del increíble baterista, y Djangology , del guitarrista Django Reinhardt, con el Hot Club de Francia y el violinista Stéphane Grappelli, un álbum grabado en Roma en 1949 y necesario para volver a acercarse a este músico belga, de origen gitano y de un corazón que sólo late al ritmo del swing.




