
De Venado Tuerto a París
El músico argentino desarrolla una sólida carrera en Europa
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PARIS.- Al final de una larga conversación en su departamento parisiense, sonriendo y sabiendo que no era tarea sencilla, Gustavo Beytelman termina por autodefinirse, "músico y compositor, en ese orden". Es que a diferencia de la gran mayoría de los artistas y de los seres humanos en general, Gustavo ha recorrido un larguísimo camino a lo largo del cual ha exhibido diferentes facetas, todas ellas, con singular fortuna. Ahora, antes del estreno de su última composición y con un viaje a la Argentina en el horizonte mediato, explica las peculiaridades de su historia. O el porqué de este presente, que es casi lo mismo.
Los bailes del club
"El comienzo está en Venado Tuerto. Al lado de mi casa, se desarrollaban los bailes del club Central Argentino, al cual llegaban, entre muchas más, las principales orquestas de tango. Yo alcancé a escuchar las orquestas míticas de Angel Vargas con D´Agostino, la de Pugliese, a Salgán con Goyeneche, la de Troilo varias veces. Con mi papá, un músico aficionado, tocábamos tangos, él en violín y yo en el piano, pero también jazz, otras músicas populares y algo de música clásica, siempre de oído."
Después marchó a Rosario donde estudió esencialmente piano hasta que, en 1968, se dirigió a Buenos Aires con una meta clara: "Desde el jazz había llegado a la música del siglo XX y había decidido que quería ser compositor de música contemporánea, como Berio o Stockhausen. Por lo tanto, fui a estudiar con Francisco Kršpfl". Pero el diablo metió la cola y el objetivo quedó en suspenso por una actividad que surgió de la nada: "Me llamaron de Rosario y me propusieron escribir la música para un documental que se llamaba "Eva Perón, una mujer, un pueblo". La película fue prohibida por Lanusse, pero igual se exhibió de forma privada. Así la vio Torre Nilson y se interesó por la música. Al poco tiempo, estaba escribiendo la banda de sonido para "La mafia"".
Durante los siguientes años, Beytelman se transformó en el principal proveedor de bandas de sonido de la Argentina escribiendo varias decenas de composiciones para películas como "Quebracho" o "Los gauchos judíos" y, como él mismo lo señala, "también una larga serie de partituras irrecuperables. Pero fue una experiencia riquísima. Adquirí una mano increíble en la escritura orquestal, aprendí a relacionar la música con la imagen y a defender mis propios puntos de vista. Paralelamente, me hice arreglador profesional, especialmente para el nuevo rock nacional. Obviamente, esto significó un desvío de mis propósitos originales. Seguí colaborando con Nueva Música, pero escribiendo muy poco, casi nada".
A Francia
Con el advenimiento de la dictadura, en 1976, marchó presurosamente a París, ciudad en la que reside desde entonces. "En el medio de la debacle de los golpes políticos y humanos, cuando todo se caía, descubrí que había una lengua materna, a la cual siempre había menospreciado, y que era el tango, aquel que había oído y disfrutado cuando era chico y que había tocado seriamente sólo en una oportunidad, en Rosario, con la orquesta de Domingo Federico." Tras muchos escarceos, en los años 80, con el bandoneonista Juan José Mosalini y con el contrabajista francés Patrice Caratini conformaron uno de los grupos más importantes del tango argentino en Europa. "El trío tuvo una intensísima actividad durante doce años y creo, humildemente, que nos merecemos un espacio dentro de la historia del género. Recreábamos tangos de todos los tiempos y presentábamos composiciones nuevas, mayormente mías, con una sintaxis diferente, con articulaciones formales y arreglos nuevos y procesos armónicos inusuales. Lo que hacíamos era absolutamente original."
El jazz, el cine, los arreglos, después el tango, Beytelman seguía postergando aquel objetivo inicial de la composición contemporánea. "Hace unos ocho años, decidí apartarme del trío y dedicarme de lleno a la composición. Tengo ya escritas y estrenadas unas cuarenta composiciones que son el resultado de mi historia personal. En este sentido, mi modelo es Alban Berg, un compositor que podía ser tonal, atonal o dodecafónico según la ocasión y la necesidad. Yo soy un verdadero polivalente y mi música es un puzzle armado con varias lenguas a las que conozco de manera responsable. Puedo pasar del jazz al tango o de las armonías clásicas a las técnicas compositivas más actuales sabiendo perfectamente cuáles son sus códigos y cuáles sus convenciones."
Armado el rompecabezas y satisfecho con su polivalencia y su nueva actualidad, el próximo 14 de febrero, dentro del festival "Presencias", que se hace anualmente en París, Gustavo estrenará su última composición, una obra para cuarteto de jazz y orquesta de vientos encargada por Radio France. Y, para seguir con las multiplicidades, en junio próximo, llegará hasta el Teatro San Martín, para presentar "Tango, otra mirada". "Es un trabajo que, por idea de Francisco Kršpfl, ya hicimos en Europa con Javier Leichman. Vamos a presentar tangos clásicos y contemporáneos con un trío de piano, bandoneón y bajo, combinados y enfrentados con sonidos electroacústicos, utilizando un sistema de ocho canales, dos para los instrumentos acústicos y el resto para los sonidos que Javier generará en vivo con sus aparatos. Me parece que la novedad es que hemos "osado" meternos con las notas tradicionales, normalmente intocables, lo que les da a estos tangos otra perspectiva."
Por último, la pregunta es cómo el resto de los músicos recibe o aprecia su polifuncionalidad. "En general, me ignoran. Las historias de los prejuicios y los desprecios son muy complejas. En Europa, los amantes del tango me aceptan aunque sin fanatismos. Pero para los compositores académicos no existo. Más que la música, no aceptan mis prácticas. Desde hace seis años, dirijo el departamento de tango del Conservatorio de Rotterdam. Una vez por mes viajo a Holanda a dar una masterclass sobre práctica de tango. Habitualmente, en los pasillos, me encuentro con músicos "clásicos" que saben quién soy, pero no me saludan. A estas alturas, habiendo sabido valorar todas mis experiencias con la música, la respuesta está en mis obras y esa ignorancia me es absolutamente indiferente. Me siento sumamente conforme con mi producción y mi originalidad." Y fue en ese momento y en ese contexto que Gustavo acudió a la sonrisa para afirmar que primero es músico y sólo después compositor.
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