Desembarco argentino en Madrid

Importante participación en la ópera de Mozart con la que concluyó la temporada del Teatro Real
(0)
20 de julio de 2009  

MADRID.- Una vez más, la reposición de Las bodas de Fígaro con que el Teatro Real concluyó su temporada 2008-2009 puso en evidencia cierta tendencia de los medios, especialmente en Madrid, a olvidar el trabajo de artistas argentinos o, por lo menos, a obviar su identificación nacional.

Esta actitud, que por cierto no se aplica a las estrellas del futbol o del rock, es bien notable cuando se trata de creadores y de técnicos cuyos nombres no figuran iluminados en las candilejas, aunque se trate de artistas imprescindibles y decisivos.

Austeridad y Goya

El público del Teatro Real, que el pasado sábado 11 asistió a la primera función de Las bodas de Fígaro , no tuvo que hacer ningún esfuerzo de ubicación, porque aun antes de concluir la obertura, la atmósfera característica de Sevilla ya se desplegaba inequívocamente sobre el escenario.

Este encuentro inicial con la pura verdad mozartiana no fue conseguido por sus realizadores con obviedades ni lugares comunes, y la escenografía se convirtió en un personaje esencial para cada una de las escenas. No hubo nada pretencioso ni meramente decorativo. Y fue especialmente en la austeridad y el color de los ámbitos en los que el escenógrafo Daniel Blanco mostró la altura de su dimensión plástica. Daniel Blanco es argentino.

Por su parte, Renata Schussheim, en su tarea de figurinista, contribuyó de manera decisiva a la comunicativa belleza del espectáculo. Estudió la pintura de Goya y trabajó con colores durazno, rosa, naranja pálido y los tonos tan peculiares de la paleta goyesca que fueron aplicados a la gente del pueblo. La Condesa lució el peinado de las Majas y la coleta que le colocó a Fígaro es la réplica exacta de la que estaba de moda entre los jóvenes rebeldes. Su labor en esta versión de Las b odas... se recordará por el despliegue de buen gusto. Como se sabe, Renata Schussheim también es argentina.

Actores vs. cantantes

La funcionalidad y la convicción de la puesta escénica logradas por este binomio con recursos de tan evidente refinamiento plástico concentraron el mayor interés del espectáculo, hasta tal punto que ciertas debilidades registradas en el canto pudieron pasarse por alto y ser olvidadas. Lo más llamativo es el hecho de que todos los integrantes del elenco se movieron con gran solvencia actoral y estatura de comediantes, gracias a que en la régie tuvieron un maestro de actores como Emilio Sagi. Pero prioritariamente para cantar en Las bodas de Fígaro hay que estar en inmejorables condiciones vocales. Y esto ya no lo arregla ningún maestro ocasional, ni siquiera un director de orquesta con la autoridad de Jesús López Cobos, que, desde el primer compás de la obertura, sostuvo un ritmo de incesante excitación y desplegó una orquesta de notable transparencia y, sobre todo, pureza de estilo.

Excepciones

En el elenco de cantantes, hubo dos excepciones bien patentes. Una de ellas fue Raúl Giménez, a cargo de Don Basilio. Cuando apareció en escena, todos notaron que irrumpía un gran actor de amplio margen expresivo y firme color vocal. Como a veces sucede con este personaje, en ningún momento cayó en excesos de dudoso gusto, bufonerías ni gesticulación amanerada. La otra excepción fue Soledad Cardoso en uno de los roles más encantadores de la obra, el de la enamoradiza Barbarina. Con una voz de gran frescura, actuó alternativamente chispeante, celosa, pícara y, especialmente, tierna en la "música nocturna" de la cavatina, al comienzo del 4º acto. Tanto Giménez como Cardoso son argentinos.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.