Diego Amador, la oveja negra del talentoso clan flamenco
El pianista y cantor presenta su cruce entre Paco de Lucía y Miles Davis
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Diego Amador, pianista, compositor y cantaor, pertenece a una casta gitana, una de las más revolucionarias para el flamenco del siglo XX. Su padre, Luis Amador, fue guitarrista de legendarios artistas como Antonio Mairena y Remedios Amaya y le enseñó los mandamientos de un buen artista: "Amar la música y los músicos. Nunca critiques. Sé un buen anfitrión".
Sus hermanos Raimundo y Rafael Amador fundaron el grupo Pata Negra, que revolucionó la escena flamenca con un sonido que navegaba entre las bulerías y el blues psicodélico de Jimi Hendrix. "Ellos fueron los pioneros del mestizaje. Venían del flamenco puro y tradicional, pero cuando escucharon Hendrix, Purple y King Crimson se volvieron locos."
Diego, el menor de ocho hermanos y el niño mimado de este clan familiar, no podía ser otra cosa que músico, en una casa con tanto arte. "Mi padre, los vecinos y los amigos bajaban a tomar el fresco debajo de un árbol y entonces agarraban la guitarra y se ponían a tocar y cantar -recuerda Amador-. Los viejos nos contaban historias antiguas de los gitanos y después los niños jugábamos a ser artistas con la guitarra en las manos para enamorar a las chicas. No jugábamos a la pelota, sino a explorar el arte y amarlo."
En una familia de ovejas negras, Diego Amador se volvió una oveja negra más. Si el instrumento natural del flamenco era la guitarra, Diego optó por el piano y el jazz de Miles Davis y Chick Corea. "A mí me cambió la vida cuando mis hermanos trajeron sus discos. Tocaba algunos acordes, pero cuando escuché esos discos quise ser pianista. Quería imitar los solos de Corea. Creo que estudié más con esos discos que un músico de conservatorio", cuenta Amador.
Esos elementos del jazz se transformaron en una llave para abrir las puertas al sonido flamenco del siglo XXI desde su primer disco, El aire de lo puro (2001), hasta su nuevo material, Soy de las 3000, que presentará mañana, a las 21, en la sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037).
Su sonido fue una revelación para el ambiente. Capturó la atención de los aficionados al jazz y de los seguidores más puristas del género flamenco. "Me empapé mucho del jazz, pero cuando tocaba, naturalmente salía el flamenco. Con el tiempo ése fue mi sello y aquí estoy hoy, recorriendo el mundo como pianista y cantaor", dice sobre su evolución artística.
El músico proyectó así una carrera internacional que lo llevó a tocar con sus ídolos de juventud: Pat Metheny, Chick Corea, Mike Stern y Charlie Haden. "Dios me ha pagado por ser buen estudioso y aficionado a la música. Con el tiempo llegué a tocar con aquellos a quienes admiraba de chico." Amador también recibió la bendición del maestro Paco de Lucía. "Recuerdo que una vez el maestro me llamó por teléfono para felicitarme por el disco Río de los canesteros. Fue como si me llamara Dios. Más importante que ganarme un Grammy."
Hasta que nació el primero de sus dos hijos, que ahora toca con él en su grupo, el cantaor, pianista y compositor vivió en las 3000 Viviendas, uno de los barrios con más talento gitano por metro cuadrado, pero también de los más peligrosos. "Es un barrio un poco heavy y bastante humilde. También es un lugar donde siempre está vigente el arte. Lo mismo que ves a muchos chicos pillados con la droga, todos los vecinos se cuidaban como en una gran familia. Recuerdo que en mi casa siempre había mucha gente por el buen rollo y la música que había ahí. En invierno hacíamos una fogata y nos quedábamos en el patio tocando hasta la madrugada. Siempre había mucha alegría. Recuerdo cosas bonitas, como que mi madre hacía una olla muy grande y venían los vecinos, los primos y los amigos a comer. La mesa siempre estaba puesta. No sé cómo hacían mi pobre padre y madre, pero a ellos les gustaba ese ambiente."
Su último disco, Soy de las 3000, lleva el nombre de ese barrio de Sevilla, y en él explora un sonido entre el latin jazz y el flamenco. "Quería hacer algo original con la timba cubana, pero cantando por flamenco. No quería imitar a un salsero. Suena fresco porque el flamenco y la música latinoamericana siempre han estado tomados de la mano."



