Dorival Caymmi celebra los 90
Nana, Dori y Danilo, sus hijos también músicos, grabaron algunas de sus canciones
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Dorival Caymmi, el venerado patriarca de la música popular brasileña, el que siempre estuvo más allá de las modas y por eso ha escrito canciones para las que el tiempo no pasa, el delicado poeta bahiano que supo cantar con sencillez y dulzura inigualables a su tierra y a su gente, el moreno de voz profunda y gesto amable al que se respeta como a un sabio y se ama como a alguien de la familia, acaba de cumplir noventa años.
Sin demasiado ruido ni demasiada gala (asistió, sí, y muy emocionado, al concierto homenaje que le ofrecieron sus hijos en Río el mismo 30 de abril), porque ya se sabe que Caymmi ama el sosiego, las cosas sencillas, el calor de los seres queridos, la vida sin apuro.
La TV lo visitó hace algunas semanas en su casa y allí se mostró igual que siempre, el pelo blanco, la mirada vivaz y un poco traviesa, la clásica marinera a franjas horizontales que le da un aire de viejo pescador, la mano en las manos de su guapa Stella Maris, siempre cerca desde que se casaron hace mucho, en otro cumpleaños, el de los 26. A su alrededor, los tres hijos artistas, que llevan como herencia el timbre grave de su voz y el amor por la música. Y de fondo, brotando suavemente del equipo de audio, la mejor banda sonora: las voces de Nana, Dori y Danilo cantando un puñado de sus canciones.
Fue el primero y, seguramente, el mejor regalo. Idea de Nana, que convocó a sus hermanos y asegura que si la compañía Warner no se hubiera interesado en producir el CD, como lo hizo, se habría hecho cargo ella misma de la inversión. Porque también sabía que cuando se advirtiera la proximidad de la fecha, "cualquiera que conservara material de Caymmi iba a ponerle cubierta nueva y relanzarlo".
"Es un regalo que quisimos darle al viejo. Sin especiales compromisos estéticos ni intención renovadora ni demasiados arreglos", explicó Dori, que además de compositor, instrumentista y cantante es un cotizado arreglador, pero prefirió respetar los originales y el modo interpretativo de Caymmi porque "a papá no le gustan mucho las modificaciones melódicas ni las revisiones rítmicas".
Quizá porque los tres hermanos nacieron en Río, la selección que hicieron mezcla sambas cariocas y bahianos, títulos clásicos como "A vizinha do lado", redescubierto gracias a la difusión que le dio "Celebridade", la telenovela de la Red Globo que es el actual gran éxito de la emisora, y canciones relativamente recientes como "Severo do pão", compuesta en 1987.
Y vaya que era difícil elegir. Desde que se hizo famoso con "O que é que a baiana tem" (en diálogo con Carmen Miranda) en 1939, Caymmi compuso maravillas como "Vatapá", "Você já foi a Bahia?", "Maracangalha", "So louco", "Marina", "Dora", "Das rosas", "Acontece que eu sou baiano", el tema del film "Gabriela" o la bellísima "Suite dos pescadores". Sin olvidar, claro, aquellas que alimentaron la bossa nova de João Gilberto: "Saudades da Bahia" o el famoso "Samba da minha terra" que sentencia que quien no gusta del samba "está mal de la cabeza o enfermo de los pies".
Poeta y cantor de Bahía
Canciones dulces, juguetonas, melancólicas, transparentes como el mar de Bahía y con una encantadora sencillez que nunca deja ver su ardua elaboración. El mar, la pesca, el amor, la mujer, el fervor religioso, la poesía, la morena de Itapuã y las rosas de abril, Iemanjá y el viento del océano, los sabores secretos de su comida: toda Bahía cabe en canciones que Caymmi compuso porque sí, porque le brotaron del corazón, sin prisa y sin ataduras a contrato alguno. Y así suenan, perpetuamente frescas, cada vez que alguien revela sus tesoros.
Por si queda alguna duda acerca de esos méritos que lo convirtieron en figura ilustre de la música popular y, desde la muerte de su amigo Jorge Amado, el representante mayor e indiscutido del espíritu bahiano, circula en estos días también un álbum doble en que el figuras destacadas de todas las épocas -de Gal Costa a Jacob do Bandolim y de Nelson Gonçalves a Angela Rô Rô- recrean parte de lo mejor del repertorio del muchacho que como decía Amado "creció en la pesca, la serenata, la fiesta del barrio, en las ruedas de samba y los terreiros de santo, viviendo cada instante de su ciudad y de su gente, alimentándose de su realidad y su misterio y preparándose para ser su poeta y su cantor".
Modesto y sereno, con esa conciencia de la fugacidad que habrá cosechado en tantas tardes de contemplar el ir y venir del mar, Caymmi solía confesar que su máxima aspiración -irrealizable, descontaba- era llegar a componer una ronda infantil, "algo que se pierda entre el pueblo", como él definía esos cantos que no tienen autor ni partitura ni fecha de nacimiento y que no son de nadie, sino de todos. Humilde como es, quizá ni se ha dado cuenta de que desde hace rato su sueño está cumplido.



