
Dos caras de Carlos Guastavino
Se reeditaron álbumes que devuelven parte de su obra a los catálogos discográficos
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Parecería ser que la combinación o la sumatoria del pluralismo, la tolerancia, el mayor respeto y, de algún modo, la práctica de la democracia han tenido como consecuencia que hoy sean pocos los que todavía se embanderan, desde la vanguardia, con encono en contra de Carlos Guastavino. Cabe recordar que después de las prédicas de Juan Carlos Paz en contra del "nacionalismo" musical y de las corrientes de la avanzada musical surgidas en el país hacia 1950, era casi de norma que dentro de las obras no debía encontrarse ningún giro folklórico, ninguna referencia sonora a cualquier elemento vernáculo. Era el tiempo del "universalismo".
Casi como una actitud militante, Guastavino no sólo persistió en sus búsquedas, sino que, además, abjuró expresamente en contra de la modernidad, se apartó de sus colegas y se plantó abiertamente en un tradicionalismo a ultranza que, menester es decirlo, le hizo cosechar odios y desvalorizaciones en el campo de los compositores jóvenes y, en paralelo, amores incondicionales en públicos que disfrutaron con sus propuestas musicales.
Lo que poco se recuerda es que Guastavino, además de un compositor romántico y nacionalista, fue un intérprete que recorrió prácticamente todo el planeta tocando únicamente sus propias obras. El CD que ha editado Pretal permite apreciar al compositor tocando las "Diez cantilenas argentinas". Claro que el compacto, al mismo tiempo, tiene ciertas fallas que le restan algunos puntos de su enorme valor testimonial.
Como todo registro histórico, lo menos que se podía haber hecho es consignar cuándo, con qué objetivo y en qué condiciones fueron realizadas las grabaciones o, al menos, hacer alguna referencia que indique la imposibilidad de apuntar dichos datos. Dado que las "Diez cantilenas" fueron escritas entre 1953 y 1958, podría suponerse que la interpretación puede haberse llevado a cabo poco tiempo después de su composición.
También hay que adentrarse en el terreno de las hipótesis para imaginar dónde pudieron haber estado los registros después de su toma y en qué formato. Pero como entre los agradecimientos hay algunos apellidos coincidentes con el del compositor, puede ser que hayan estado almacenados en alguna biblioteca o archivo familiar. Pero si la masterización de los originales logró limpiar de manera satisfactoria cualquier ruido inicial, el proceso no pudo evitar fluctuaciones de tempo y las molestas desafinaciones que de él emanan.
Con todo, hay que sobreponerse a los desconciertos o a las desilusiones que el sonido general promueve y afirmar que este CD es imprescindible. Los defensores del historicismo musical tendrán, obligatoriamente, que prestar atención a los modos a través de los cuales el mismo compositor expone sus ideas. Su toque es preciso, su aproximación es más romántica que nacionalista -dicho de otro modo, Guastavino resalta más las cuestiones "europeas" que las criollistas-, canta con claridad las melodías, se detiene con mínimas respiraciones para destacar los acordes esenciales en sus progresiones armónicas y prescinde de cualquier exageración en la expresividad, en las dinámicas y en los tempi.
En paralelo a este CD, Pretal ha editado también un compacto de Eduardo Falú interpretando a Guastavino en canto y en guitarra. La complementación de ambas placas parece procedente, dado que las lecturas de Falú son diferentes y provienen, concretamente, del campo de la música folklórica. En las dos de las "Diez cantilenas" que interpreta, por ejemplo, se destacan más los componentes criollistas que los clásicos, en tanto que el célebre "Bailecito", siempre escuchado en piano como una pieza romántica, melódica y un tanto lánguida, aquí aparece con su carácter casi picaresco y con un tempo más rápido, propio de la danza del noroeste argentino. Además, por consideraciones que nada tienen que ver con la música, la suma de ambos compactos se ve como muy necesaria: cada uno de ellos se extiende apenas por un poco más de treinta minutos.
Interpreta a C. Guastavino
Eduardo Falú
Está integrada por registros que el guitarrista realizó entre 1961 y 1974. Aparecen piezas como "Se equivocó la paloma", "Santa Fe para llorar" y "El sampedrino".
Diez cantilenas argentinas
Carlos Guastavino
Este material incluye obras compuestas entre 1953 y 1958 e interpretadas por su autor.
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