Dos caras de la modernidad musical
Apasionante doble programa lírico en el Colón, con un gran trabajo del director musical Stefan Lano
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Una tragedia florentina y Violanta. Operas de Alexander von Zemlinsky y Erich Wolfgang Korngold, respectivamente. Reparto: James Johnson (Simone), Deanne Meek (Bianca), Evans Bowers (Guido Bardi y Alfonso), Wolfgang Schöne (Simone Trovai), Eiko Senda (Violanta), Enrique Folger (Giovanni Bracca), Alejandra Malvino (Bárbara). Dirección de escena: Hans Hollmann. Escenografía e iluminación: Enrique Bordolini. Vestuario: Imme Möller. Dirección musical: Stefan Lano. En el Teatro Colón.
Nuestra opinión: muy bueno
Las conexiones entre Una tragedia florentina , de Zemlinsky, y Violanta , de Erich Wolfgang Korngold, son variadísimas: desde las fecha de estreno (1917 la primera, 1916 la segunda) hasta el hecho de que Zemlinsky fuera maestro de Korngold, pasando por la localización temporal renacentista y el funcionamiento del trío protagónico (un tenor que desbarata el equilibrio conyugal de un barítono y una soprano). Y habría que agregar aun otro rasgo compartido: el acto único. Casi sin tiempo para el desarrollo, todo descansa en la resolución veloz de una situación mínima: el adulterio y su expiación. La acertada idea de presentar las dos óperas en un programa doble puso negro sobre blanco dos modos afines, pero finalmente disímiles, de resolver un mismo drama. Sostenida por la iluminación de Enrique Bordolini (que insistió en el rojo, donde confluyen la pasión y la sangre del crimen), la puesta de Hans Hollmann subrayó este aire de familia con una escenografía fija en la que sólo cambiaba el paisaje proyectado en el balcón, en el que una cúpula veneciana sustituyó a la florentina.
Ya Theodor W. Adorno había llamado la atención sobre la "meditada sencillez" de la escritura de Zemlinsky. Verdaderamente, no queda sino rendirse de asombro ante la combinación de concisión temática y volubilidad emocional que logra el compositor de esa breve obra maestra que es Una tragedia? El Renacimiento de estas óperas está más cerca de cierto decadentismo principesco que del optimismo humanista. Decadencia ya en principio de un lenguaje, el tonal, que Zemlinsky lleva al límite con sus ambigüedades armónicas pero nunca vulnera. En Korngold, por el contrario, todo es inmediato y exterior. La de Violanta es una decadencia más vistosa, como si Korngold, que compuso la obra antes de cumplir diecinueve años, creyera que, después de todo, aquello que decae puede ser también un espectáculo. Tanto la orquestación de Zemlinsky como la Korngold le deben mucho a Richard Strauss, pero en el último se percibe un melodismo de cuño pucciniano.
Voces
En las dos óperas, las voces fueron consistentes, aunque no del todo parejas. Musicalmente irreprochable, James Johnson hizo del mercader Simone un personaje memorable que recorrió todos los matices entre la inocencia, la humillación y el cinismo. Deanne Meek mostró sensibilidad, pero su falta de caudal tendía a extraviarla en el sonido de la orquesta. Evan Bowers es un tenor más en el estilo italiano, y tal vez por eso pareció sentirse más cómodo en el Alfonso de Korngold que en el Guido Bardi de Zemlinsky. Eiko Senda se lució vocalmente en su papel de Violanta, pero sus movimientos parecieron un poco envarados. También cumplieron bien su parte Enrique Folger y Alejandra Malvino.
Pero buena parte del éxito de estas versiones de Una tragedia? y de Violanta le corresponde al director Stefan Lano. Auténtico especialista en este repertorio, Lano no sólo logró un rendimiento sin fisuras de la Orquesta Estable del Teatro Colón (hubo solamente una pifia en los metales en la obertura de Una tragedia? ); también enhebró las obras con un único hilo sin disolver sus singularidades, que se debaten entre la contención y el exceso del melodrama. Y quizá sean justamente esas dos caras de la incipiente modernidad musical lo que vuelve apasionante al programa.






