
Dosis industriales de rock
Los alemanes de Rammstein, gracias a su intensidad escénica, y un Marilyn Manson algo desparejo colmaron las expectativas
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Antes de que Rammstein haga tronar las distorsiones de "Ramm 4", una nube de humo roja y blanca emerge por detrás del escenario para atravesar el campo de Ciudad del Rock y mezclarse con las primeras explosiones que inundan de olor a pólvora el predio. Si su música entra por los oídos y la piel (el bombo de la batería se siente en el pecho), la puesta en escena completa el plan de sometimiento sensorial desde el minuto cero. Así de prepotentes, los alemanes dieron inicio al show central de la primera edición argentina del Maximus Festival.
Una vez que los seis estuvieron plantados en el escenario -los dos guitarristas hicieron su aparición descendiendo en sendas plataformas desde el techo del escenario-, el desafío pasó por ver cuánto podían mantener la intensidad y el nivel de violencia escénica. Y lo lograron hasta el final. "Reise, Reise" continuó el despliegue visual con parrillas de luces móviles que alimentaron la sordidez de distopía posindustrial. "La flecha debe ser ahogada en la carne", canta Till Lindeman con sus graves de ultratumba en una letra no exenta de polémica. Acusados de coquetear con el nazismo, los versos de la canción grabada en el brillante disco homónimo de 2004 fueron analizados por el filósofo Slavoj ?i?ek en el documental La guía perversa de la ideología. Allí el pensador concluye que "lo que Rammstein hace es liberar estos elementos de su articulación nazi permitiéndonos gozarlos en su estado preideológico".
Mastodonte musical
Pero ése no es el único elemento al que Rammstein despoja de ideología. Como si de un bombardeo icónico se tratara, mientras su heavy industrial avanza con pasos de mastodonte, se cruzan escenas de sadomasoquismo y hasta guiños al tecno-pop de los ochenta desde los teclados de Christian Lorenz. Una vez que "Seeman" calmó las aguas -en el que fue el único matiz de la presentación-, Lindeman y los suyos arremetieron con "Ich Tu Dir Weh" y "Du Reichst So Gut" para volver a poner en marcha su maquinaria aplastante.
Antes de los bises, "Ich Will" y "Du Hast" elevaron todavía más el poder demoledor a fuerza de riffs machacantes, teclados tétricos y explosiones que se extendían desde el escenario hasta el mangrullo, e incluso sobre los cuerpos de los músicos. Porque para Rammstein eso de ponerle el cuerpo a la obra es algo que a tomarse literalmente.
Ya sobre los bises, "Amerika" fue el gesto irónico hacia los Estados Unidos y "Engel" tuvo al cantante elevándose con un arnés que sostenía una estructura metálica en forma de alas desde las que, claro, se disparaba fuego. "Te quiero puta", un agregado para esta gira latinoamericana, fue el cierre demoledor para una jornada de remeras negras que había arrancado bien temprano con los locales Asspera como principal atracción en el arranque.
Antes de Rammstein, Marilyn Manson, el otro número fuerte de la noche, alternó buenas y malas. Tras un comienzo a la altura de su leyenda con "Angel With The Scabbed Wings" y "Disposable Teens", el andar de quien en los 90 fuera el enemigo público número uno de cualquier institución conservadora que se preciara de tal se volvió errático. Un fallido homenaje a Bowie antes de "mOBSCENE" metió a Manson y los suyos a derivar hasta que sobre el final pudieron revertir la situación.
"Sweet Dreams (Are Made of This)", cover del clásico de Eurythmics, y "The Beautiful People" se convirtieron en los puntos altos del final con Manson tirando toda su experiencia sobre las tablas.
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