
El adiós a Carlos García
Comenzó en un piano dibujado y se convirtió en un gran orquestador argentino
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Hace tres años, la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires despidió a uno de sus hijos, el cantante Hernán Salinas (un habitual colaborador del organismo) y ayer perdió a uno de sus padres: Carlos García.
Carlitos -como algunos lo llamaban, a pesar de que debía llevar el título de don por sus 92 años- falleció ayer por la mañana, en su casa. Sus restos serán inhumados hoy, al mediodía, en el cementerio de la Chacarita.
Ultimamente, su estado general de salud no era el mejor, debido a una fractura de cadera. Según informó su hija a la agencia de noticias Télam: "No aguantó el posoperatorio de una intervención quirúrgica en la cadera que se le practicó hace 15 días. Hasta ayer a la noche [por anteayer] estaba lúcido y perfecto. Pero por la mañana levantó temperatura y ya no se recuperó".
En un principio, sus familiares quisieron que el velatorio fuera en su hogar y que quedara reservado a familiares y a las personas más cercanas al músico. Pero finalmente se decidió que fuera realizado en la Legislatura porteña, Julio A. Roca 575, hoy, de 7 a 11.
Sin duda, una decisión acorde con la trayectoria y el reconocimiento que ha tenido este músico a lo largo de una carrera que fue extensa y que, si bien tuvo bastante desarrollo en el tango, pasó por los más diversos géneros.
Todo comenzó en la localidad de Capilla del Señor, el 21 de abril de 1914. Ahí nació y, como tantos otros profesionales de la música que alcanzaron reconocimiento, empezó a estudiar a los 6 años, tarea que continuó de manera formal durante varias décadas. Esa formación fue acompañada por el trabajo, ya que desde chico había comenzado a tocar en el cine Jorge Newbery. "Mi padre descubrió mi vocación cuando yo tenía 5 años. Yo tecleaba en la mesa porque en casa no había piano. A los seis fui al conservatorio, pero estudiaba en un teclado dibujado. Después me regalaron un piano Breyer. Me empezaron gustando Scarlatti, Mozart, Chopin, Schumann. Pero en 1926 terminé la primaria y empecé a trabajar en un cine de Mataderos. Allí, a la fuerza, mezclaba lo popular: tangos, rancheras, pasodobles, valses", contó García hace un par de años a LA NACION.
Ya de jovencito, comenzó a jugar en la primera división con la orquesta de Roberto Firpo y abrió el espectro tanguero hacia otros terrenos. Acompañó con su piano a Mercedes Simone, Antonio Tormo, Alberto Marino y al dúo Martínez-Ledesma. También pasó por las filas de los Hawaian Serenaders.
Las influencias y los caminos pudieron ser múltiples: "Lo que aprendí en profundidad en música lo aplico al tango. El tango es profundo. Quizá por eso lo que hago tiene una proximidad con lo clásico, pero con influencias de De Caro, De Angelis, Fresedo, Di Sarli, Pichuco y Salgán", confesó, cerca de cumplir los 90.
También fue orquestador para varios solistas y su trabajo de piano solo (tanguero y folklórico) se puede apreciar en grabaciones de los años 60, colección reeditada por sello Melopea. García fue uno de los fundadores de El Viejo Almacén, y en 1980, junto con Raúl Garello, de la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, esa treintena de músicos que condujo hasta su muerte por el amplio repertorio tanguero.
Ya se anunciaron homenajes. Uno de ellos será en la apertura de la presentación de "Café de los maestros", el 24 de este mes, en el Teatro Colón.
Ecos de orquesta
Desde las filas de la Orquesta del Tango, varios integrantes de tres generaciones distintas recuerdan al director.
Julio Pane
- "Fue un gran pianista y un gran instrumentador. Sin duda, a través de todo esto dejó un aporte. Hasta último momento, porque hasta que tuvo el accidente estuvo al frente de la orquesta. Y lo he visto superar malos ratos de enfermedad sin siquiera pestañear para poder estar con la orquesta", dice el bandoneonista.
Aníbal Arias
- "Su trabajo es muy conocido por los profesionales que nos dedicamos a esto. Por eso, yo prefiero hablar de la persona -aclara el guitarrista-. Porque trabajé con él desde que se fundó la Orquesta del Tango, en 1980. Ahí me convocó como guitarra solista. Pero lo conozco de la época de los Serenaders. Carlitos era un tipo fuera de serie, único, abierto, simple, siempre dispuesto a dar un consejo. Quizá no se dio cuenta del lugar que tuvo. No fue demasiado reconocido por el grueso del público, pero, para mí, está en primerísimo lugar".
Cristián Zárate
- "No tuve mayor trato con él que el que tiene un músico con el director en los cuatro años que estuve en la orquesta. Fue un tipo que laburó hasta último momento. Como músico, fue uno de los más grandes arregladores que tuvo el tango. Escribía para orquestas a la altura de gente como Quincy Jones. Como soy pianista, creo que gente como Salgán, Berlinghieri o García son tipos admirados, ejemplos a seguir."




