
El arranque: "Teníamos el espíritu del rock"
Hace 15 años, el nacimiento de esta orquesta marcó el inicio de una nueva era para el 2x4
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Poné que soy bajista, no que soy el director del grupo. Eso es un error histórico. En El Arranque nunca hubo un director, siempre fue un grupo". Ignacio Varchausky desliza cierto espíritu rockero como muchos tangueros de su generación, aunque en el ambiente lo conocen así: el creador del proyecto Orquesta Escuela de Tango, que recupera el estilo de las orquestas de los cuarenta y cincuenta; el coleccionista de vinilos que dirige Ignacio Varchausky, primera nota de una serie que repasará la historia reciente del género la Asociación Tango Vía, y el fundador junto con el bandoneonista Camilo Ferrero, de la orquesta típica El Arranque que hace quince años, anunciaría el nacimiento "oficial" de una nueva era del tango joven.
El muchacho de lentes, enfermo de Kiss y Leopoldo Federico, mira en retrospectiva ese momento refundacional del tango, y ofrece una postal de época: "El Arranque apareció en un momento en el que había un interés por eso que teníamos para ofrecer, porque tocábamos más o menos bien, y por ahí no había tantos grupos que hicieran eso. En un momento, éramos los únicos, o uno de los pocos, entonces llamábamos la atención. Cuando se armó el grupo, realmente teníamos 19 años y, en ese momento, era verdad que éramos el tango joven, aunque ahora estamos cerca de los cuarenta".
Los quince años de historia de El Arranque, con siete discos en la calle, se transforman en la crónica vibrante y sonora de una generación tanguera que buscaba reconstruir los lazos con un movimiento de tango que había perdido impulso y recambio musical. Varchausky recuerda el panorama y clarifica el contexto que rodeaba a esa nueva ola tanguera: "Por esa época, había otros grupos con una formación o un sonido de orquesta como Las Tangueras, donde estaba Erica Di Salvo, que tenía sus propios arreglos y un nivel profesional. Los otros pares estaban en la misma que nosotros. Mucha informalidad y un nivel de estudiantes avanzados. Pero como buenos jóvenes, nos creíamos buenísimos. No en términos de ganarle a nadie, sino que creíamos en el proyecto. Había un espíritu muy de banda de rock, que si lo pensás bien, tiene que ver con el relativo éxito del grupo. Los otros jóvenes que estaban tocando en esa época ya eran profesionales y estaban inmersos en el circuito, pero no les interesaba o no sabían cómo armar un grupo, y eso creo que nos diferenció del resto".
Los primeros compases
La protohistoria de El Arranque se puede encontrar, de alguna manera, en la banda de rock Muñeca Brava, un grupo que Ignacio Varchausky tenía con su hermano Nicolás Varchausky y Alejandro Guyot (estos dos integrarían con el tiempo el grupo 34 Puñaladas). "Era un power trío con una onda tanguera. Mi hermano cantaba, componía y tocaba. Yo tocaba el bajo y Ale hacía las canciones. Teníamos un set tanguero con mi vieja en el medio y tocábamos en lugares de rock y fiestas de la universidad donde conocimos a José Garófalo. El tendría participación directa en el debut de El Arranque años después." Para el músico, eran tiempos de revisionismo salvaje, de pasarse horas frente a vinilos y casetes de tango en busca de la mística perdida del tango. "Andábamos por la noche con Guyot, buscando el reviente del tango. Pasábamos de boliches rascas y con mística como el Bar del Chino o el boliche de Roberto a tanguerías donde íbamos a escuchar a los que quedaban. Al primer lugar que fuimos muy seguido por esa época era un bar llamado Cafetín, que quedaba en Independencia y Pasco. Pegamos ese lugar y empezamos a ir siempre. Cantaban Armando Laborde, Juan Carlos Cobos y otros que iban pasando. Nos pedíamos una ginebra y nos quedábamos horas escuchando, fascinados con ese ambiente kitsch y caricaturesco. Era curtir y empezar a unir cabos con otra época."
El salto al Conservatorio Manuel de Falla de Ignacio Varchausky significó el punto de encuentro con Camilo Ferrero, un ex guitarrista de rock que empezaba a incursionar en el fueye. Se hicieron amigos por el tango, y cansados de estudiar partituras un día decidieron armar un grupo. "A fines del 95, empezamos con unos ensayos informales y terminamos de armar un primer quinteto. José Garófalo, que me conocía del grupo de rock, se enteró y nos invitó a tocar en Planeta Tango, de Chacabuco y Estados Unidos. Necesitaba un nombre para poner en los volantes, y dijo: «El 20 de enero [año 96] se debuta». Estuvimos muchas horas en la casa de mi vieja hasta que apareció El Arranque, sacado de un disco de El Quinteto Real. Nos gustó, tenía fuerza y lo vinculamos también a Julio de Caro, a lo que significaba y al comienzo de algo nuevo..."
El debut fue auspicioso y El Arranque, todavía como quinteto, estuvo todo el año 96 tocando sin parar en bailes y lugares como el Café Tortoni. "Un día volviendo de tocar en una milonga y con todos los equipos en el colectivo, me acuerdo que charlábamos de lo bueno que sería sonar como una orquesta y ampliar el grupo a otro bandoneón y otro violinista. Fue un momento de quiebre para nosotros. Todos nos decían que estábamos locos y que no nos iban a contratar más. Ahí nos jugamos, ampliamos la formación y empezamos a tocar nuestros propios arreglos. Ese fue el paso decisivo para sonar como esas orquestas del cincuenta que nos gustaban."
–¿Pensaban que iban a llegar a durar quince años en el ambiente del tango?
Varchausky: –Ni loco. No sólo no creíamos que íbamos a lograr cosas tan importantes, sino que no eran parte de nuestro objetivo. Todo muy lejos de los que nos sucedió relativamente rápido. Nosotros debutamos en el 96 oficialmente y en el 98 ya habíamos grabado un disco, hacíamos nuestra primer gira a Europa y desde ahí no paramos. Podemos decir con mucho orgullo que en todas las salas donde tocamos fue con nuestro grupo, no atrás de una compañía X.
En la construcción de esa nueva corriente generacional del tango, se formaron tribus propias y hasta se generaron rivalidades folklóricas con la Orquesta Fernández Fierro, el otro lado de su estética más formal. "Me parece que hay apreciaciones distintas de la gente. A mí me queda claro que, para algunos, somos hipertradicionalistas y, para otros, demasiado modernos. Esa tensión con la Fierro la veo con simpatía con el paso del tiempo. Abiertamente reconozco haber sido más cerrado y dogmático sobre cómo hacer las cosas en el tango. Una cosa es tu cabeza a los 19 y otra a los 35. Por suerte se dio el encuentro con ellos. Fue buenísimo y hubo mucha onda. Tampoco fue que nos juntamos en un cuadrilátero, creo que se le dio mucha trascendencia a esa interna, pero es verdad que ahora podemos interactuar y pasarla bien juntos.
–¿Cuánto pensás que influyeron en la formación de otras orquestas jóvenes?
I. V. : –Creo que éste fue el trabajo de mucha gente y entre ellos el nuestro. Pero no sólo hay gente de nuestra generación, sino de generaciones anteriores que tuvieron la visión y la intuición de tender ese puente. Tipos puntuales, como Emilio Balcarce, comandando la Orquesta Escuela Tango. Por lo menos a los 200 pibes que pasaron por la orquesta les prendió ese bichito de la mística. Otros tipos que hicieron mucho por ese vínculo real fueron Pepe Libertella, Leopoldo Federico y Julián Plaza, que lograron que este recambio generacional funcione de la mano de esta hambre renovada por tocar tango. Y me parece que grupos como el nuestro y otros, desde la Fernández Branca a Tangata Rea, mostramos que se podían hacer cosas en el tango. Ahora van a buscar a la Orquesta Escuela, la Goñi o el boliche del CAFF y en su propia vibra van encontrando su lugar de pertenencia. Fuimos un espejo donde muchos pibes se pudieron reflejar.
1996LA FUNDACIÓN
Primera formación de El Arranque con Leonardo Estefoni en piano, Sebastián Carreras en violín, Camilo Ferrero en bandoneón, Ignacio Varchausky en bajo y Alejandro Swarcman en guitarra eléctrica antes del debut.
2001LA CONSAGRACIÓN
La orquesta El Arranque toca con la Lincoln Center Jazz Orchestra del célebre trompetista Wynton Marsalis en Nueva York. El grupo presentó en la ocasión los temas de su segundo disco, Cabulero, y estrenó junto a la orquesta de jazz "La suite borgeana" de Ramiro Gallo (joven violinista y arreglador del grupo en ese momento). Una postal consagratoria.
2002 LA PROYECCIÓN INTERNACIONAL
Con kimonos durante la primera gira del grupo a Japón con más de 50 conciertos en 40 ciudades y 3 meses girando. Una muestra de la proyección del grupo en estos quince años, donde recorrieron más de 250 ciudades de Europa, Asia, Estados Unidos y América latina. Han editado 7 discos y cambiado varias veces de integrantes.
LO QUE PASABA EN ESE MOMENTO EN EL NUEVO TANGO
El año 1996 fue un período de apariciones que cambiaron radicalmente la visión sobre el tango hasta ese momento. El tango auténtico transpiraba en boliches como Arturito, donde la voz de Luisito Cardei enamoraba a cantineros y a un público de culto con un repertorio de perlas olvidadas como "Los cosos de al lao" o "Ventarrón". Cardei junto a su amigo Pisano en bandoneón, encendían la mística de un nuevo tiempo. Su voz evocadora y sencilla influyó en toda una generación de cantores que lo veneraban. Uno de esos seguidores era Lidia Borda. La cantante llegada del blues y acunada en siestas tangueras hacía olvidar con su timbre los viejos estereotipos tangueros, para alumbrar una estética tan auténtica como necesaria. Lidia Borda reinaba en las noches de la librería Gandhi, donde se forjaba una nueva bohemia y un público joven que tenía su representación en el escenario. Con un repertorio arrabalero y lunfardo, sólo la voz y la guitarra del inefable Krichi desperezaban a toda una generación que le había dado por mucho tiempo la espalda al género tanguero. Fue el año también en que Lidia Borda editó el maravilloso Entre sueños, con himnos tangueros como "De mi barrio", "Apología tanguera", "Cobardía" o "Milonga sentimental". Un tango que renacía desde su origen.


