
El blues maestro de Miguel Botafogo
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Concierto: "Los treinta años de Botafogo", con Miguel Botafogo en guitarra y canto, Ciro Fogliatta en piano, Sergio Arias en bajo y Juan Rodríguez en batería. Músicos invitados: Pappo, Dicky Campilongo, las Blancablus y Akiro Tanaka. El sábado, en el teatro Ateneo.
Nuestra opinión: excelente
Una noche que hasta el público de Chicago habría envidiado. Un encuentro con lo mejor del blues local; un grupo de músicos de excelente nivel participó del festejo de los treinta años de actuaciones del guitarrista Miguel Botafogo en el escenario del Ateneo.
El teatro, con público hasta el techo, disfrutó de una de las sesiones de blues más interesantes de los últimos tiempos. Una reunión que trascendió el mero encuentro de amigos para convertirse en una noche especial en la que el duende de la música negra se hizo presente.
Botafogo se cuelga la Dobro y arranca el concierto con un aire de country-blues, animoso, pleno de matices sobre los que construye una suerte de enhebradas escalas pentatónicas. De a poco aparece su grupo, Juan Rodríguez en los tambores (uno de los bateristas más sólidos y creativos del país), Sergio Arias en el bajo y Ciro Fogliatta en los teclados, músico que forma parte de la historia del rock argentino.
Músicos con experiencia que tocan con entusiasmo. A poco de andar, el grupo suena aceitadamente. La versión de "Corre el riesgo", más lenta y no tan marcada como la original, genera la primera ovación de la noche. Botafogo se ha convertido en un "héroe de la guitarra", seguido por innumerables jóvenes que copian uno a uno los infinitos "yeites" que dispara este músico desde el escenario y que, además, ha hecho del estudio del instrumento un culto.
Su estilo tiene una equilibrada dosis de agresividad y ternura; su picking es muy controlado. Lejos de abusar de la velocidad, Botafogo se centra más en el sentimiento, en la pausa, en ese silencio que genera más imágenes que cualquier encadenamiento de notas. Tiene un vibrato magníficamente controlado y los efectos de glisando enriquecen la melodía.
El guitarrista hará una versión en castellano de "Spoonfull", uno de los himnos de Willie Dixon, en la cual concibe al amor como base de todo crecimiento. La madurez de Botafogo se percibe incluso en su forma de cantar; antes, su único punto débil; hoy, fortalecido por su trabajo en ese campo. Su voz serena, con timbre suavemente alto, se fusiona impecablemente con su forma de tocar.
Siguen "Amor de zaguán" y "Little Red Rooster" en bellísimas versiones, con el grupo sonando de manera ajustada. Botafogo genera espacios para el lucimiento de sus compañeros. Fogliatta hará una suerte de repaso del piano de blues. Desde toques de honky tonk pasando por líneas propias del barrellhouse hasta pequeñas piezas de ragtime matizarán sus solos con variedad y ritmo.
Llegan las visitas
Pasada la mitad del show comienzan a desfilar las visitas. Con el jovencísimo guitarrista Akiro Tanaka en la guitarra rítmica, Botafogo encontrará un mayor respaldo rítmico, como también cuando sube al escenario el legendario Dicky Campilongo (músico amigo de Tanguito y experto en rock ´n´ roll), que volcará el show hacia una saludable atmósfera chuckberriana. Su estilo de canto sigue teniendo una enorme capacidad expresiva, como en los tiempos de Avalancha, y que, apoyado en la guitarra de Botafogo, logra una fuerza demoledora.
Tras Dicky, llegaron las Blacanblus con su cuota de sensualidad. A esta altura, el público siente que vive una fiesta, pues desde el escenario el blues baja a torrentes, sin interrupciones. Precisamente, el concierto permitió ver al grupo muy concentrado en lo suyo y evitó que la continua participación de las visitas desperdigara la energía.
Respecto de las Blacanblus, sonaron interesantes y la pregunta que se hizo la platea es ¿por qué no tocan más seguido?
Poco antes del final subió alguien largamente esperado: Norberto Napolitano, que lució en inmejorable forma con la Gibson Firebird (in reverb).
En verdad, Pappo y Botafogo representan la esencia del blues argentino. Se complementan de una manera especial; sus lenguajes son similares, aunque los matices son distintos. Mientras Pappo aporta integridad, Botafogo pone excelentes ideas, y el público se pone de pie para agradecer lo que sucede en el escenario.
Tanta música, junto a la larguísima ovación con la que el público saluda a los músicos, estira el final. Concretamente, nadie se quiere ir y el grupo ataca con otro blues en el que habrá un contrapunto entre los guitarristas y del que surge la voz inconfundible del Carpo haciendo el "Blues de Santa Fe". Si algo faltaba, ahora la copa estaba llena.
Un final hermoso, donde el blues mostró que tiene en este puñado de músicos la principal razón de su existencia. Artistas con corazón.
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