
El cabaret en los años del nazismo
Con puesta escénica de Daniel Suárez Marzal, otro concierto del ciclo Sonidos Prohibidos
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El cabaret. Ciclo de canciones con puesta escénica de Daniel Suárez Marzal. Diseño de imagen e iluminación: Manuel Garrido Freire. Diseño de animación: Martín Ollo. Diseño de maquillaje: Leo Chiachio y Daniel Giannone. Maquillaje: Laura Frances. Ciclo Sonidos Prohibidos. Idea y dirección artística Bárbara Civita y Haydée Seibert. Coordinación: Diana Margulis de Gutman. Comunidad Amijai.
Nuestra opinión: muy bueno
El cuarto y último programa del ciclo dedicado a compositores europeos cuya trayectoria fue modificada y dolorosamente perjudicada o, lisa y llanamente, interrumpida por el nazismo estuvo dedicado a las canciones presentadas en los cabarets de Alemania, Austria y Checoslovaquia, de la Europa de comienzos del siglo pasado. Negocios donde al entretenimiento y la cena se sumaban, en bien montado espectáculo, canciones, bailes, breves pinceladas de teatro y lecturas de poemas, en la mayoría de los casos dentro de una atmósfera elegante, rebosante de bebidas alcohólicas lógicamente onerosas y no al alcance de cualquiera.
Claro que este cabaret de los años del nazismo, ideado por el inquieto y talentoso Daniel Suárez Marzal -no es la primera ni será seguramente la última vez que se pueda apreciar el profundo conocimiento que tiene el artista de este terreno-, se limitó a una presentación de canciones, de un ramillete muy significativo de compositores valiosos y denostados por el régimen, cantadas por Víctor Torres, Susana Moncayo y Alejandro Meerapfel, quienes tuvieron en Fernando Pérez un pianista de lujo, no sólo por la pulcritud de su ejecución, sino también por su acierto estilístico y el refinado sentido del ritmo y del fraseo que surgió de su labor.
Excelentes el canto y el decir cautivantes de Moncayo para las canciones de Karel Svenk, Adolf Strauss, Emmerich Kálmán, Martin Roman y Fred Raymond, con el agregado de pinceladas de textos en una gigante pantalla, así como las luces y sombras tenues del director de escena, que sumaron una buena cuota de la atmósfera de opresión que tantos padecieron en su vida y en su muerte. También las canciones de Arnold Schoenberg dichas por Víctor Torres con su aterciopelada y bella condición vocal, en el comienzo del espectáculo, vinieron a ratificar el talento de un compositor trascendente de la historia de la música. Y en la última secuencia, Alejandro Meerapfel abordó con sobriedad y voz sonora las creaciones de Eisler, Dessau y Holländer, el autor del tango Argentinien , muy oportuno, así como un tema de Kurt Weill, en un valioso cierre.
Aplauso vehemente de los asistentes, una breve y oportuna intervención de Eugenio Scavo para agradecer la posibilidad de haber cristalizado en Amijai tan emotiva idea, la presencia en el escenario de Bárbara Civita y Haydée Seiber, agasajadas de modo especial y flores a las damas en una manifiesta muestra de satisfacción. Y al salir, se oyó de un hombre muy mayor una frase conmovedora: "Es que tanto horror jamás se debe olvidar... ¡para que nunca se repita!".
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