
El cóctel bailable de El Guincho
El músico canario mostrará su muy particular combinación de ritmos en Niceto Club
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Pasó tiempo desde que un movedizo productor canario se instaló en Barcelona para sentar las bases de un nuevo cóctel bailable, donde el pop, el sonido caribe y un groove tan afro como psicodélico emborracharon literalmente a la industria europea. Pablo Díaz Reixa, más conocido como El Guincho, se transformó en la comidilla de los descubridores de talentos (los mismos que ahora se restregaron las manos al encontrar a Lana del Rey), que vieron en ese ingeniero de audio intrépido y experimental, que mezclaba bases a bordo solamente de una Mac portátil, sampleando ecos del son cubano con voluptuosos graves y capas de texturas afro, al nuevo enfant terrible capaz de instalarse en la misma escena de MIA, Panda Bear y Diplo.
Con ese andar ecléctico y aire despreocupado con sabor a guayaba fresca, el músico y productor español ya venía agitando las aguas electroespañolas junto a la banda Coconut, pero fue cuando se cortó solo con el disco Alegranza que hizo un clic en la escena europea.
La influyente revista digital Pitchforkmedia lo señaló como el nuevo elegido de la electrónica indie bailable y su teléfono ardía con propuestas que le prometían el cielo discográfico y formar parte del line up de grandes festivales. A punto de desembarcar en Buenos Aires esta noche en Niceto Club, con la excusa de pasear con su novia argentina y regalarnos su música refrescante, El Guincho recuerda el extraño furor que generó su primer disco. "Ahora, a la distancia, empiezo a ver que fue algo pionero para la escena española pero muy accidental. Era raro para los productores de afuera que no habían trabajado con un músico español de mis características. Ellos tenían una idea de una industria distinta y fue una locura lo que pasó en Inglaterra. Al principio para mí fue como dar palos de ciego, aprender y trazar un camino para la gente que viene ahora."
-Cuando fue el furor de Alegranza y eras considerado la nueva gran cosa decías que no estaban viendo un centavo de eso. ¿La cuestión cambió?
-En esa época trabajaba en un estudio de grabación, pero una cosa que tuvo este proyecto con El Guincho es que no se definió por ganar cantidades inmorales de dinero, porque siempre conservé mi independencia, sino que siempre el foco estuvo en lo creativo. Siempre intento dejar el tema del presupuesto para último momento para que no sea una influencia en el resultado estético de mi música.
-Sin embargo hiciste dos trabajos muy distintos. Porque Alegranza estaba marcado por esa estética low fi en cuanto al sonido y Pop negro, tu último trabajo, es todo lo contrario.
-Todo cambia. Alegranza lo grabé a los 23 años, cuando llevaba una vida inestable y de clubes. El hallazgo de ese disco son las condiciones técnicas de bajo presupuesto con las que se grabó y me parecía excitante todo ese contexto de baja fidelidad. En el último busqué reflejar la contracultura pop de los 80, con toda esa cosa pulcra y pomposa. Pop negro me dio la posibilidad de darle una vuelta a la música pop con un sonido más sofisticado. Me quise apartar de la música de clubes y ahondar más en la composición.
Señores, llegó El Guincho, para ofrecernos ese sonido bailable como si estuviéramos bebiendo un trago debajo de una palmera tropical. Tropicalismo a lo Beck. Sonidos latinos envolventes que trae el recuerdo de los años felices de los cincuenta y la oscuridad pop de los ochenta. Tan extravagante como alegre.
PARA AGENDAR
El Guincho :el músico y productor canario trae su último disco, Pop negro Niceto Club :Niceto Vega 5510. Hoy, a las 22
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