
El encanto de la música negra
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Presentación de An School In, del saxofonista y cantante Maceo Parker, con Ron Tooley en trompeta, Greg Boyer en trombón, Bruno Speight en guitarra, Will Boulware en teclados, Rodney Curtis en bajo, Jamal Thomas en batería y Martha High y Corey Parker en coros. Hoy, a las 21, en La Trastienda; mañana en el Teatro de la Comedia, en Córdoba y pasado mañana, en el Teatro del Círculo, en Rosario.
Nuestra opinión: muy bueno
El funk es intensidad, quizá sin el dramatismo del blues, pues está atravesado por otra clase de sentimiento, el del baile, tan antiguo como el dolor. Maceo Parker llegó a la Argentina con su nuevo disco, An School In , un trabajo en el que este saxofonista, uno de los fundadores del funky, retoma su fuerza estilística.
En efecto, con un grupo de mucha solidez rítmica y con un repertorio elegido sabiamente, Parker conquistó al público porteño. Aquella promesa de que los iba a hacer bailar se cumplió en parte, pues si bien los laterales de La Trastienda fueron lugar de danza durante todo el show, sólo al final el público se entregó al trance rítmico.
El grupo sonó con una convicción que no tuvo en sus dos ocasiones anteriores; esta vez, Parker se adueñó de la música y propuso tanto desde su instrumento como desde los arreglos una verdadera andanada de funk.
Veamos, la banda de Parker es una de las que saben levantar las banderas del estilo. Impecable el guitarrista Bruno Speight, un talentoso músico que dio una verdadera lección de funk desde su toque relajado y con un delicadísimo swing que, con la monolítica ubicuidad de Jamal Thomas en los tambores y de "Skeet" Curtis en el bajo y junto con cierto vuelo casi académico del tecladista Will Boulware, posibilitó un concierto sin altibajos y hasta cierto punto emocionante en términos musicales.
La banda se completó con Ron Tooley, un trompetista de sonido metálico, con cierto gusto por los ataques y los sobreagudos y Greg Boyer en trombón, un músico correcto como instrumentista y necesario a la hora de entablar diálogos cantados con el líder.
El coro con Mirtha High y Corey Parker acompañó no sólo como cortina vocal, también supo arengar a Parker a la hora de cantar.
Precisamente, el saxofonista hizo un elegante doble papel de instrumentista ya consagrado a la hora de desarrollar sus solos y un cantante de enorme manejo.
Como en ninguna de sus otras actuaciones anteriores en esta ciudad, Parker demostró esas raras tres es: elevación, entusiasmo y elegancia. Hicieron una muestra caliente de música negra, con un sonido y esa forma de crear atmósferas que sólo contadísimos grupos alcanzan. Parker dio algunas muestras de su talento, como el dúo con el baterista, en donde hizo un repaso de cómo tocar funk desde el saxofón, mientras que Thomas mostró una variedad de golpes y diferentes formas para abordar cada frase del jefe.
La magia de este concierto estuvo en el firme desarrollo estilístico de la propuesta, la que no admitió desvío alguno. Ni el hip-hop ni el rap subieron al escenario.
Parker trajo una banda con convicciones que quedaron a la vista a la hora de los solos. Comprometidos con el estilo y con la música negra, la banda tuvo esa rara mezcla de sentimiento y swing, honestidad y prestancia.
El necesario complemento para tanta autenticidad fue el auditorio, que disfrutó de ese mundo intenso, sin dramatismo, pero sentimentalmente negro.
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