El eterno retorno de Madama Butterfly: Puccini, la trascendencia del honor y dos maneras opuestas de ver el mundo
La ópera sube a escena en el Teatro Avenida en una nueva producción de Juventus Lyrica; la dirección musical es de André Do Santos y la régie de Ana D’Anna
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La irresistible belleza de su música, en conjunción con la historia y la poesía, garantizan la efectividad de esta obra eterna. Por ello, por esa riqueza y profundidad de sentidos, es que, con cada representación, se abre la posibilidad de una mirada diferente, de una metáfora nueva y sutil para interpretar el drama de la joven geisha. “De la mariposa que era el símbolo del amor eterno transportando el alma de las personas”, como describe Ana D’Anna, directora escénica, fundadora y alma mater de Juventus Lyrica.
Desde este viernes y a lo largo de cuatro funciones en el Teatro Avenida, podrá verse una nueva producción de la ópera de Puccini, un verdadero tesoro del repertorio lírico: Madama Butterfly.
Ana D’Anna, a cargo de la puesta y André Do Santos, de la dirección musical, introducen, en diálogo con LA NACION en el inicio de la 27ª temporada de Juventus, algunos de los aspectos más sobresalientes del melodrama pucciniano. Cio-cio San, la geisha de 15 años llamada “Butterfly” es entregada en un “matrimonio à la japonesa” a un oficial de la marina americana, Pinkerton, quien luego la abandona quedando ella en absoluta soledad por haber incluso renunciado a su religión para convertirse a la del esposo.

“Lo primero que buscamos —explica el director de orquesta brasileño, colaborador de Juventus desde hace más de dos décadas—, es que el discurso musical de Puccini, que es bastante complejo, actúe junto a las voces y la sonoridad de las palabras como si fuera un personaje más. No es simplemente un acompañamiento bonito. Es una voz que nos dice mucho, y a veces hasta se anticipa, respecto de lo que sucede en el drama”.
–¿Cómo se traduce en la partitura esa complejidad del discurso y qué elementos musicales colorean el drama?
André Do Santos.–Si bien Puccini no conoció de manera directa la cultura oriental, estaba informado, como era à la moda de su época, por las grandes exposiciones universales con que se daban a conocer en Europa las manifestaciones culturales de otras partes del mundo. Reinaba el exotismo. Puccini intentó utilizar algunos de esos elementos en su lenguaje. Supo captar el alma y el color de ese ambiente sobre todo en las partes más pintorescas y más dramáticas de la trama. Las percusiones dan mucho color, las pequeñas campanas japonesas y el gong, por ejemplo. Introduce también desde la armonía con lo que tomó del Impresionismo francés. Él sintió el poder de esas armonías nuevas, pero no hizo una copia, sino que las utilizó con autenticidad, a su manera.

–¿En qué momentos la armonía se impone como un personaje?
Do Santos.–En la conexión con las raíces, con la tradición y los sentimientos, con la religiosidad. La entrada de Butterfly tiene el color mágico de las armonías expandidas, de los acordes aumentados que no nos dan un punto fijo en la tierra, sino, por el contrario, nos dejan en un estado de suspenso e indefinición. Son los interrogantes, las dudas que quedan plasmadas en la música. Luego, frente a la decisión del suicidio, la escala de tonos enteros típica del Impresionismo. Cuando llega la familia (la entrada de los orientales), la escala pentatónica. Esas armonizaciones son la manera maravillosa en que Puccini traslada la sensación de Butterfly al público.
–¿Ana, qué has buscado realzar en este regreso a los temas de Butterfly?
Ana D’Anna.–La poesía de la obra, tratando de poner en bandeja de plata esa manera maravillosa con que Puccini contó esta historia. Si bien él tomó de tantos lados, lo que hace es de una piedad y compasión increíbles. El “poema” de la cultura del Japón que ama todo lo sutil de la naturaleza [Butterfly] y el “anti-poema” que es todo lo contrario a esa cultura [Pinkerton]. La mariposa que era el símbolo del amor eterno transportando el alma de las personas, y el antagonista que se apropia de ella, la destruye y la abandona. Son dos concepciones opuestas del mundo y la contradicción entre el sentir de un pueblo y el otro se revela a cada instante. ¡Es impresionante cómo el libretista (Luigi Illica) y el poeta (Giuseppe Giacosa), seguramente por indicación de Puccini, trabajaron esa contradicción en los diálogos, mostrando cómo ve cada uno, por ejemplo, en el dúo de amor, el mismo momento! Y en el diseño dramático perfecto, es interesante ver cómo el personaje de Suzuki, que se aferra a la religión, está puesto allí para dar valor a la desintegración de Cio-Cio San, que se siente una americana, que se desintegra al renunciar a su cultura y al adoptar otra religión en completa soledad. Y a la cobardía de Pinkerton, un hombre débil, banal y tonto. El horror del drama es fruto del hecho de que Pinkerton nunca comprendió el valor de quien tuvo al frente.
“Yo siempre postulé que lo central de la escena es el cantante-actor y que la escenografía nunca debe competir ni con la música ni con el canto ni con el teatro —afirma D’Anna respecto de su puesta en escena—. De modo que, ante la falta de recursos ¡no hemos podido sostener nuestro depósito de más de 25 años de decorados y vestuarios! Vamos a una realización de síntesis cada vez mayor, a una postura que nos obliga a profundizar en el texto y el drama”.
–Y en esa síntesis ¿qué valor representa más profundamente el drama?
D’Anna.–El honor, tan en desuso hoy en día. Para mí, que soy hija de un hombre honorable y soy esposa de un hombre honorable, sigue siendo esencial y por eso lo sigo custodiando. Para Butterfly y su mundo, como dice el haiku “del acero que limpia el alma”, estaba escrito en el Bushidō, en el código ético y moral de los samuráis: “La muerte no es para siempre. El deshonor, sí”. Pinkerton no podría ni rozar esa clase de sentimiento ni de ética en la que vive Butterfly. Y esto que digo no es un canto al suicidio. En todo caso, es un canto al honor, algo que, en este momento de la humanidad, tal como estamos en las antípodas de ese sentimiento, es un lugar que a nadie le importa.
Para agendar
Madama Butterfly. Nueva producción de Juventus Lyrica. Ópera de Giacomo Puccini con libreto en italiano de Illica y Giacosa. Dirección musical: André Dos Santos. Dirección escénica: Ana D’Anna. Orquesta y coro de Juventus Lyrica. Protagonistas. Cio-Cio San: Monserrat Maldonado /Sofía Gaia Godoy. Pinkerton: Ramiro Pérez/Marcelo Gómez. Suzuki: Daniela Prado. Sharpless: Alfredo Martínez Torres. Príncipe Yamadori: Jerónimo Vargas Gómez. Goro: Santiago Delpiano. Bonzo: Mario de Salvo. Funciones: viernes 5, a las 20; domingo 7, a las 17.30; viernes 12 y sábado 13, a las 20. Sala: Teatro Avenida
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