
El explosivo collage grunge
Hay dos imágenes inolvidables: una, la de un bebe bajo el agua, como si estuviese por tomar el billete de un dólar que cuelga de un anzuelo, delante de él; otra, la de un rubio con mirada desafiante que alza el dedo anular en el puño cerrado. Hace diez años, Nirvana entraba en los estudios de grabación para registrar "Nevermind", el álbum que describió como ningún otro el desencanto juvenil que revivió el rock de los años noventa a través de esa estética sonora bautizada como grunge. El responsable era ese rubio desprolijo que miraba desafiante en una fotografía movida, Kurt Cobain, flanqueado por Chris Novoselic y Dave Grohl.
Esa grabación, que comenzaba casi al mismo tiempo que los Estados Unidos bombardeaban Bagdad en la Guerra del Golfo, estuvo marcada, también, por diversas particularidades que -no casualmente- influyeron directamente en la sonoridad desgarrada y brutal que se anticipaba en "Bleach" (1989). En ese álbum el trío de Seattle inició su carrera en el pequeño sello Sub Pop que, de algún modo, lo esclavizó en su contrato y sacó provecho aun cuando Cobain y compañía se trasladaron a Geffen. El sello programó una inversión inicial de 65.000 dólares para la grabación y lanzamiento del álbum, pero el costo fue estirándose por diversas complicaciones, no siempre previsibles que, además, pasaron a formar parte de la mitología de la breve y contundente historia de Nirvana.
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En los estudios Soundcity, de California, Dave Grohl le pegaba tan fuerte a los parches que casi todos los días rompía alguno o algunos.
Por lo general, Cobain se negaba a realizar una segunda toma. Como solución, Butch Vig (el costoso técnico de grabación elegido por el grupo) se dedicó a grabar absolutamente todo lo que hacía el guitarrista dentro del estudio, porque no soportaba tocar dos veces la misma parte; a tal punto, que muchas veces, ante el pedido, dejaba la guitarra y abandonaba la sala. Para colmo, también tenía problemas para registrar la voz: desaparecía regularmente porque tomaba jarabe para la tos (con codeína) mezclado con whisky. Las horas de grabación se excedieron considerablemente.
Y como para hacer crecer aún más la inversión, Novoselic estuvo 16 horas preso por manejar en estado de ebriedad. El sello pagó la fianza.
Diez años después, con "Nevermind" entre los discos clave de la historia del rock, las anécdotas forman parte del imaginario rockero como signos de una época que todos programaban bajo la supremacía pop. Una selección de cortes de grabación que terminaron de darle forma a las canciones que impetuosamente desgarraba Cobain. Una victoria imprevista del rock de aquel trío que quería seguir los pasos de Sonic Youth y armó su propio imperio desde un collage explosivo.
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