El feliz regreso de Vianna

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13 de mayo de 2003  

Recital de Os Paralamas Do Sucesso, el viernes y sábado últimos, en el teatro Gran Rex. Músicos: Herbert Vianna, voz y guitarra; Joao Barone, batería; Bi Ribeiro, bajo; Joao Fera, teclados; Eduardo Lyra, percusión; José Monteiro, saxo; Bidu Cordeiro, trombón. Invitados: Charly García, Fito Páez, Ricardo Mollo y Los Pericos.

Nuestra opinión: muy bueno

Más que un show fue una celebración. Una de esas fiestas grandes, con amigos y familiares, en donde se celebra la vida y se recompensa al que lucha constantemente por ella. El último fin de semana, Herbert Vianna volvió a subirse a un escenario porteño y músicos y público argentino se lo agradecieron cantando cada uno de los versos de esas canciones que, de tan clásicas, parecen extraídas de un cancionero de rock nacional.

A dos años del accidente que lo dejó en silla de ruedas, Vianna demostró lo aferrado a la música que continúa. Incluso con una actitud sonora desafiante, hipereléctrica. En carne viva se podría decir. Porque Paralamas parece haber vuelto al principio de su historia, a los años de punk y rock salvaje como fórmula para exorcizar los miedos y los espíritus malignos del pasado más reciente.

Allí, a su lado, estuvieron los compañeros de toda la vida: Joao Barone y Bi Ribeiro, también motivados por este nuevo desafío. Y los amigotes argentinos: Charly García, Fito Páez, Ricardo Mollo y Los Pericos, que rindieron tributo a la fraternidad que los une, desde hace quince años, con la banda brasileña.

Bien lejos de lo que había sido la última presentación de Paralamas en Buenos Aires (en plan acústico y percusivo, con una decena de músicos en escena), los shows en el Gran Rex comenzaron en formato trío, presentando las canciones de su último álbum, "Longo Caminho".

Y entonces sí, los versos proféticos de "Calibre" sonaron más emotivos que nunca: "Yo vivo sin saber hasta cuándo estaré vivo, sin saber el calibre del peligro. No sé por dónde vendrá el tiro". Y eso de "ya no consigo no pensar en vos", del tema "Siguiendo estrellas" (dedicado a Lucy, el amor de su vida que falleció en el accidente), hizo que los presentes aplaudieran de pie.

Desde su silla roja, Vianna canta y toca la guitarra, y entre tema y tema, agradece al público y se esfuerza por expresarse en favor de la hermandad entre la Argentina y Brasil. Habla de Maradona, de Pelé, de Lula y, sobre todas las cosas, habla de "espiritualidad y conectividad".

El desfile de estrellas del rock nacional se sucede con hits de aquí y de allá: "Track Track", de Páez; "Mi bandera", de Sumo; "Párate y mira", de Los Pericos. Es el turno de Charly y todo, como cada vez que aparece la figura del bigote bicolor, se convulsiona un poco más de lo recomendable. Intenta con "Vicio", pero no resulta muy bien (el mismo García le había pasado los acordes a los Paralamas apenas un día antes). Luego prueba con "El rap de las hormigas" (tema que el trío grabó con el argentino para el disco "Parte de la religión", en 1987), pero la noche del viernes no tendrá una participación estelar de Charly. Igual, saluda, abraza a Herbert y se despide entre aplausos.

Los músicos se suman (teclados, percusión y vientos) y la furia rockera deja espacio también para el ska y el reggae, géneros que la banda supo fusionar durante sus veinte años de trayectoria con sutiles arreglos abrasileñados y ofrecer así, un sonido por demás particular.

"Coche viejo", "Dos margaritas" e "Inundados" se festejan y se bailan. Y hasta hay lugar para viejos temas como "Sevagem" y "Meu erro", que los cerca de tres mil espectadores corean de principio a fin.

La lista de temas se acaba y el show dobla hacia la recta final. Entonces, en forma de canción, Vianna le pregunta al excitado público que había presenciado y participado de esta resurrección con ribetes místicos si debía irse o quedarse: "Should I Stay Or Should I Go", de The Clash, es el elegido para cerrar una noche inolvidable, mucho más allá de lo estrictamente musical.

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