El fin de la música disco
La muerte de Robin Gibb enlutó al dance
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"La banda de sonido de mis años maravillosos se está disolviendo en el aire, un artista por vez", dijo Stevie Nicks (cantante de la banda Fleetwood Mac), tras enterarse de la muerte de Robin Gibb de los Bee Gees, justo unos días después de que se conoció la noticia del fallecimiento de Donna Summer. El golpe fatal a dos íconos de la cultura disco marcan el fin de una era para una generación que transitó los setenta al paso despreocupado y bailable del dance. Una estética, que sin quererlo, Robin, junto con sus hermanos Maurice y Barry, encarnaron como pocos a partir del fenómeno musical que despertaron los Bee Gees con la banda de sonido de Fiebre de sábado por la noche (1977), protagonizada por John Travolta. El himno disco "Stayin’ alive" sintonizó con el espíritu febril y noctámbulo de una generación despreocupada por lo que pasaba a su alrededor. "Mientras otros chicos, como Ray Davies de los Kinks, escribían sobre los problemas sociales, nosotros estábamos escribiendo acerca de las emociones", confesaba Robin Gibb en 2011. "Los chicos de esa época no querían escribir sobre las emociones porque temían ser etiquetados como blanditos. Pero a la gente le encantan las canciones que le derriten el corazón."
A los tres hermanos les alcanzó con componer una serie de canciones de un género que prácticamente desconocían e impregnarlas de esos falsetes para transformarse de la noche a la mañana en los reyes de la música disco. "Nos pidieron urgentemente cuatro canciones, tras contarnos por encima el argumento. Aprovechamos que teníamos cosas grabadas y les mandamos cinco: «Stayin’ alive», «How deep is your love», «Jive talkin», «Night fever» y «You should be dancing». Lo curioso es que no le gustaron demasiado al director, pero ya no tenían otra opción", contó Robin sobre los entretelones del álbum que cambió el curso de su historia: Fiebre de sábado por la noche fue el disco más vendido de la historia, superado recién por Thriller, de Michael Jackson, en 1984.
La imagen de Robin Gibb, más etérea que la de su hermano Barry, ocupó un lugar importante en la proyección icónica del grupo. A fines de los sesenta y comienzos de los setenta, la voz baladística y adolescente de Robin, influenciada por los Everly Brothers y los Beatles, fue la que consiguió algunos éxitos prematuros de los Bee Gees en Inglaterra, con temas como "I Started a Joke", "I’ve Gotta Get a Message to You" o "Massachusetts".
A pesar de mantenerse en las bases vocales del trío, Robin siempre se había destacado dentro del conjunto. "Robin tenía una voz maravillosa y los Bee Gees escribieron grandes canciones", lo recordaba Ringo Starr al enterarse de la muerte de Gibb. En los años ochenta, Robin decidió explorar su faceta solista lanzando tres discos con relativo éxito, pero su voz estaba indefectiblemente asociada a las de sus hermanos. En los noventa el estigma de los falsetes y la música disco de los setenta lo seguía persiguiendo. A pesar de las internas familiares, Robin volvió a juntarse con sus hermanos esporádicamente para actuar en conjunto en varias oportunidades hasta que en 1997 entraron al Rock and Roll Hall of Fame.
El domingo último la muerte de Gibb causó estupor en la ceremonia de los premios Billboard. Las repercusiones no se hicieron esperar. Noel Gallagher lo llamó "leyenda" y a él se sumaron otras voces. "Siempre creí que Robin era una de las mejores personas que conocí, talentoso y un generoso amigo", dijo Travolta. "Hemos perdido a un músico brillante, uno de mis ídolos", sostuvo Justin Timberlake. Hasta los Scissor Sisters, emblemas 2000 del disco pop, escribieron: "Robbi, sos y serás una gran influencia e inspiración".





