
El folklore según Claudio Sosa
Recital de Claudio Sosa presentando su CD "Flores y ayuno". Teatro Presidente Alvear. Músicos: Pedro Borgobello (clarinete y aerófonos), Diego de la Zerda (bombo y percusión), Santucho (violín) y Lalo Romero (bajo). Invitados: Mercedes Sosa, Melania Pérez, Coqui Sosa y Osvaldo Burrucuá. Próximos conciertos: hoy, a las 23, en El Viejo Varieté, calle 49 entre 4 y 5, La Plata. Entrada general: $ 5. Sábado 25, en el Centro Cultural del Sur, Caseros 1750.
Nuestra opinión: Muy bueno
Será porque el público está necesitando escuchar otras propuestas de raíz folklórica, porque su repertorio no deja dudas o porque entre los músicos jóvenes y varios referentes de la canción popular Claudio Sosa es considerado una de las mejores voces de la Argentina actual. Lo cierto es que en su presentación del último martes en el Teatro Alvear hubo que colgar el cartel de localidades agotadas.
El cantor tucumano presentó, a sala llena, el simbólico "Flores y ayuno". El álbum, ternado para los premios Gardel 2002, fue uno de los mejores discos de folklore que salieron a fines de año, antes del 20 de diciembre, con canciones premonitorias y testimoniales de un país que se estaba desmoronando social y económicamente. En vivo, la voz del tucumano ratificó el momento de madurez interpretativa por el que está pasando, luego de años de buscar un cancionero que representara sus vivencias.
Su solidez artística le permite manejar los matices que requiere su amplio repertorio, en el que abundan zambas, chacareras, bailecitos, vidalas, canciones del litoral, temas urbanos o de denuncia social, que cuentan los sentimientos, el paisaje y la vida del provinciano lejos de su pago. De allí surge la figura simbólica del título, "Flores y ayuno".
Bien secundado por una banda en la que se destacan el trabajo de Santucho en violín y el de Pedro Borgobello en vientos y coro, más la sólida base de De la Zerda en bombo y percusión y Lalo Romero en bajo, el cantor llevó adelante una propuesta fundamentada en poetas nuevos y referentes olvidados, en un marco notoriamente afectivo que lo contuvo en la apertura y le permitió desarrollar todo su caudal interpretativo, seña particular del apellido Sosa.
Madura juventud
El músico tucumano es un cantor tan respetado como querido, a pesar de su juventud. Quizá por su coherencia artística, que viene demostrando hace cuatro discos, por ser consecuente con lo que canta y solidarizarse con los más afectados por la crisis.
Esa claridad para defender sus ideas y su origen se refleja en los temas que presentó frente a un público que tal vez estuviera ávido por otro tipo de composiciones.
Sorprendió con una hermosa y oculta zamba de Arsenio Aguirre, llamada "Horizonte de octubre", y con los arreglos armónicos de la vidala "La plañidera", del Duende Garnica, al que definió como "un poeta en la línea de un Tejada Gómez, un Zito Segovia o un Jacinto Piedra". Es en esos pasajes en los que Sosa sigue encontrando la médula de su canción y el mejor cauce para la hondura de su voz.
La tía Mercedes
Por la presentación también pasaron numerosos invitados, que dieron a su participación un sentido más de "amistad y respeto".
Junto a su hermano Coqui Sosa, "al que admiro porque es un luchador", entregó una exquisita versión de la zamba de Raúl Carnota "Flor de campo". Con la soberbia Melania Pérez hizo el huayno "Paloma del alma mía", y con su tía Mercedes Sosa cantó "Chacarera del olvidao", uno de los momentos más emotivos de la noche.
"Esta canción del Duende es un símbolo para todos nosotros, por todo lo que representa", había prologado Claudio Sosa. Por lo que se escuchó después, esa canción se transformará en la columna vertebral de un nuevo canto.
Al final de la chacarera de Garnica, que también recibió gritos de aliento de la popular, el público se puso de pie y tía y sobrino no pudieron evitar las lágrimas tras cantar: " No quiero de más, quiero lo que es mío, al mazo trampeado quiero torcerle el destino ".
A lo largo de una hora y media Claudio Sosa logró transmitir, con sencillez y profundidad, el mapa social de la Argentina de hoy. Lo hace convenciendo al público, por el fervor que despertó, cantando coplas nuevas.
"Hay que darles espacio a los nuevos compositores, como Guernica, Guajardo, Hoyos, Sergio Castro y tantos otros que siguen escribiendo con profundidad", apuntó durante el recital.
Al final del concierto muchos de sus colegas atinaban a decir: "Si le va bien a él es como que nos fuera bien a todos". Quizás opinaban así porque interpretaban que Claudio Sosa es la voz de toda una nueva generación de intérpretes y compositores que están en aquel camino que supo dejar el movimiento de la Nueva Canción, que integró su tía Mercedes Sosa y que está generando nuevos espacios, a comienzos del siglo XXI.
Así como su exitosa presentación fue simbólica para una buena parte de ese folklore que sigue siendo ignorado por programadores radiales y festivaleros, la propuesta de Claudio Sosa -como otras que circulan por canales independientes- ayuda a polarizar una música popular argentina que en los últimos años había cedido demasiado terreno al folklore efectista y romántico.
Ahora este canto con fundamento parece estar de nuevo en el centro de la escena, en la misma modalidad en que lo entendieron en tiempos de la llamada Nueva Canción, en la década del 60, junto a las luchas, alegrías y esperanzas de la gente.
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