El gran golpe de los discos piratas
Las copias truchas le quitan a la industria una porción creciente del negocio
1 minuto de lectura'
Mientras el mundo debate sobre el futuro de la música en tiempos on line y se habla de nuevos soportes y novedosas formas de distribución, la realidad sigue siendo más pedestre y amarga. El problema de la piratería no pasa hoy por un asunto de bites y sitios de intercambio gratuito, sino de contundentes compactos truchos que provienen de una industria ilegal montada a expensas de los artistas.
Los números son claros. Según un estudio realizado por la consultora Ernst & Young, el mercado pirata movió durante el año 2000 una suma estimada en 133 millones de pesos, frente a 315 del mercado regular. La cosa se pone aún más nítida cuando tenemos en cuenta las unidades en juego, es decir, los cassettes y discos compactos. Frente a 15 millones de legales, se vende otro tanto de piratas (la diferencia en cuanto a valor es porque los truchos se venden a un precio mucho menor). En definitiva: la mitad del mercado del disco es pirata.
Las cifras son verdaderamente desalentadoras para la industria discográfica y una comparación en el tiempo aporta la elocuencia de un mazazo: en 1975, cuando este país estaba poblado por unos 25 millones de habitantes, se vendían 21 millones de unidades; veinticinco años después, en 2000, la población había ascendido a 35 millones, pero las ventas cayeron a 15 millones. Frente a las de 1998 (23.379.414 unidades) las ventas de 2000 (15.070.497) han caído un 42,5 por ciento.
En ese bache están las copias truchas en cuestión. Porque ya no se trata de copias caseras en cassette que circulan entre amigos, sino de un delito altamente rentable. El bienvenido avance tecnológico también trajo aparejada una reducción del precio de los "quemadores" caseros (así son llamados los reproductores de CD, debido a la tecnología empleada). La cuenta fue hecha rápidamente por los piratas, a un costo relativamente bajo (hoy se consiguen "quemadores" a menos de 200 pesos); se puede montar una pequeña fabriquita de copias truchas, pero que suenan como las originales.
El precio es el gran gancho. Así, las disquerías que hacen su negocio como corresponde tienen que tolerar en las cercanías, y hasta en la vereda de enfrente, a los puestos clandestinos que venden los discos a mitad de precio. Claro que no sólo atentan contra el comercio minorista legalmente instalado, sino que allí cortan la cadena, cierran el círculo y atentan contra el futuro. Porque el dinero irá completo a sus arcas piratas, el músico no recibirá lo que le corresponde por derechos de autor -lo que le permite seguir creando- ni podrán hacer su negocio los sellos discográficos para, así, continuar invirtiendo en nuevos artistas.
Pero ¿qué hacer frente a esto? Capif, la cámara que agrupa a las compañías discográficas, y la Asociación para la Protección de los Derechos Intelectuales sobre los Fonogramas (Apdif) son quienes están llevando a cabo un intento de concientización sobre el tema.
"La industria del disco lucha contra la piratería, a través de investigaciones y denuncias -aclara Roberto Piay, director ejecutivo de Capif-, pero encontrar plantas clandestinas y medios de distribución exige mucha inversión. Un trabajo que, en definitiva, les corresponde realmente a las autoridades".
La piratería fonográfica está penalizada por dos leyes federales, la 11.7234 y la 22.362. La primera protege el contenido intelectual y la segunda, a las marcas (como Sony, Warner, etc.) "Las dos son de acción pública, es decir que si uno detecta que en la vía pública se vende un producto presumiblemente ilícito, no es necesario hacer una denuncia sino que la autoridad competente (policía, autoridades municipales) puede actuar de oficio y levantar, por ejemplo, el puesto ambulante", aclara.
El disco, además, parece un hijo no querido de la cultura. Porque mientras el libro goza de la exención del IVA, no es así con la música. Pero, ¿acaso no es parte de nuestra cultura un disco de Gardel, de Atahualpa Yupanqui o de Luis Alberto Spinetta?
Poco a poco, sin embargo, algo parece lograrse. En principio, el Ministerio de Economía habría accedido a incluir la industria discográfica en convenios de competitividad. Dadas las características propias -y con la piratería como principal talón de Aquiles-, podría también sumarse a un grupo especial que se está conformando para combatir la evasión, contrabando y falsificación de indumentaria, calzado y textiles. El motivo de sumar el disco a estos otros rubros tiene una razón práctica: suelen comercializarse en los mismos puntos de venta.
Puestos de venta que parecen tener cada vez menos escrúpulos. Ya desde hace unos años se volvió habitual descubrir discos truchos en las ferias del Gran Buenos Aires. Lugares donde sí podrían venderse discos a bajo precio -de segunda o descatalogados-, pero dentro de la legalidad. En su lugar, lo que se encuentra son réplicas de los originales puestas a la venta casi en simultáneo con las disquerías.
En pleno Centro
Pero desde hace unos meses también se encuentran puestos de venta ambulante en pleno Centro. Córdoba y Paraná, Callao y Córdoba, Las Heras y Austria, Coronel Díaz y Juncal, son algunas de las esquinas que han sido detectadas.
Aunque precarias (un tablón sobre caballetes y los CD en exhibición), son en verdad las puntas del ovillo de estructuras organizadas, integradas por laboratorios, centros de copiado con varios "quemadores", fotocopiadoras para reproducir las tapas de los CD y depósitos. "En 2000 se efectuaron 280 operativos -dice Gabriel Salcedo, abogado de Apdif-, la mitad en la vía pública y la otra mitad en laboratorios, depósitos y disquerías, y se incautó medio millón de unidades, entre cassettes y CD."
Los laboratorios no son grandes, pero sí efectivos. El 25 de junio último se allanó, en Wilde, un laboratorio completo de replicación y falsificación, según informa Apdif. Allí se incautaron cuatro torres de copiado con un total de 30 "quemadores" trabajando en línea, con una capacidad de producción de 1.797.120 discos en un año. Además, para completar el proceso, había una impresora/fotocopiadora color; 155 bastidores de serigrafía para el pintado de los discos; más de 3000 discos vírgenes y grabados, y más de 80 mil carátulas de tapa y contratapa de autores e intérpretes varios, en su mayoría de artistas nacionales.
En otros procedimientos, en este caso en depósitos, se confiscaron 15.000 CD en uno y 8000 en otro. Es que el CD ha aumentado su presencia en este lado oscuro, manifestando allí también la lenta agonía del cassette como soporte. Mientras que el año último la proporción de lo secuestrado era de dos cassettes por cada disco compacto, el primer semestre el CD lleva la delantera.
También existe el negocio hormiga, pequeños microemprendimientos tan ilegales como las grandes organizaciones. "Se trata de pequeños copiadores -cuenta Salcedo-; generalmente jóvenes, muchas veces estudiantes universitarios que, para costearse sus estudios, hacen copias en sus computadoras." Aquí, la tecnología no sólo aporta el sistema de copiado, sino también el de difusión y distribución. "En general tienen un sistema de encargo y delivery basado en un teléfono celular, un e-mail o una página en Internet donde se hacen los pedidos que luego se envían por correo, con pago contrarreembolso."
En estos casos, en general, el catálogo es más selectivo y está basado en la propia discoteca del truchador. En los más organizados, en cambio, lo que se privilegia es, claro, lo que más se vende. Así es como, en general, en los puestos de venta callejeros lo que se exhibe coincide casi exactamente con la lista de los diez discos más vendidos en las cadenas de disquerías más importantes del país. Una picardía criolla que va en contra del futuro de nuestra música.
Mercado negro
Millones de pesos
Según las estimaciones, es el monto anual que el mercado de discos piratas le quita al mercado legal.
Por ciento
Es lo que cayó la venta en las disquerías entre 1998 (cuando se habían vendido 23.379.414 unidades) y 2000 (cuando se vendieron 15.070.497).
Millones
De copias piratas son las que se venden en la Argentina por año, según calculan las cámaras del sector. Es una cantidad prácticamente igual a la que, en conjunto, venden los comercios legítimos del ramo en todo el país.
Extremando el ingenio
Una de las preocupaciones actuales es tratar de bajar el precio de los CD. Un trabajo que se viene realizando: ya hubo una leve rebaja. Los lanzamientos hoy se consiguen a 18 o 20 pesos, frente a los 20-22 de hace dos años.
También se busca la manera de darle al comprador de disco legal un valor agregado. Ningún melómano aceptará fácilmente una copia trucha que no incluya el arte de tapa completo, con los correspondientes datos. Pero también se busca la seducción por otras vías.
EMI, por ejemplo, trató de paliar el efecto pirata frente al lanzamiento del último disco de Los Nocheros, incluyendo con la compra, tanto de CD como de cassette, un video del grupo con imágenes de la grabación. "Además, el color platinado de la tapa queda notoriamente feo en la copia pirata -comenta Rafael Vila, de EMI-. Pero creo que el gran efecto fue el video. El resultado fue sorprendente y la demostración es que, a menos de dos meses de su lanzamiento, ya se vendieron 190.000 placas. Salimos, además, con un buen precio: 16,90 pesos el CD y 8,90 el cassette."
El cuidado tenía su motivo. El disco anterior del grupo folklórico, "Nocheros", se vendía en los trenes en versión pirata, con el arte fotocopiado, un día antes que su lanzamiento oficial. "En este caso, logramos que se retrasara diez días por lo menos", agrega Vila.
Regalitos para los CD
El nuevo disco del grupo metálico A.N.I.M.A.L. también viene con regalo. "Lanzamos una edición primera, limitada, que incluía un piercing -explica Angel Kaminsky, gerente de marketing de Warner-. Es un plus interesante para el tipo de oyente del grupo. El año último, con el disco de Santos Inocentes, venía un mezclador de música para armar tu propia mezcla y un jueguito virtual. La idea es agregar algo, un póster, un concurso, tracks interactivos o sacar dobles al precio de un solo disco."
También para él, el precio final es un punto clave. Cree que, apoyo gubernamental mediante en cuanto a exenciones, el disco debería costar 14 o 15 pesos, cuando se trata de una novedad, y de 10 o 12 para el caso de los discos de catálogo. "El precio de producción de un CD es de un peso, lo que lo encarece son los impuestos y los derechos que hay que pagar", agrega. Menciona, como ejemplo, Brasil, donde, cuando se trata de un artista local, el costo de la grabación puede deducirse del impuesto a las ganancias.





