
El grupo Alas, con vuelo renovado
El baterista Carlos Riganti habla sobre el relanzamiento de la histórica banda
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A casi tres décadas de su formación y pronta disolución, Alas volvió a tomar forma. O vuelo. Por ahora, el regreso se concretó sólo en los Estados Unidos, donde residen dos de sus históricos integrantes. Pero el 19 de agosto, en el teatro Ateneo, sucederá su esperado regreso a los escenarios de Buenos Aires, con Néstor Marconi y Pedro Aznar como invitados.
Así lo asegura Carlos Riganti, que sigue viviendo en el país, alternando sus dos actividades: músico y médico (es jefe del servicio de alergia de la Casa Cuna).
Riganti, como los demás, dejó el país a fines de los furiosos setenta. "No había posibilidad de desarrollar un proyecto musical como el nuestro. Por eso, fuimos emigrando paulatinamente. Yo estuve un tiempo en España pero volví a la Argentina y seguí toda mi historia aquí. Gustavo (Moretto) y Alex (Zucker) fueron a los Estados Unidos y se quedaron allá".
Moretto estudió en Berklee, hizo un doctorado en composición de música contemporánea en la universidad de Columbia y ganó una beca Guggenheim. Hoy, es profesor en la Guardian Comunity College.
La conexión entre ellos se mantuvo gracias a los periódicos viajes debidos a la "doble vida", como la define Riganti. Así, cuando asiste a congresos médicos, aprovecha para no perderse el festival Modern Drummer. "Siempre nos encontramos con Gustavo. Me invitó a dar cursos de percusión e hicimos varias conciertos."
Los encuentros se repitieron a lo largo de todos estos años, sin otra finalidad que el encuentro mismo. Pero, recientemente, cuenta Riganti que se despertó "un cierto interés por Alas en las nuevas generaciones de músicos y me empezaron a llamar de programas de radio. En uno me hablaron de algunos festivales que podrían estar interesados en la banda, si se reuniera. Y comenzamos a pensar en esa posibilidad".
Los festivales todavía están pendientes, pero ese proyecto inicial se transformó en propuestas concretas para tocar en distintos lugares de Nueva York y Nueva Jersey. La primera oferta fue de Trumpet, "una especie de Blue Note", aclara.
Preparando el regreso
Unos diez meses atrás, Gustavo y Alex comenzaron a imaginar los temas para este regreso al que se sumaron Martín, hijo de Gustavo, en guitarra, y Héctor del Curto, un bandoneonista radicado en Nueva York, que toca con Pablo Ziegler.
Riganti viajó en diciembre. "Fui un sólo día a la ciudad, a comprar micrófonos. El resto estuve secuestrado en la casa de Gustavo ensayando. Volví con los papiros que escribe Gustavo y trabajé enero y febrero en mi casa."
Finalmente, el 16 de marzo tocaron en el Soho Play House, "un teatrito para 200 personas", le siguieron dos presentaciones en la Universidad de la Guardia Comunity College, otras en el consulado argentino y, finalmente, Trumpet".
El tiempo, de todas maneras, ha corrido. Y el grupo no tiene el mismo sonido. "Es mucho más analógico -dice Riganti-, no tan de sintetizadores. Lo digital es bárbaro para la captación del sonido, para grabar y reproducir. Pero para emitir no hay nada mejor que lo analógico. El instrumento acústico tiene una riqueza tímbrica que no la puede reproducir ningún programa."
No es sólo un tema de registro y grabación. Riganti habla sobre aquellos primeros tiempos de la banda. "Siempre fuimos medio cabezones -dice
- porque hacíamos música contemporánea en 1976. Escuchábamos a Chick Corea y Emerson, Lake and Palmer, pero nuestros ídolos eran Gerardo Gandini, Carmelo Saíta y Schšnberg. Y esa idea de Piazzolla de síntesis del tango con Bela Bartok, nosotros pensábamos que había que empujarla un poco más, y llevarla al dodecafonismo, a Schšnberg, a Varese. Era continuar su idea, no imitar su trabajo, como han hecho muchos."
Pero todos eran, a la vez, músicos de rock "y lo incluíamos, porque yo aprendí a tocar la batería con los Beatles". Y en sus vidas, en sus casas, desde siempre, había estado el tango. "Con el grupo estudiábamos mucho el fraseo de los bandoneones, porque el rock empezó a ser argentino cuando se empezó a cantar en castellano, pero, pensábamos, que el siguiente paso era tocar en castellano"
Lo cierto es que los músicos no sabían cómo iba a ser tomada su propuesta en aquel ámbito neoyorquino. "Es un lugar de jazz, y el jazz tiene un groove y una dirección fija. El tiempo no se modifica, la música norteamericana es así en general. Nosotros íbamos a proponer algo que viene del tango, con frenadas, acelerandos, ralentandos, que se detiene. No es lineal, tiene componentes expresivos que modifican el tempo y que nosotros explotamos permanentemente. Porque nuestra idea no es sumarle bandoneón al jazz, o jazzear el tango. La idea es tanguizar el jazz o la música contemporánea si querés."
Lo que presentaron y presentarán, son aquellos temas, pero también composiciones nuevas, de Moretto, "que es un lujo como compositor, imaginate, se ganó una beca Guggenheim."
Además de desarrollar su labor médica, Riganti siempre siguió dedicándose a los tambores. Es profesor del Instituto Tecnológico de Música Contemporánea, tuvo varios grupos, entre ellos Monitor y Diga 33, este último integrado por médicos amigos. ¿Es, para él, fácil llevar esa doble vida? "No es doble. Es mi vida -contesta Riganti-. Y cuando me preguntan de dónde saco tiempo, la respuesta es sencilla: no me interesa el fútbol. Todo ese tiempo que mis amigos dedican a saber cómo va el equipo, a ir a la cancha, yo me lo guardo. Me alcanza y, creeme, todavía me sobra."
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