
El hacedor de la música y la palabra
El cantautor celebra los 25 años de la aparición de su primer disco, en los años 80, en el que tocó Fito Páez, y hoy lo festeja con amigos en La Trastienda
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Pájaros de fin de invierno fue el primer disco que Jorge Fandermole editó, en pleno comienzo de la primavera democrática, cuando la trova rosarina empezaba a ganarse un espacio propio en la MPA. En ese momento, sus temas "Era en abril", "Canción del pinar" y "Río marrón" se transformaron en el mascarón de proa de un grupo de artistas que pisó fuerte en Buenos Aires, como Fito Páez, Juan Carlos Baglietto, Adrián Abonizio, Silvina Garré, Lalo de los Santos y Rubén Goldín.
La diferencia es que Fander nunca se fue de Rosario, siguió componiendo piezas emblemáticas del cancionero popular y se transformó en un cantautor de culto. Paralelamente fundó la Escuela de Música Popular de Rosario; creó el sello Ediciones Musicales Rosarinas, en 1994, y se transformó en el autor más grabado y cantado por artistas como Mercedes Sosa, Liliana Herrero, Ana Belén, Juan Carlos Baglietto, Tania Libertad y Suna Rocha, entre otros. Su obra poética, a la altura de un Chico Buarque criollo, recibió el Konex 2005 al mejor autor de folklore de la década. Pasaron veinticinco años y Fandermole celebra ese oficio de hacer canciones en La Trastienda junto a varios amigos: Carlos Negro Aguirre, Juan Carlos Baglietto, Raúl Carnota y Juan Quintero.
"En realidad, nos dimos cuenta con mi productor de que este año se están cumpliendo los 25 años de mi primer disco, y fue una oportunidad para mostrar en Buenos Aires el proceso creativo de cómo van surgiendo canciones entre el tiempo que aparece un disco nuevo y el material futuro. Quiero mostrar que en este período ocurrieron cosas nuevas, que aparecieron canciones, y también mostrar mis viejos temas al modo de hoy. Eso es lo que me motiva", cuenta Fandermole, autor de himnos como "Río marrón", "Cuando", "Sueñero" y "Oración del remanso".
El formato de este concierto rescata los encuentros que el cantautor mantuvo con artistas en todos estos años de trabajo, en los que editó ocho discos. "Fuimos viendo qué forma podía tener esta presentación y nos dimos cuenta de que podíamos mostrar cómo los 90 fueron para mí sustanciosos en los encuentros con otros músicos, a través de proyectos musicales muy diferentes. Con todos ellos hice cosas y tengo un vínculo fuerte. Con Juan [Baglietto] siempre estuve como invitado de sus shows y canto mis temas. Con Raúl [Carnota] tenemos armado el repertorio de un proyecto que nunca pudimos mostrar, con canciones en letra y música de los dos. Con el Negro Aguirre compartimos un montón de veces el proceso de la creación. Y en el caso de Juan Quintero, es una amistad nueva que me mostró otras formas de abordar la composición."
-En los últimos años salís más seguido de Rosario, ¿qué te llevó a moverte más?
-Siempre tuve la intención de actuar más frecuentemente. Creo que en los últimos años ordené mejor mi trabajo. Aprendí a ser más cuidadoso, y viendo la inconveniencia de editar un disco en un sello grande, lo hice de forma independiente. Eso hace que cuides el material de otra manera y que te ocupes de que la obra circule. Por ahí eso le quita tiempo a la parte artística, pero hoy es así. Los artistas son gestores de sus propios trabajos. Eso lo encontrás en casi todas las provincias.
-¿En todo este camino que desandaste lograste un ejercicio para hacer canciones fácilmente?
-Para mí, la composición sigue siendo el principal atractivo de mi oficio. Siempre estoy buscando cosas que suenen diferentes, nutrirme de las cosas que me emocionan. Pero no es más sencillo para mí componer canciones, y ahora soy más exigente. No soy un compositor prolífico, pero busco un lenguaje diverso, maneras distintas de ver las cosas. A veces se logra y a veces no. No es que llegué a una síntesis y logré un lenguaje.
-Pero tenés una decena de canciones que se instalaron como clásicos de la música popular.
-Tengo 52 años y nunca conté la cantidad de canciones que tengo (risas). Pero no soy de ese tipo de autores que tienen una obra que se cuenta por miles, como dicen de Yupanqui. No es mi caso, y tampoco creo que sea importante. Deben de ser unas cien, y entre esas hay canciones que pierden identidad y van quedando; otras que se sostuvieron sencillamente por su resistencia y calidad. La cantidad no dice mucho de un compositor. De última, lo que va a ocurrir es que las sustanciosas van a quedar. Y mejor que sea así, si no, podría quedar mucha basura dando vueltas por el mundo (risas). ¿Cuántas habrán tirado los grandes compositores antes de hacer un tema?
- En tu caso se da algo peculiar, y es que te transformaste en un autor muy interpretado y grabado por artistas tradicionales y más vanguardistas.
-Eso me gusta. Te diría que me siento más cercano a las formas tradicionales. Sin embargo, me pasa que un tema como "Oración del remanso" tiene desde versiones bien chamameceras de grupos chaqueños hasta una versión en la otra punta, como la de Liliana Herrero, que me encanta. Yo no podría abordar ninguno de esos extremos. Estoy en medio, entre la tradición y la vanguardia. Debe de ser una cosa generacional.
-¿A quién estudiabas generacionalmente como músico y compositor?
-Cuando era chico escuchaba mucho tango y folklore del 60. Hay cosas de Falú-Dávalos, Leguizamón-Castilla, Chacho Müller, Ramón Ayala y Aníbal Sampayo que me siguen influenciando. Hay mucho de azar en mi formación. Al no tener una formación académica, me llegó música de todos lados, y con esos pedazos uno va armando su mapa. También la música brasileña; compositores como Chico Buarque y Tom Jobim fueron muy importantes para mí y mi generación. Después hice un estudio de cuáles fueron los grandes momentos poéticos de la canción argentina. Eso me llevó mucho laburo. Quería conocer ese lenguaje en profundidad y a la vez renovar.
-¿ Sentís que lograste una forma compositiva distintiva en la música popular, una marca propia?
-Sinceramente, preferiría pensar que en mi música hay marcas de diversos compositores y que ojalá pudieran estar en mi propio lenguaje. No tendría problemas en que se me comparara o se viera la influencia de autores como Nella Castro o Buarque en mis canciones. Por más que los temas sean los mismos, los detalles y los modos de abordar la creación son infinitos. Yo quisiera poder escribir con la sensibilidad de una mujer, un muerto o alguien por venir. El lenguaje tiene eso, que nunca se estandariza. A mí me toca estar en esa búsqueda, y es algo que me agobia, pero es la única posibilidad de componer. Lo que me alienta es que la canción sigue funcionando como el gran transmisor del lenguaje poético en todo el mundo.
Historia de un trovador
- 1956. Nació en Pueblo Andino, provincia de Santa Fe
- Los ochenta. Autor puntal de la conocida trova rosarina a partir de "Canción del pinar", que grabó Silvina Garré.
- Fundador. Crea la Escuela de Música Popular de Rosario, en 1988, y el sello Ediciones Musicales Rosarinas, en 1994.
- La voz. Mercedes Sosa graba su consagratorio tema "Sueñero" en el álbum Al despertar (2001).
- Autor de la década. La Fundación Konex le entrega el premio al mejor autor de folklore en 2005.
Para agendar
Jorge Fandermole . Presentación del cantautor rosarino.
La Trastienda, Balcarce 460. Hoy, a las 21. Entradas desde 25 pesos.
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