
El hipnótico sonido de la quena andina
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En los pueblos de los Andes y en la región de la Quebrada de Humahuaca la quena es un instrumento que en sus orígenes sólo se podía tocar en la época de invierno. Cada melodía y cada copla coincide naturalmente con un ciclo vital y una estación del año, un calendario que tiene que ver con la cosecha y que refleja momentos de agradecimiento, regocijo, austeridad o abundancia. Raúl Olarte nació en Humahuaca y, a pesar de que hace años que vive en Buenos Aires, conoce y respeta ese ciclo natural donde la música fluye con la vida cotidiana. "Yo empecé a estudiar música a los 7 años con un maestro de Humahuaca que se llamaba Arsenio Zuleta. Empecé de cero tocando bombo, después charango y quena. Todos los chicos aprendíamos a tocar distintos instrumentos, pero me sentí cómodo ejecutando los vientos. Ese aprendizaje me sirvió en el futuro porque ahora toco varios instrumentos para mis grabaciones", cuenta el quenista, que presenta hoy y mañana, a las 20.30, su espectáculo Quena de los Andes en el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín.
-La gente de la quebrada suele decir que los chicos nacen con algunas condiciones naturales para la música.
-Es verdad. Creo que hay algunos condicionantes que tienen que ver con la presencia cotidiana de la música en la vida común de la gente de la quebrada. La música está presente en el festejo del carnaval, cuando hay que acompañar una procesión de un misachico o en la época de Semana Santa. El pueblo suele estar imbuido de los sonidos de instrumentos como el charango, los sicus y las quenas todo ese tiempo. Es difícil sustraerse a eso, y un niño absorbe todo. Cada vez que hay una celebración importante se recurre a los instrumentos de cañas. Cuando uno es grande, recién toma conciencia de que todo esta cultura se va transmitiendo de generación en generación. Si el chico tiene talento y vocación en algún momento eso sale como expresión porque toda esa información ya está incorporada en la memoria genética del quebradeño.
En un momento de su vida, toda esa información hizo explosión en la conciencia de Raúl Olarte y la música se transformó no sólo en un acto cotidiano sino en su forma de andar por el mundo. El quenista grabó tres discos solistas; hizo giras por el mundo como músico de Ariel Ramírez y su Misa criolla ; experimentó con la tecnología en el excelente Casabindo, y se volcó a la recreación de un sonido puro y natural en su instrumento. "En mi formación fue muy importante la música popular pero también me influyó mucho la música clásica -cuenta Olarte-. Recuerdo que iba todos los días a jugar al fútbol detrás de una cancha que daba a la iglesia de Humahuaca. El cura, que era un alemán, siempre ponía Bach en su tocadiscos y yo terminaba embelesado por esa música que quería tocar en la quena. Yo recibí esa información y después, con el tiempo, lo único que hice toda la vida fue retornar de alguna manera a ese momento, a esa primera vez de embelesamiento con la música.
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