
El jazz tiene voz: Roxana Amed
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Presentación de "Limbo" , con Roxana Amed en voz, Alejandro Ridilenir y Claudio Iuliano en guitarras, Fernando Galimany en contrabajo y Mario Gusso en percusión. Próxima función, el sábado 25, a las 22, en Notorious, Callao 966.
Nuestra opinión: muy bueno +
Nada de giros vocales a la usanza de la gran Ella; las influencia de la "divina Sarah" tampoco aparece. Roxana Amed impone su propio sello, galvanizado a fuerza de reconstruirse como cantante de jazz en busca de su identidad, algo tan difícil en estos tiempos de agotamientos estilísticos.
Su voz profunda, cargada de matices, elude los tonos divertidos, su mood es dramático, con cierta dimensión teatral que aumenta la expresividad de su canto. En un Notorious a tope, la Amed presentó "Limbo", un trabajo muy interesante a partir de composiciones propias junto a algunos pocos standards tratados de manera creativamente original.
Pero no sólo su canto lleva marca propia, el grupo tiene una tímbrica desacostumbrada para la escena local. Dos guitarras: Alejandro Ridilenir en acústica y Claudio Iuliano en la eléctrica, Fernando Galimany en contrabajo y un inspiradísimo Mario Gusso en percusión le dan el necesario cromatismo musical para enriquecer el conjunto. No habrá solos instrumentales, ni esas afanosas búsquedas de protagonismo que terminan por desvirtuar las propuestas. El criterio no admite vanos gestos de virtuosismo. El colectivo tiene más fuerza que las necesidades individuales.
El encuentro comienza con un gospel a capella. Primera parada de lo que será una noche plena de gratas sorpresas. La voz de la Amed ha ganado en estos años una fuerza expresiva única; su manejo de la voz, su riqueza de registro le permite sondear dentro de este género negro del que sólo algunos salen indemnes.
El grupo se introduce con "Round Midnight", en el que la falta de piano redundará en un tono más aéreo, aunque la profundidad la pondrá el canto de la Amed, intenso, por momentos de una crispación acerada, en otros su voz lleva el desconsuelo. Los arreglos acentúan el toque de blues sobre la melodía y logran así estimular la introspección que lleva en sus alas este tema de Monk.
Vendrán luego sus composiciones, las que muestran un espíritu tocado por la necesidad de ser libre. Su música no tiene ataduras con el género, de ahí que sus temas muestren caminos tan diversos que la acercan al ecléctico mundo de la cantante Cassandra Wilson, quizás único nexo conocido con el mundo del jazz.
En sus letras abundan las imágenes, como en "Violines en el campo", composición que comparte con el pianista Lozano y que tiene un refrescante aire bucólico.
Unión de voz y contrabajo
Uno de los grandes momentos de la noche es la versión de un tema que la cantante Joni Michell compuso con Charles Mingus, en el que la voz y el contrabajo se funden en una sola cuerda. Amed y Galimany logran transmitir esa emoción que combina el canto con el sonido gordo que surge del contrabajo.
Se acerca el final y la Amed descarga sobre el auditorio "Epitafio", tema durísimo que tiene la fuerza de un hit, aunque nada concesivo. La letra habla de dolor y de una inocencia asesinada por la mentira. La lírica es de una fuerza arrolladora mientras la música con un lejano aire de milonga quebrado por el fraseo del canto intensifica el tono lúgubre de este epitafio.
Se despide con nada menos que "Caravan", en una logradísima versión. La Amed la trajo para su mundo, el árabe y la música, de pura cepa marroquí, realza el fraseo. El swing de Nueva York desapareció para dejar lugar a esta verdadera delicia de originalidad. Canto y música se hacen uno. La intensidad de la voz planea sobre aire marroquí de cuerdas y percusión. El trabajo de Gusso en este tema es soberbio. El canto de Amed acelera, mientras que la música parece retrasar el tempo . El arco de tensión se tensa. El tema consigue transmitir una emocionalidad incomparable. Los arreglos sortean todo lugar común en busca de no disipar esa kalima lograda a fuerza de corazón. Un notable desempeño del grupo para el final. La respuesta del auditorio es sólo una señal, pero lo cierto es que estamos frente a la mejor voz del jazz local.



