
El lenguaje de Pink Floyd
Desde su irrupción en el underground de Londres, Pink Floyd fue la banda del espectáculo total. Continuó siéndolo durante tres décadas, con cambios de lenguaje, de estética, de músicas, de líderes, e incluso de integrantes. Pink Floyd rompió con todas las barreras imaginables: exploró las posibilidades sonoras como pocos, grabó álbumes que son hitos de la música del siglo XX, ofreció espectáculos inigualables, introdujo en los shows el sonido cuadrafónico cuando muy pocos accedían recién al estéreo, hizo música de ciencia ficción, obras sinfónicas y exquisito pop, y hurgó con su poética en la soledad y la desesperación del hombre, adelantándose con naturalidad a su tiempo.
Siempre vale la pena revisitar a Floyd, y nunca con una mejor excusa que la visita de Roger Waters, pulso y lenguaje de obras imperecederas. Pero no vamos a repasar la historia musical, sino las "visiones" del grupo. Visiones que están directamente ligadas a la idea de espectáculo como obra que completa y perfecciona la música que se registra en un álbum, que incluso desborda lo que solemos llamar un trabajo conceptual.
En 1966, Pink Floyd sorprendió a la psicodelia londinense con un show que excedía el encuentro musical, con luces estroboscópicas, proyecciones fílmicas, spot-lights, perfumes, almohadones orientales y un genio visionario y loco en el centro de la escena que fascinaba al público: Syd Barret. Un compositor de canciones que, sin embargo, invitaba al público a formar parte de una -como escribió Boris Vian- "situación emocional total de la personalidad" en temas extensos y climáticos.
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Syd Barret, entonces, encendió ese motor de búsqueda que, en muy poco tiempo (y con sólo un álbum editado "The Piper at the Gates of Dawn") debieron seguir sus compañeros Roger Waters, Rick Wright y Nick Mason, a quienes se sumó un amigo de Barret, David Gilmour, para contenerlo y reemplazarlo en sus momentos de crisis (que en 1968 lo alejaron definitivamente de los shows). Y si bien con Barret se fue cierta alegría surrealista y delirante, el grupo profundizó su búsqueda por el camino de la experimentación sonora por muchos años, con "A saucerful of Secrets" (todavía con un poco de Syd) y con el experimental "Ummagumma", el pretencioso "Atom Heart Mother" o el ecléctico "Meddle", y un par de bandas sonoras ("More" y "Oscured by the Clouds").
Esta es una primera etapa donde la canción aparece en pequeñas dosis. Las letras todavía conservan algo del deseo de universalidad del movimiento hippie (aunque con una desconfianza que será cada vez más notable), donde el centro no es la realidad, sino el ensueño (son hijos de la Segunda Guerra Mundial), y la ironía y el delirio son armas siempre útiles para evadirse. En general, quienes protagonizan las historias son personajes exóticos, pero también son exóticos los músicos (que incluso filman un concierto sin público en las ruinas de Pompeya) y el público, que forma parte de esos viajes donde confluyen música, imágenes y colores como no se habían visto antes. Y es esa desconfianza la que se transformará en desencanto. El primer desencanto. Pero de eso se hablará en esta columna la próxima semana.
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