El momento del pop
El pop argentino recorre a paso firme una actualidad que le es favorable. Bandas de distintas tendencias estéticas no sólo producen discos interesantes, sino que además generaron un circuito que, día tras día, conquista nuevos seguidores.
El de la música pop no es un terreno fácil. Ya la amplitud del concepto resulta un buen blanco para todo tipo de paracaidistas, y se corre el riesgo de caer en la tentación de la mera formalidad genérica. Pero simple no quiere decir fácil, y accesible no quiere decir que esté destinado a un determinado tipo de consumidor con problemas auditivos.
Si bien el pop fue (y es) tratado con cierto desdén por parte del rock, es verdad que, sobre todo desde el resurgimiento que protagonizó en los primeros años 80, generó no sólo músicas notables, sino que también estableció nombres y propuestas que enriquecen el panorama musical de estos tiempos.
Desde aquellos gestos iniciales de Virus, Los Abuelos de la Nada y Soda Stereo (al frente de una lista interminable), la música pop ligada al viaje rockero generó un estilo que se expandió por todo el mundo hispano y se asentó con señas particulares. Los resultados se notan desde México hasta Chile (y Soda fue el gran bastión conquistador; basta recordar la intensa y extensa gira de despedida) y una amplitud del mercado que llega a buena parte del mundo.
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El presente de la música pop local renovó sus nombres y vive una época de esplendor que se sustenta, básicamente, en lo variado de las propuestas. Desde el toque intimista y melancólico de Me Darás Mil Hijos (que presenta su segundo álbum esta noche, en el Ateneo) hasta la electricidad de Estelares, la limpieza sónica de Miranda!, el ritmo arrebatador de Adicta, la ironía rocker de Los Látigos, la experimentación tecno de Entre Ríos o el estilo crooner de Sergio Pángaro y Bacarat (actúan juntos mañana, en Obras), el pop inunda Buenos Aires.
Mientras tanto, el rock parece encerrarse en lo que se dio en llamar un estilo barrial (ese rock más directo, incluso más primitivo), en el que al parecer se renuncia a experimentar, y sin mucho espacio para otras propuestas estéticas (las radios masivas, en las que antes se descubrían artistas, ya no promocionan alternativas rockeras). Y en ese terreno se afirman los nuevos músicos pop, con menos prejuicios, con menos límites.
Por eso, habrá que perderle el miedo a la palabra pop. Habrá que ceder un poco de esa suerte de firmeza de principios rockeros para hurgar en el sonido de estos tiempos, en las estéticas de esta actualidad. Y que la nostalgia no paralice.






