
El número del opus
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" Opus ", en latín, significa ‘obra’. El "Quinteto op. 48" de un compositor indica que este quinteto es la cuadragésima octava obra editada de ese compositor. La rutina de numerar las obras publicadas se estableció firmemente en el siglo XIX aunque la práctica puede ser rastreada mucho tiempo antes. Lodovico Grossi da Viadana editó su "Motecta festorum, op. 10", en 1597. En los dos siglos siguientes, "op." pasó a ser la herramienta para designar colecciones de música instrumental que incluían un número determinado de obras de un mismo género, por ejemplo, los doce concerti que conforman "L’estro armonico, op. 3", de Vivaldi. Los números no indican fecha de composición ni tampoco alguna cronología. Apenas, el orden de la edición. Si doce era un número frecuente en el barroco, la cantidad de obras que se incluían en un mismo álbum con un único número de opus fue descendiendo a medida que las obras se fueron haciendo más extensas. En tiempos de Haydn, el número se estableció alrededor de seis, como en sus varias colecciones de cuartetos. Con Beethoven, la cantidad se redujo a la mitad, como los "Tríos, op. 1" o sus "Sonatas para piano op. 2". Luego de 1800, todas las ediciones, incluso las piezas vocales, eran merecedoras de un opus. La numeración ascendente no necesariamente tenía que dar a entender una secuencia ordenada. El "Concierto para piano Nº 1, op. 11", de Chopin, fue editado en 1833, en tanto que el segundo, tras la publicación de otras diez obras, salió en 1836 y lleva el "op. 21". Sin embargo, éste fue el que Chopin compuso en primer término.
En la primera mitad del siglo XX, la usanza de los números de opus fue mantenida por la mayoría de los compositores en tanto que otros, adhiriendo a la idea rupturista que embargaba sus creaciones, abjuraron de la costumbre y prefirieron inscribir, únicamente, el año de finalización, práctica que es la que hoy se utiliza habitualmente. Pero mucho tiempo antes, incluso cuando el opus era la norma, hubo infinidad de piezas no editadas y, por consiguiente, huérfanas de número. Para poner orden, aparecieron los estudiosos que sistematizaron inmensos corpus de obras y cuyos resultados son traídos a colación a través de siglas más o menos misteriosas como BWV, K., Sz., Hob:, o WoO. Ellas y sus responsables serán el tema del próximo encuentro.
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