
El otro gato salvaje del rock
Mañana volverá el grupo fundacional del género
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Ciro Fogliatta es el sargento Cabral de la historia del rock del país. Un hombre que apenas se menciona en los manuales del género, pero que fue responsable de una labor fundamental y fundacional en la independencia musical que se gestó en la Argentina de los años 60. Porque este rosarino que ya superó los 50 no sólo fue el fundador de Los Gatos Salvajes, el primer conjunto de rock que grabó un álbum con canciones propias y cantadas en castellano, sino que además el sonido de su órgano marcó un quiebre en la música popular del país e influenció a más de una generación.
Cuarenta años después, allí está Litto Nebbia, el Padre de la Patria Rockera, y aquí está Ciro Fogliatta, en un bar de Palermo, con su impecable cabellera blanca, anteojos negros, pañuelo al cuello y pinta de dandy de otra época.
Dirán que a Fogliatta no le costó la vida aquel heroico hecho, pero tampoco lo cubrió de gloria, como a su coterráneo compañero de batallas. O al menos pocos la recuerdan. Mañana, Los Gatos Salvajes se reunirán por primera vez desde su separación oficial, en 1966, para celebrar el 40° aniversario de la edición de su único álbum; con su habitual honestidad brutal, el músico dice: "En realidad estos conciertos surgieron de una confusión, porque los que nos ofrecieron juntarnos para tocar pensaban que se cumplían 40 años de Los Gatos, que fue la continuación del grupo y con el que verdaderamente tuvimos éxito. La historia de Los Gatos Salvajes no se conoce muy bien, porque hasta ese momento nadie había tenido éxito haciendo esta música y, de hecho, nos terminamos separando porque no teníamos trabajo”. La historia argentina siempre se repite.
El regreso estará acompañado por la reedición del álbum “Los Gatos Salvajes” y la publicación del libro “Los Gatos Salvajes”, escrito por Mario Antonelli, y de un DVD (que muy probablemente se llame “Los Gatos Salvajes”), con el registro de los conciertos que darán en Buenos Aires y Rosario y el homenaje en el Salón Azul del Congreso Nacional.
Pero hasta ahí llegará la reunión de los cinco miembros originales del grupo; después, cada uno volverá a lo suyo, que no en todos los casos es la música. “Dos de los muchachos hacía mucho tiempo que ni siquiera tocaban. Uno de ellos, Guillermo Romero, cuando se fue de Los Gatos Salvajes se volvió a Rosario, se descolgó el bajo, lo vendió y nunca más tocó.”
Antes de fin de año, Fogliatta espera editar su cuarto álbum solista, con la participación de Andrés Calamaro, el músico que, dice, “ha sido un nexo muy importante para la gente de nuestra época. El es de una generación intermedia, como Fito Páez, que entiende mucho, incluso más que los más viejos como nosotros y que los jóvenes de ahora”.
En cierta forma, Calamaro fue el culpable de romper con el exilio autoimpuesto por Fogliatta, instalado en Madrid desde 1979. “Me fui a tocar con Moris –recuerda–, que en ese momento era un número uno en España, y poco después formé parte de un proyecto muy bueno en el que también tocaba Botafogo.” Luego se lanzó a la conquista del circuito de bares madrileño, grabó como invitado de una docena de discos y en 1997 “el nexo” con la nueva generación de rockeros argentinos lo devolvió a la escena. “Cuando Calamaro me invitó a sumarme a su banda, en 1997, hacía dieciocho años que no pisaba Buenos Aires, y la idea de volver ya me rondaba por la cabeza. El grupo de Andrés era espectacular, una de las mejores bandas de rock en las que toqué en mi vida. Además, Andrés es un artista superlativo, arriba y abajo del escenario, tiene un cariño muy grande por los músicos y por la música.”
–¿Fue una especie de reconocimiento para vos?
–Sí, sobre todo en España, porque había estado 20 años en el underground y de repente me meto en una banda que toca para miles de personas y donde el tipo en la mitad para el show, los músicos se van y me quedo haciendo un blues con él. Andrés me lo sugirió y yo le dije que estaba loco, que su público era joven y que era una barbaridad obligarlo a escuchar un blues. “No, no”, me dijo, y tenía razón. Uno siempre aprende cosas. El artista, si es un artista, toca y la gente lo escucha. Eso demuestra que lo de hacer lo que a la gente le gusta es un invento. En los años 60 los artistas tocaban y cantaban lo que querían y después no había ningún estudio de mercado ni nada. Ahora ya saben hasta cuánto van a vender.
Un año más tarde de aquella invitación de Calamaro, Los Piojos cerró el círculo y Fogliatta grabó en el cuarto álbum del grupo, “Azul”, producido por un viejo amigo suyo, Alfredo Toth, que fue bajista de Los Gatos.
–En estas cuatro décadas, ¿les ofrecieron muchas veces rearmar Los Gatos?
–Algunas. La última, al menos de la que me he enterado, fue en 1993, después del éxito que tuvo la reunión de Seru Giran. Pero no se hizo.
–¿Cómo fue el reencuentro, a principios de año, con el resto de Los Gatos Salvajes?
–La primera reunión hasta la filmaron… Cuando la municipalidad de Rosario nos propuso esto, nos juntamos, escuchamos viejas grabaciones y nos pusimos a ensayar cada veinte días. Estuvo muy bueno, especialmente porque a mí el estilo de los años 60 me sigue gustando, la guitarra latosa del Merseybeat de esa época me encanta.
–¿Fue fácil o costó armar estos conciertos después de tanto tiempo sin tocar juntos?
–¿Sabés lo que pasa? Los Gatos Salvajes era un grupo ya con experiencia. Tuvimos la suerte de venir todos de una ciudad y vivir juntos en un hotel... Ensayábamos todos los días y éramos fanas totales de la música. La verdad es que volver a tocar los temas fue una tontería. Están bien hechos y siguen funcionando. A pesar de que no fue conocido, Los Gatos Salvajes fue un grupo con todos los elementos: trabajo, composición, arreglos, sonido y mucha seriedad por la música.
Para agendar
- Los Gatos Salvajes El grupo celebra los 40 años del rock nacional.
Teatro ND/Ateneo Paraguay 918. Mañana y pasado mañana, a las 23. Entradas desde 20 pesos.
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