El regreso del "chico malo"
Axl Rose volvió a actuar, pero aún no terminó el nuevo CD
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NUEVA YORK.- Esta vez parece que va en serio. Guns N´ Roses, una de las bandas más polémicas y representativas de los años 80, volvió a los escenarios después de una truncada gira en 2002 y tras largos años de rumores, especulaciones, peleas y promesas de un nuevo disco que todavía se hace esperar.
"¡Quiero escucharlos gritar!", alentó el vocalista del grupo, Axl Rose, a los 3300 fanáticos que lo aguardaban ansiosos en el Hammerstein Ballroom de Manhattan el viernes pasado, en el primero de los cuatro conciertos "precalentamiento" antes de lanzarse de gira por festivales en Europa. Y sin más introducción, con el público treintañero sacudiendo las cabezas como si fueran descontrolados adolescentes, el sonido rockero ochentoso de "Welcome To The Jungle" se instaló en la sala durante casi dos horas y media.
Fue como un potente flashback al pasado, si bien el único miembro original de la banda es Rose, con unos kilos de más, pero con la misma fortaleza en esa voz capaz de emitir chillidos eternos. Su look era una mezcla de pasado y presente, con el pelo rasta atado atrás, vestido de jeans y con una camisa de cuero negra abierta en el pecho que dejaba ver un gran crucifijo plateado. Nada de calaveras ni camisetas de hockey esta vuelta, aunque de todas maneras se las arregló para cautivar a la audiencia contorsionándose como una serpiente, movimiento que todos en la platea imitaban.
Siempre solitario e impredecible fue Rose, el "chico malo" del rock, quien en 2002 no se apareció en el concierto que la banda tenía en Filadelfia, lo que originó disturbios con los fans y obligó a cancelar toda esa gira, la primera desde 1993. Con el legendario guitarrista Slash (Saul Hudson) distanciado ya hace tiempo y varios miembros que se fueron alejando con los años, hoy la nueva reencarnación de Guns N Roses está formada por Dizzy Reed y Chris Pittman en teclados; Brian "Brain" Mantia (ex Primus) en batería; Tommy Stinson (ex The Replacements) en bajo; y los tres guitarristas Robert Finck (ex Nine Inch Nails), Ron "Bumblefoot" Thal y Robert Fortus. Con ellos la banda volverá a las andadas, a partir del 25 del actual en Madrid, tocando en varios festivales del Viejo Continente y con dos fechas muy especiales, el 10 y 12 de julio, cuando vuelvan a hacer de soporte a los Rolling Stones en Alemania, como lo hicieron durante la gira estadounidense de los Stones en 1989.
Fiel a sus fans, la primera parte de los cuatro conciertos neoyorquinos -que terminan esta noche- estuvo dedicada a temas clásicos como "Sweet Child o Mine", "November Rain", "You Could Be Mine", "Patience", "It s So Easy" y "Mr. Brownstone", más la canción de Paul McCartney "Live And Let Die" y "Knockin On Heaven s Door", de Bob Dylan, que Rose presentó diciendo: "Este tema es acerca de un lugar al que he ido demasiadas veces". Era lo que los fanáticos estaban esperando desde hacía tiempo, y por lo cual habían agotado las entradas a los cuatro shows en la Gran Manzana en apenas tres minutos.
Pese a ser la estrella indiscutida de la noche, Rose dejó por momentos que sus nuevos compañeros también se lucieran, con un solo de Robert Finck en "Night Train" y otro de Dizzy Reed en "The Blues", una de las flamantes canciones de "Chinese Democracy", el álbum que lleva en proceso más de una década. Además llevó al escenario a un invitado especial, el ex vocalista de Skid Row, Sebastian Bach, junto a quien cantó "My Michelle".
Vinieron luego las canciones nuevas, del aún no terminado "Chinese Democracy", que en realidad los seguidores de la banda ya conocían porque desde febrero circulan por los espacios de música en Internet. Apoyándose en imágenes religiosas y sonidos de discursos de Martin Luther King, tocaron "Better", "Madagascar", "Chinese Democracy", "IRS" y "There Was A Time". Según la crítica del diario The New York Times, "la mayoría de las nuevas canciones son distópicas, tensas, pomposas y finalmente poco concluyentes; se pierden en ritmos electrónicos, grandes sonidos de teclados y una monótona repetición".
Afortunadamente eligieron para cerrar la feroz "Paradise City", que puso de nuevo a todo el mundo a bailar como si los últimos diez años no hubieran transcurrido más que en los calendarios de la pared.
Sin embargo, el tiempo sí pasa y "Chinese Democracy" sigue sin concretarse.
Dos semanas atrás, en medio de los preparativos para los conciertos "precalentamiento", Axl Rose aseguró en un programa de radio neoyorquino que el esperado álbum "saldrá este año, en algún momento del otoño" (boreal). De este nuevo disco dependerá el futuro de Guns N Roses, o al menos de Rose, que ha sido el único de los miembros originales que permanece aferrado a ese sueño pesado de los años 80.




