El renacer de Bob Geldof
Con su nuevo disco, "Sex, age & death", da por clausurada una etapa muy dramática de su vida
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Muchas veces los discos resultan una forma de la autobiografía. Una manera de retratar lo que se ha vivido o de exorcizar una época. "Sex, age & death", el nuevo trabajo de Bob Geldof, parece ser exactamente eso. O, tal vez, la segunda parte de "Is that it?", el libro sobre su vida que publicó en 1986.
Entonces todo estaba en su lugar. Un año antes, Live Aid, el proyecto que el músico irlandés había creado para ayudar a paliar el hambre en Etiopía, fue visto por 1500 millones de personas. La reina lo había nombrado caballero del imperio británico. Luego de unos años como líder de The Boomtown Rats, tenía listo su primer disco solista, "Deep in the heart of nowhere". En 1982 se había convertido en actor, al representar a Pink en la película "The wall", basada en el disco de Pink Floyd. Y estaba feliz con su mujer, Paula Yates, con la que tendría tres hijas.
Pero en el horizonte del futuro amenazaban tiempos difíciles. Las nubes aparecieron en 1995, cuando su esposa lo dejó por Michael Hutchence, el líder de INXS. Se volvieron tormenta dos años después, cuando se suicidó Hutchence. Y, en 1999, llegó el fatal huracán: Paula murió de una sobredosis de heroína.
La oscuridad fue completa. Así lo cuenta. Ahora que puede hacerlo. En el nuevo disco y también en la charla que mantuvo telefónicamente con LA NACION. Porque, confiesa, el álbum es el resultado de un tiempo transcurrido en lo profundo del dolor y en el infierno de la prensa amarilla. Lo cuenta sin entrar en detalles truculentos. "Puedo hablar de sentimientos, pero no de los acontecimientos en sí mismos", dice.
Ahora ha vuelto a la música, a la batalla diaria, a la cotidianidad. Habla desde su casa, desde donde hace música, atiende sus varios negocios y a sus cuatro niñas, tres de su matrimonio con Paula y Tiger Lily, la hija de ésta con Hutchence. "Vivo rodeado de lápices de labios" , bromea.
Desde el silencio
Ha recuperado el temple para poder escribir. Hubo un tiempo largo de silencio, ya que su último trabajo, al que llamó "The happy club", sin saber lo que vendría, es de 1993. Ahora acaba de editarse afuera y saldrá en unas semanas en la Argentina el disco con el que pudo volver a conectarse con la música. "Es que uno escribe cuando puede hacerlo -aclara-. En general, yo solía sacar un nuevo trabajo cada tres o cuatro años, pero en 1995 mis circunstancias personales cambiaron de tal manera que me volví incapaz de hacer cualquier cosa. Como persona, como hombre. Y ciertamente incapaz de hacer algo creativo. Así que tuve que esperar."
El disco se presenta, entonces, como un proceso de curación. Como una manera de retomar contacto. De hacer pie. "Ni recuerdo cuándo comencé a hacerlo. Sí sé cuándo lo terminé, pero no puedo fijar el momento en que pude sentarme nuevamente a escribir canciones. Hubo un largo período en el que casi no me podía levantar. Tampoco podía dormir. Lo único que quería era encontrar un rincón oscuro del mundo donde aullar mi dolor, pero no podía, por las niñas. Gradualmente, comenzás a ser capaz de hacer algunas cosas otra vez, cosas normales, tontas". Lo primero con lo que pudo conectarse fue con sus negocios, "porque no comprometen emociones", explica.
La música, en cambio, se demoró. "Al principio no quería saber nada. Más tarde, comencé a escuchar música minimalista. Algo bien mínimo, porque estaba viviendo en un paisaje emocional mínimo. Y no sé cuándo ni cómo comencé otra vez a construir canciones. Así fue el proceso."
-El tema "The six million dollar loser" parece jugar con una tensión entre sonidos electrónicos y ritmos tribales. ¿Fue ésa la idea?
-Es curioso: sólo entendí muchas de las canciones respondiendo preguntas acerca de ellas. Lo que decís es interesante, pero no partí de allí, sino de una vieja serie norteamericana, "The 6 million dollar man", en la que el protagonista tiene un accidente y lo dan por muerto, pero los científicos dicen poder rearmarlo. Lo hacen y le dan visión telescópica, como Superman. Por eso es el hombre de los 6 millones de dólares. Y ya ves, ahí va de nuevo lo que te hablaba antes, que me armé de nuevo desde los pedazos.
-"Pale white girl", la canción siguiente, en cambio, parece de una ternura plena de melancolía.
-Es cierto. Todo el disco es triste y melancólico. No es romántico, es obsesivo y hasta desapasionado, en el sentido de pérdida de la pasión. Es que fue un tiempo de duelo, dolor, amargura, angustia y confusión. Sólo al final hay unas notas de redención.
El álbum, cuenta, fue hecho casi en solitario. Casi porque durante el proceso lo acompañó Pete Briquette, amigo de años y bajista de los Boomtown Rats. "La mayor parte la hicimos él y yo, pero también tocaron algo los músicos de mi banda. Y la producción fue de Roger Taylor, el baterista de Queen, que también es mi amigo."
Por los hambrientos
En 1982, conmovido por imágenes de la hambruna que asolaba Etiopía, Geldof escribió el tema "Do they know it´s Christmas?", junto a Midge Ure de Ultravox. Para grabarlo convocó a un seleccionado de músicos que incluyó a Paul McCartney, Boy George, George Michael, Phil Collins, Sting y a miembros de U2, Duran Duran y otros. En 10 días vendió dos millones de copias y para 1984 se había convertido en el simple inglés más vendido de la historia. Geldof viajó a Africa, en enero de 1985, para comprobar que el alimento hubiera sido distribuido.
La visita y el éxito del simple lo entusiasmaron y puso manos a la obra para organizar Live Aid. El 13 de julio de 1985 más de 1500 millones de personas siguieron vía satélite las actuaciones de Madonna, Paul McCartney, Queen, David Bowie, Led Zeppelin, U2 y otros, en el estadio Wembley, de Londres, y en el JFK, de Filadelfia. El show y el álbum siguiente recaudaron 120 millones de dólares.
Ahora, y desde hace unos años, Geldof trabaja -junto al también irlandés Bono, de U2- en las campañas para conseguir la condonación de la deuda externa de los países más pobres. "Era el paso siguiente. La deuda es el factor clave que produce todo ese horror. Trabajé en Africa en los últimos quince años, así que entiendo sobre el tema."
Para apoyar las campañas Jubilee 2000 y Drop the Debt se ha encontrado con grandes líderes mundiales, como Tony Blair y Bill Clinton, entre otros, para pedir que apoyen la causa. "No me interesa ser amigo de los políticos -dice-. Quiero algo de ellos, porque son los que operan el sistema, los que pueden cambiar las cosas. Por eso traté de usar la lógica y la razón, los argumentos y la persuasión. Hemos tenido cierto éxito, ya que conseguimos algunas reducciones de la deuda, pero no lo suficiente, todavía.
-Estuviste en Génova, en julio, para el encuentro del Grupo de los Ocho. ¿Qué opinás de los hechos de violencia que culminaron con un muerto?
-Estuve allí y puedo decirte que había 150.000 personas que habían ido para pedir por la gente más pobre del planeta, y unos pocos, unos doscientos violentos, a lo sumo. Es fácil, en un encuentro multitudinario, armar lío con veinte que tiran piedras. Y la reacción policial fue ridícula también, se comportaron como animales. Pero la mayoría era gente de "Drop the debt" u otras organizaciones, gente común que cree que la deuda del Tercer Mundo debería ser eliminada. No fue como los medios lo presentaron: lo que mostró la televisión fue muy selectivo. Eran una ínfima minoría y no tengo tiempo para esa gente, porque creo que es bueno dar un puñetazo en la mesa, pero no lo es estampar ese puño en la cara de otro. Como cantaba Lennon: "Cuando hablás de destrucción, no cuentes conmigo".
También, agrega, habría que replantear el lugar o la función de los grandes dirigentes políticos. "Los verdaderos gigantes de la política de nuestro tiempo usaron fuerzas morales, como Mahatma Gandhi, Martin Luther King o Nelson Mandela." Los contrasta, entonces, con la actitud en Génova de los políticos. "Es ridículo, los líderes de los países democráticos llegaban en aviones privados y limusinas. Se aíslan de los electores, en vez de escuchar lo que sucede."
Un hombre multifacético
Geldof es un polirrubro de, casi, 24 horas de actividad diaria. "Es que siempre dormí mal. Por eso tengo que hacer tantas cosas", aclara.
Fue actor. A principios de los años ochenta encarnó a Pink, el personaje de la película "The wall". "Lo único que recuerdo es que hacer una película es muy aburrido. Te la pasás esperando y dando vueltas por ahí todo el día."
Es caballero del Imperio Británico, nombrado por la reina en 1986, luego del Live Aid. "Un honor, sí, pero que no afecta mi vida", dice quien ha sido también nominado para Premio Nobel de la Paz.
Y es un hombre de negocios con participación en empresas de televisión, radios y sitios de Internet. "Los negocios son una habilidad, una destreza que podés hacer o no. Yo puedo, así que lo hago." Pero son, dice, una actividad menor con relación a la música. "Eso es lo que realmente me interesa, porque es una clase de lenguaje más alto. Pero por sobre todo, lo más importante en mi vida son mis hijas. Tengo cuatro, entre 18 y 5 años", dice y en la cuenta está sumando a Tiger, la hija de Paula Yates y Hutchence (ver recuadro).
Por eso todo lo maneja desde su casa. Música y negocios. "Tengo mi teléfono y mi guitarra, con eso es suficiente. Tampoco administro los negocios, no voy a la oficina, porque no me interesan las finanzas, sino aportar ideas. Y para eso no hace falta ir a ningún lado. Me quedo en casa. Llevo a las niñas al colegio. Y mientras hablo por teléfono toco la guitarra y una parte de mi cerebro está alerta a lo que hago con ella."
-¿Hacer el disco fue catártico?
-Más bien lo veo como una carta que me he enviado a mí mismo.
-Pero en "Inside your head" hablás del suicidio de Hutchence.
-Es una canción de desconcierto, hasta de perplejidad. Había tanta crueldad que necesité hablar de ello, porque hubo una intrusión pornográfica en mi vida. Pero para el final del disco dejé "10:15", una pequeña canción de amor para mi novia. Como que en el medio de toda esta miseria hay una nota de redención, de esperanza. Pienso que la vida sin amor es ridícula, no tiene sentido.
-¿Alguna canción se refiere a tu colaboración con Drop the Debt?
-No, hablo de amor en términos personales. Las otras las dejo para los norteamericanos que lo hacen y consiguen a Coca Cola como auspiciante.
-¿Vas a salir de gira?
-Sí, por Europa, aunque debería ir allí, porque mi banda de hoy se llama Los Compañeros de mi Vida, como la canción argentina. Siempre le estoy cambiando el nombre al grupo, pero éste me gusta mucho. No sé demasiado de tango, pero esa canción ya es un clásico.
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