El soul se quedó sin rey
Fue una de las figuras más importantes de la música popular del siglo XX y autor de éxitos como "Georgia on My Mind" y "What I´d Say"; tres veces visitó la Argentina
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BEVERLY HILLS (AP).- Ray Charles, el legendario cantante de soul y rhythm and blues, falleció ayer, a los 73 años, de una enfermedad hepática.
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Su nombre verdadero era Ray Charles Robinson y había nacido el 23 de septiembre de 1930 en Albany, Georgia -el territorio evocado en "Georgia on My Mind", uno de sus grandes éxitos- pero se crió en un entorno pobrísimo cerca de St. Augustine, Florida, el pueblo más antiguo de Estados Unidos.
A los cinco años ocurrieron dos episodios decisivos en su vida: quedó ciego por un glaucoma no tratado a tiempo y aprendió a tocar el piano, habilidad que completó estudiando composición por el sistema Braille. Según contaba, la música escuchada en su infancia iba de las canciones campestres y las bandas de la era del swing que la radio transmitía al repertorio clásico obligatorio en la escuela y los himnos religiosos de cada domingo en la iglesia.
Las desdichas continuaron llegando paralelamente a su crecimiento musical. A los doce años ya era capaz de escribir perfectamente todas las partes de un arreglo y recordar cualquier pieza con escucharla sólo una vez, pero a los quince perdió a su madre y enseguida al padre.
Negro, ciego, huérfano y sin recursos en una región hostil como era el sur norteamericano a fines de la Segunda Guerra Mundial no parecería la mejor condición para llegar a ser alguien importante, pero él logró superar todas las adversidades y convertirse en una de las grandes figuras de la música popular del siglo veinte.
De alguna manera consiguió llegar a la costa oeste, descartó su apellido para evitar la confusión con el del campeón de box Ray "Sugar" Robinson y, luego de participar en conjuntos de rhythm and blues a la manera de Louis Jordan, en 1949 grabó el primer disco con su propio trío, una imitación de lo que hacían Nat King Cole y Charles Brown con gran éxito, tanto en el público blanco como en el negro.
Fueron cerca de sesenta títulos, la mayoría blues contemporáneos para escuchar en bares elegantes, los que registró a lo largo de tres años en California sin atreverse a revelar su verdadera personalidad, la que se insinuó de manera arrolladora en su debut en el sello Atlantic ("El sol brillará otra vez") y luego maduró hasta convertirse en la influencia más poderosa conocida por la música popular hasta ese momento. Hasta hubo que inventar la denominación "soul" para identificar el estilo sin antecedentes de Ray Charles, esa combinación de jazz, blues, gospel y baladas sentimentales que inspiró a una generación de intérpretes extraordinarios -Aretha Franklin, en primer término- y ha permanecido como rótulo de un género.
En una época en la que hasta los hits eran segregados -el éxito de un artista blanco podía triunfar también entre los negros, pero nunca lo contrario- Charles inauguró el camino de ida y vuelta y lo afirmó con una cantidad de títulos todavía habituales: "I Got a Woman", "A Fool for You", "Drown in My Own Tears", "Hallellujah I Love Her So" y el monumental "What´d I Say", que fue su mayor suceso hasta entonces y el anuncio de la despedida de la grabadora a la que ayudó a transformarse en un imperio y donde lo bautizaron "The Genius".
La década del sesenta fueron los años de la afirmación de Ray Charles entre los intérpretes más celebrados, de la apertura a un repertorio ecléctico que llegó hasta la música country, de grandes álbumes temáticos con arregladores de renombre y del perfeccionamiento del regocijante show con el que continuó dando la vuelta al mundo hasta la operación de cadera que lo dejó postrado en 2003.
Los long plays "The Genius Hits The Road", con el clásico "Georgia on My Mind", y "Dedicated to You", que incluía "Ruby", lo revelaron en 1960 como un baladista sensible y expresivo, pero la gran sorpresa se produjo el año siguiente con "Modern Sounds in Country and Western", su primer intento en el género rural, donde anotó un best seller tras otro y se convirtió en una especialidad infaltable en sus recitales.
Intercalados entre los álbumes dirigidos al público masivo que le ganaron incontables discos de oro y doce premios Grammy, Charles se permitió muchas satisfacciones personales: dos reuniones con Milt Jackson, "Genius+Soul=Jazz", junto a la orquesta de Count Basie conducida por Quincy Jones, una colección de dúos con Betty Carter cuando era una desconocida, tres discos sin canto para lucimiento de su banda, el "Porgy and Bess" producido por Norman Granz y el legendario "Falling in Love Is Wonderful", que produjo para poder acompañar en piano a Jimmy Scott.
Influyó de manera decisiva tanto en pianistas como en saxofonistas de jazz y cantantes populares de todas las vertientes (Joe Cocker, Tom Jones, Bobby Darin), fue de los pocos que atravesó sin daños la era de los Beatles -sus versiones de "Yesterday" o "Eleanor Rigby" son alternativas a la altura de los originales- y con la misma legitimidad podía cantar desde melodías de Broadway a una pieza tan extraña a su sensibilidad como "La mamma", de Aznavour.
En el álbum "Un mensaje a mi gente" (1972), con títulos como "Eleven todas las voces y canten", "El Cielo nos ayude a todos" y "Abraham, Martin and John" dejó sentada su posición respecto de las reivindicaciones raciales. Lo que nunca consiguió, a pesar de los años que se pasó insistiendo, es que su tema "America, the Beautiful", pieza clave del disco, fuera declarada himno nacional de los Estados Unidos.
Fuera del reconocimiento que significó su presencia en "Los hermanos Caradura" ("The Blues Brothers"), Ray Charles se mostró poco en cine, pero su voz se escuchó constantemente en la pantalla, a veces en temas originales escritos para él, como los que cantó en "Al calor de la noche" y "The Cincinnati Kid", pero más habitualmente proviniendo de sus discos clásicos, que lo mismo sirvieron para comentar orgías de motociclistas en "Scorpio Rising", de Kenneth Anger como el coqueteo de la muerte con Toby Dammit en un magistral mediometraje de Federico Fellini.
Su último álbum, "Strong Love Affair", lo produjo en 1996; a partir de ahí se contentó con aparecer invitado en sesiones ajenas y organizar él mismo los encuentros con viejos amigos. De ello resultó "Genius Loves Company", un nuevo disco que acababa de terminar y en el que participaron B. B. King y Norah Jones, entre otros.
Además de un ídolo reconocido y admirado en todo el mundo, Ray Charles fue el más versátil de todos los cantantes populares surgidos en el último medio siglo, capaz de sonar sensual o místico, angustiado o irónico, lírico, agresivo, tierno, distante, patriótico o fervorosamente creyente expresando siempre esas emociones en el lenguaje del blues.
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