
El Terceto: un trío con cuerpo e identidad
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Presentación de El Terceto , con Hernán Ríos en piano, percusión y voz; Norberto Minichillo en batería, voz y piano, y Hernán Hayet en bajo y voz. Próximos shows: el jueves, a las 21.30, en Notorious-Gandhi, Corrientes 1743 y los sábados 11 y 18, a las 22.30, en No Avestruz, Humboldt 1857.
Fue uno de esos encuentros en los que la música surge con naturalidad. El Terceto se reencontró con los escenarios porteños y puso nuevamente en pie de guerra al conformismo musical.
Inspirado y con uno de los estilos más libres de la escena jazzística, este histórico trío propuso un trabajo de arquitectura musical diferente, en el cual la interacción se convirtió en moneda de cambio para alcanzar esa particular riqueza melódico-rítmica. Trabajan con los climas y desarrollan atmósferas construidas a través de diálogos de métricas cambiantes que le dan a la música un andar colorido.
Este regreso no sólo encuentra a la propuesta en un estado de brillante madurez, sino que también hizo que tanto Ríos como Minichillo cambiasen de lugar como instrumentistas y le dieran al concierto otra intensidad.
En la música de El Terceto hay certezas y búsqueda, una relación que fluye con naturalidad como en la respetuosa versión de "Garúa", que Minichillo canta con la autoridad de porteño, nacido en La Paternal. Ríos improvisa sobre la emblemática frase rehaciendo la melodía, apenas dibujada por una mano derecha que se independiza morosamente del ritmo. El bajo de Hayet, tercio restante del combo, recuerda un arreglo dibujado por la mano de Troilo. Una atmósfera que reúne al jazz y al tango en un café de esquina.
La música inmutable corre hacia la cosmovisión mingusiana. "Goodbye Pork Pie Hat" introduce al auditorio a un jazz negro. Minichillo hace el primer scat acompañado de sus tambores. Soberano del ritmo, edifica el clima sobre el que Ríos lanzará una andanada de interjecciones. Mingus parece corporizarse en el escenario de Gandhi.
"Dos vueltas" y "Hugo cuando duerme", de Ríos, exponen el sentimiento genuinamente free de la propuesta. Hay una liberación de las formas, una dinámica musical que avanza en un off beat, como un caracol que parece engañosamente detenido.
Regresan a los clásicos. "Si llega a ser tucumana", "Milonga triste" y "Hasta siempre" abren el segundo set como una renovada carta de presentación. La fuerza conceptual de la propuesta les permite desarrollar un programa aparentemente ecléctico que no es tal. La conjunción Ríos-Minichillo tiene cuerpo e identidad, al punto que trasciende el repertorio. Van de la zamba a la milonga y de la milonga a la guajira sin puentes, pues no hacen falta cuando la emocionalidad tejió su red.
"Una para Luis" encuentra a Minichillo en el piano y a Ríos en la percusión. Mantienen el clima de diálogo desde otros lugares; otros colores asoman pues el pianista se vuelve más melódico y el percusionista apoya cambiantes acentos. Músicos que hablan varios lenguajes sin perder su identidad. Reaparece El Terceto en un estado de gracia dado por esa autenticidad que destilan sus músicos.
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