
El Trío Clásico, en un concierto con brillo
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Concierto organizado por Ars Nobilis , por el Trío Clásico de Buenos Aires, formado por Oleg Pishenin (violín), Carlos Nozzi (violonchelo) y Cristina Filoso (piano). Programa: Trío N° 39 en Sol mayor Hob. XV: 25, de Haydn, Trío N° 1 en Re menor, Op. 49 de Mendelssohn, y Trío N° 1 en Re menor Op. 32, de Arensky. En el Auditorio Ameghino.
Con brillo y gran asistencia de público cerró Ars Nobilis la primera parte de su temporada anual, que se caracterizó por la participación de solistas, conjuntos instrumentales y vocales argentinos de calificados méritos y un estreno operístico, siguiendo la línea que desde su fundación le imprimió su directora, la compositora Mabel Mambretti, quien al comienzo evocó con emotivas palabras a la fallecida musicóloga y compositora Isabel Aretz.
El Trío Clásico de Buenos Aires, grupo de calificados antecedentes profesionales y artísticos, ofreció una sesión camarística que tuvo momentos muy logrados. Prueba de ello fue el original Trío N° 39 en Sol mayor, Hob. XV: 25, de Haydn, ofrecido con ejemplar ajuste. El célebre compositor del clasicismo vienés se aparta aquí de ciertos cánones formales y emplea en el último movimiento ritmos gitanos, hecho que constituyó una iniciativa que tendría seguidores en épocas y estilos posteriores. En el andante inicial, con un piano dominante y sonoro, y un violín que asumiría ese papel en la variación del segundo tema con estilo contenido y elegante, se evidenció el grado de interacción que estos músicos poseen. En el poco adagio que siguió, una melodía cantable inicialmente trazada por un expresivo violonchelo se asoció luego con intenso lirismo el piano. Con un finale (Rondó all´ongarese) impregnado de sabor folklórico, acentuado por el vigoroso ritmo del tema gitano, el grupo alcanzó un brillo notorio.
Alterando el orden del programa, los músicos ofrecieron, a continuación, el Trío en Re menor Op. 32 de Arensky, obra de cuidada instrumentación, que refleja un romanticismo refinado influido por los compositores rusos y vieneses del siglo XIX. La elocuencia expositiva de Pichenin, la intensidad expresiva de su sonido, y las intervenciones de Nozzi -en cuya parte afloran reminiscencias de Tchaikovsky- se vieron coronadas por la intervención de un piano que fue brillante en la culminación del movimiento (allegro moderato), si bien existió a lo largo de la obra cierto desequilibrio sonoro que le restó relieve expresivo. Hubo asimismo en el famoso scherzo (allegro molto), tan mendelssohniano, cierta imprecisión en algunos pasajes del violín.
El celebrado Trío en Re menor Op. 49 de Mendelssohn, cuyo encendido romanticismo va parejo con la fluidez de su inspirada escritura, tuvo momentos sumamente logrados. Cristina Filoso ejecutó un expresivo solo en el andante, al que se sumaron luego el violín y el chelo en una lograda expresión conjunta. El aéreo scherzo evidenció una vez más el papel destacado del piano y el enjundioso allegro assai appassionato, con logrado ajuste rítmico en su turbulencia expresiva, fue la digna culminación del concierto.





